ROYAL DE RÉCORD

El Príncipe Carlos de Inglaterra en 7 dramas y comedias: así es el eterno Heredero al Trono

Su infancia falta de cariño y su traumático matrimonio con Lady Di marcarían su existencia, pero la vida del Príncipe de Gales ha dado para mucho más.

Juan Salgado 14 Noviembre 2018 en Bekia

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Su etapa como Heredero al Trono supera ya a muchos reinados y a falta de vislumbrar un horizonte en el que el Príncipe Carlos se convierta finalmente en el Rey Carlos III, siempre puede aprovechar para echar la vista atrás y hacer balance de una vida poco común y en la que ha habido mucho drama pero también mucha comedia.

1 Una infancia falta de cariño

Carlos Felipe Arturo Jorge Mountbatten-Windsor nació el 14 de noviembre de 1948 en una de las habitaciones del Palacio de Buckingham. Para ser más exactos, en la habitación de su madre, la por entonces Princesa Isabel, quien había insistido en que así fuera para que lo primero que su primogénito viese al abrir los ojos fueran objetos familiares.

Esa sería una de las pocas muestras de afecto hacia su hijo, que en cuestión de meses pasó a un segundo plano. Para la heredera de Jorge VI, su primera obligación, tras servir a su padre, era servir a