Así era Fabiola de Bélgica, la española que conquistó el corazón del Rey Balduino y enamoró al pueblo belga

MUJER DE FE

Así era Fabiola de Bélgica, la española que conquistó el corazón del Rey Balduino y enamoró al pueblo belga

De no haberse casado ambos habrían ingresado en un convento, pero tras un misterioso romance y numerosos infortunios sentaron las bases de la actual Familia Real Belga.

Así era Fabiola de Bélgica, la española que conquistó el corazón del Rey Balduino y enamoró al pueblo belga

Vivió durante su larga existencia enteramente dedicada a la beneficencia y las causas sociales, siendo uno de los miembros más populares de la Familia Real Belga a pesar de ser española. Solo una mujer piadosa como ella podría conquistar al taciturno Rey Balduino y junto a él forjar las bases de la actual monarquía belga. Pero en sus 86 años de vida no solo hubo luces, sino que numerosas sombras se cernieron sobre ella: infertilidad, vinculación al franquismo, excesivo catolicismo... Así fue la vida Su Majestad la Reina Fabiola de Bélgica.

Nacida para servir a los demás

Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón nació el 11 de junio de 1928 en Madrid, concretamente en el Palacio Zurbano que poseía su aristocrática familia. Y es que sus padres eran nada más y nada menos que Gonzalo de Mora (Marqués de Casa Riera y Conde de Mora) y Blanca de Aragón (Marquesa de Casa Torres, Vizcondesa de Baiguer y Condesa de la Rosa de Abarca), dos de los amigos más cercanos y fieles a los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

La Reina Fabiola de Bélgica junto a su madre, la Marquesa de Casa TorresLa Reina Fabiola de Bélgica junto a su madre, la Marquesa de Casa Torres

No en vano la Reina Victoria Eugenia fue madrina de bautismo de Fabiola, cuarta de los siete hijos del matrimonio. Su unión era tal que cuando se proclamó la Segunda República en 1931, la familia Mora y Aragón decidió partir al exilio con ellos: primero a Francia, luego a Italia y finalmente a Suiza. De hecho, no regresarían a España hasta 1939, ya finalizada la Guerra Civil.

A sus 11 años, Fabiola tenía la suficiente conciencia como para ver la miseria en la que había quedado el país y empezó a dar muestras de su interés por ayudar a los más desfavorecidos. Se forjó en ella un carácter fuerte e independiente que, según los que la conocieron en aquellos años, contrastaba mucho con el resto de chicas de su clase: ella no era ni frívola ni caprichosa, sino que solo buscaba complacer a los demás. Es más, cuentan que en su propia puesta de largo fue la primera en irse de vuelta a casa.

La Reina Fabiola de Bélgica rodeada de niñosLa Reina Fabiola de Bélgica rodeada de niños

Decidió estudiar enfermería y llegó a ejercer como tal en el Hospital Militar Gómez Ulla de Carabanchel (Madrid). En su decisión influyó mucho la muerte de su padre en 1957, lo cual la dejó a cargo de su madre, ya que todos sus hermanos se habían casado. Aún así no descuidó ninguna de sus prioridades vitales y durante su juventud llevó una rutina que se basaba en acudir a misa por las mañanas, desayunar con su madre, acudir al hospital, visitar a los pobres y finalmente volver a casa para cenar con su madre.

Un romance lleno de misterio e incógnitas sin resolver

Fabiola de Mora y Aragón posiblemente habría ingresado en un convento de no haber sido por una serie de sucesos que tuvieron lugar a finales de los años 50 y que cambiaron para siempre su destino. Unos sucesos que a día de hoy nadie ha sido capaz de ordenar cronológicamente pero que derivaron en que el 16 de septiembre de 1960 el Primer Ministro belga anunciase el compromiso del Rey Balduino de Bélgica con esta joven española prácticamente desconocida.

El romance entre ambos es uno de los secretos mejor guardados de la realeza y a falta de una versión objetiva y certera, son muchas las historias - algunas de ellas contradictorias - que a lo largo de los años se han extendido con mayor o menor calado y credibilidad. La más aceptada es sin duda aquella en la que el rey de los belgas y la aristócrata española forman un triángulo amoroso cuyo tercer vértice es nada más y nada menos que la Infanta Pilar de Borbón.

La Infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo el día de su boda junto a la Reina Victoria EugeniaLa Infanta Pilar y Luis Gómez-Acebo el día de su boda junto a la Reina Victoria Eugenia

Según esta primera versión, en el año 1959 Don Juan de Borbón decidió que su hija mayor debía encontrar un buen marido y para ello buscó entre la lista de 'solteros de oro' de la realeza europea. El candidato elegido fue Balduino de Bélgica, que ocupaba el trono desde 1951. En un intento de forjar una unión entre ambas dinastías, el padre del Rey Juan Carlos decidió enviar a la Infanta Pilar a Bélgica para que conociese al que podía llegar a ser su futuro marido.

La Reina Victoria Eugenia (gran aficionada a los emparejamientos reales) le recomendó a su nieta que eligiese a una dama de compañía poco agraciada incapaz de hacerle sombra y de ese modo tener todas las de ganar a la hora de enamorar al Rey Balduino. ¿A quién eligió este? A Fabiola de Mora y Aragón. Cuál no sería la decepción de la Familia Real Española en el exilio al descubrir que el joven rey había fijado sus ojos en la hija de los Condes de Mora y no en la Infanta española.

Una segunda versión es la que contó el Arzobispo de Malinas en su biografía. Él era el encargado de encontrar una buena esposa para su rey y para ello encomendó a la religiosa Sor Verónica O'Brien la misión buscar a una candidata en España, por aquel entonces "reserva espiritual de Occidente" a instancias del ultracatolicismo franquista. De nuevo, ¿quién fue la elegida? Fabiola de Mora y Aragón.

Los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica posando felices y sonrientesLos Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica posando felices y sonrientes

Siguiendo este segundo relato, los dos religiosos fueron los encargados de organizar los encuentros entre la incipiente pareja con el marco del santuario de la Virgen de Lourdes de fondo. Hasta allí se trasladaron el soberano belga y la aristócrata española para compartir varias jornadas de rezo y forjar así un amor basado en la espiritualidad y la entrega del uno al otro bajo el amparo de Dios. Puede que esto resulte excesivo para el lector, pero para comprenderlo hay que tener en cuenta la profunda religiosidad de cada uno de los novios.

Sea a instancias de Don Juan de Borbón o del Arzobispo de Malinas, el caso es que el Rey Balduino y Fabiola organizaron una rueda de prensa al día siguiente de hacerse oficial su compromiso. Allí uno de los periodistas, como es normal en estos casos, se atrevió a preguntar a la pareja cómo se habían conocido. Cuál fue su respuesta cuando estos le respondieron con una frase que cobraría mucho significado años después: "Esa es una historia que solo le contaremos a nuestros hijos".

Una boda vestida de Alta Costura y con tiara falsa

La pareja contrajo matrimonio el 15 de diciembre de 1960 en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas. A pesar de las frías temperaturas propias de esa época del año, fueron miles los ciudadanos belgas que se echaron a las calles para presenciar el 'sí, quiero' entre su Rey y la mujer que se convertiría en la primera consorte después de 25 años sin tal figura (la Reina Astrid había fallecido en 1935).

La ceremonia fue difundida por todo el mundo a través de la televisión y en España se convirtió en la primera retransmisión televisada desde el extranjero. Todo un hito para el régimen franquista, que decidió "comercializar" con el enlace y venderlo como un éxito propio. Tal y como sostiene la historiadora Anne Morelli (autora del libro 'Fabiola, un peón en el tablero de Franco), "el Régimen quería enseñar a la ciudadanía que un miembro de la realeza europea había tenido que buscar a una 'chica de verdaderas virtudes' en la España que Franco había creado".

Carmen Polo entregando su regalo de boda a Fabiola de BélgicaCarmen Polo entregando su regalo de boda a Fabiola de Bélgica

Fue precisamente la esposa del dictador quien protagonizó una de las grandes anécdotas del enlace a raíz del regalo que eligió para la novia. Carmen Polo, gran aficionada a las joyas, decidió obsequiar a Fabiola con una tiara supuestamente de diamantes y esmeraldas. La beneficiada quiso estrenarla en la cena de gala previa a la boda y fue entonces cuando los joyeros reales descubrieron que las piezas que daban brillo al conjunto no eran piedras preciosas, sino vidrio cortado.

En este punto vuelven a surgir los rumores y las versiones enfrentadas. Hay quien sostiene que la tiara había estado durante años en un convento cuyas monjas se vieron obligadas a vender las piedras para poder sobrevivir a las penurias de la Guerra Civil. Otra versión más maliciosa asegura que fue Carmen Polo quien decidió quedarse con las esmeraldas para su propio joyero y sustituirlas por vidrio. En cualquier caso, el gobierno español al enterarse del incidente envió a Bélgica sendos aderezos de esmeraldas y rubíes (auténticos) y con el tiempo la tiara se convertiría en una de las favoritas de la Reina Fabiola.

Los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica el día de su bodaLos Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica el día de su boda

No obstante, para la ceremonia nupcial la novia eligió la Tiara de las Nueve Provincias, una de las más importantes del joyero real belga. Una tiara que servía para coronar su exquisito vestido de novia diseñado por el prestigioso Cristóbal Balenciaga: un curioso vestido cubierto por una capa de tres metros de largo y más de dos de ancho ribeteada de visón blanco. Es considerado una de las obras maestras del costurero español y a día de hoy se encuentra expuesto en el Museo Balenciaga de Guetaria.

Un matrimonio fiel en la prosperidad y en la adversidad...

Una vez concluida la luna de miel en España, los Reyes de Bélgica se marcaron como objetivo traer al mundo un Heredero al Trono. Pero por desgracia rápidamente descubrieron las dificultades que esto entrañaba para ellos y tras haber sufrido cinco abortos, tanto Fabiola como Balduino decidieron centrar todo su amor en el pueblo belga. Lejos de hundirse en su desgracia, ambos asumieron la situación con entereza y el propio monarca llegó a declarar: "Nos hemos preguntado muchas veces por el sentido de este sufrimiento y poco a poco hemos ido comprendiendo que nuestro corazón está así más libre para amar a todos los niños, absolutamente a todos".

La Reina Fabiola de Bélgica junto a su cuñada, la Princesa Paola de LiejaLa Reina Fabiola de Bélgica junto a su cuñada, la Princesa Paola de Lieja

Se centraron especialmente en sus tres sobrinos: Felipe, Laurent y Astrid. Los hijos de los Príncipes de Lieja eran unos niños cuya infancia estaba siendo especial traumática a causa del inapropiado estilo de vida de sus padres y sus continuas infidelidades. Balduino y Fabiola se convirtieron en sus referentes paternos y volcaron todas sus energías en el mayor de ellos, Felipe. Lo criaron a su imagen y semejanza pretendiendo saltarse al Príncipe Alberto de la línea de sucesión y convertir al pequeño en su heredero, pero sus anhelos nunca se harían realidad.

Los abortos sufridos por la Reina Fabiola condicionaron de manera indirecta su matrimonio e incluso la política de su país, ya que debido al profundo catolicismo tanto de ella como su marido, este último decidió en una ocasión renunciar al Trono por sus convicciones. Fue en 1990, cuando el Gobierno aprobó una nueva legislatura más permisiva con los abortos voluntarios y que el soberano debía firmar.

Los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica recibiendo el cariño de sus súbditosLos Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica recibiendo el cariño de sus súbditos

La experiencia vivida y su propio concepto de la moral llevó al Rey Balduino a negarse a rubricar tal documento. Una situación totalmente insólita que ante la negativa del soberano a cambiar de opinión acabó solucionándose de manera insospechada: el Rey se declaró "incapacitado temporalmente" y cedió la regencia al gobierno. De este modo se podía promulgar la ley sin la sanción real. Una vez aprobada, Balduino volvió a asumir el Trono tras haber renunciado a él por un día.

Esta anécdota no es más que un ejemplo de cómo la moral católica regía la vida de los Reyes de Bélgica, quienes rezaron juntos todos y cada uno de los días de sus 33 años de matrimonio. Daba igual que estuviesen en Palacio, cumpliendo con sus obligaciones o de viaje oficial. De hecho, durante un viaje a la Unión Soviética la diplomacia tuvo muy complicado encontrar una iglesia para ellos y finalmente tuvieron que rezar en una sala habilitada bajo los retratos de Stalin y Lenin.

... hasta que la muerte los separe

A pesar de haberse mudado a Bruselas, Fabiola nunca perdió la conexión con su país de origen. España fue el destino elegido para su luna de miel y a lo largo de los años se harían frecuentes sus viajes a Madrid, Guipúzcua y Navarra. Es más, los Reyes de Bélgica construyeron en la localidad granadina de Motril la que sería su residencia más querida: Villa Astrida.

Los Reyes Juan Carlos y Sofía con los Reyes Balduino y Fabiola de BélgicaLos Reyes Juan Carlos y Sofía con los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica

Allí vivirían años de felicidad hasta que el 31 de julio de 1993 sus cuatro paredes fueron testigo de la trágica y repentina muerte del Rey Balduino. Él y su esposa se encontraban allí veraneando como cada año y mientras Fabiola preparaba la cena, su marido disfrutaba de la calidez nocturna en la terraza. Cansada de llamarle para que acudiese al comedor, finalmente Fabiola salió al exterior de la residencia y se encontró el cadáver del Rey yaciendo sobre el suelo: a los 62 años Balduino había sufrido un ataque cardíaco que resultó fulminante. El servicio médico intentó reanimarlo sin éxito y ante la evidencia de lo ocurrido fue su afligida y reciente viuda quien le colocó las manos sobre el pecho y veló su cuerpo toda la noche.

Al día siguiente los restos fueron trasladados en avión a Bruselas y el 7 de agosto tuvo lugar el Funeral de Estado. Acudieron nada más y nada menos que quince reyes, un emperador, dos príncipes y los principales mandatarios de todo el mundo. Todos ellos fueron testigos de la tristeza en la que estaba sumida la Reina viuda y de su sorprendente elección estilística.

Alberto y Paola de Bélgica junto a la Reina Fabiola en el funeral de Balduino de BélgicaAlberto y Paola de Bélgica junto a la Reina Fabiola en el funeral de Balduino de Bélgica

Unos años antes de morir, Balduino había pedido a su esposa que si él fallecía antes, vistiese de blanco. Fiel a los deseos de su fallecido marido, Fabiola eligió para despedirse de él un conjunto de este color y formado por un vestido, una chaqueta y un bolso. Todo ello en blanco, como las reinas de la Edad Media. Pero no solo eso, sino que Fabiola quiso que el funeral fuese una manifestación de alegría en la que se recogieran todos los símbolos del pluralismo de Bélgica y los sufrimientos de la sociedad. Esa fue su manera de decir adiós a su compañero de vida.

Sus años como Reina viuda adorada por el pueblo

El único deseo de Balduino que su viuda no pudo cumplir fue ver al Príncipe Felipe coronado como Rey. En su lugar fue su padre, el Príncipe Alberto de Bélgica, quien asumió el trono el 9 de agosto de 1993. Consciente de su papel y en un intento de dar mayor protagonismo a los nuevos Reyes, Fabiola decidió trasladarse al Palacio de Stuyvenberg (conocido comúnmente como el 'Palacio de las viudas'). La que había sido Su Majestad la Reina de los Belgas se convertía a partir de ese mismo instante en Su Majestad la Reina Fabiola de Bélgica.

Retrato oficial de los Reyes Felipe y Matilde de Bélgica con los Reyes Fabiola, Alberto y PaolaRetrato oficial de los Reyes Felipe y Matilde de Bélgica con los Reyes Fabiola, Alberto y Paola

Sus apariciones públicas se redujeron considerablemente pero aún así Fabiola siguió siendo una parte esencial de la Monarquía Belga y continuó acudiendo a aquellos actos donde su presencia era requerida para apoyar las más diversas causas. Aunque sin duda lo que más la llenaría de emoción durante sus últimos años de vida fue la entronización del Rey Felipe tras la abdicación de su padre en 2013. A pesar de los problemas de salud que habían minado su calidad de vida a los 85 años, quiso estar presente en el momento más importante en la vida de su sobrino y 'casi hijo'.

Solo un año después y tras varias complicaciones en su estado falleció el 5 de diciembre de 2014. Su familia quedó destrozada y las desconsoladas lágrimas de la Reina Matilde en su funeral sin duda pasarán a la historia. Un funeral que la propia Fabiola dejó organizado antes de morir: quiso que sonaran Bach, Jacques Brel, el 'Ave María' de Haendel y que las lecturas se hiciesen en francés, flamenco, inglés y español.

Silvia de Suecia, Harald de Noruega, Juan Carlos y Sofía de España y Enrique de Luxemburgo contemplan el féretro de la Reina Fabiola de BélgicaSilvia de Suecia, Harald de Noruega, Juan Carlos y Sofía de España y Enrique de Luxemburgo contemplan el féretro de la Reina Fabiola de Bélgica

El funeral se celebró en el mismo lugar en el que selló su amor con el Rey Balduino y fue casi tan multitudinario como el de su marido. Acudieron prácticamente todas las Casas Reales europeas y todos los allí presentes se sorprendieron cuando el coro rociero de Vilvoorde cantó una 'Salve' al son de las castañuelas. Don Juan Carlos y Doña Sofía, dos de sus grandes amigos, se mostraron especialmente emocionados con este detalle.

Sus restos fueron posteriormente enterrados junto a los de su marido en el Panteón Real de la Iglesia de Laeken. De modo que, tal y como dijo el cardenal oficiante de su funeral, "ahora Fabiola está en su casa, con Dios y con su marido".

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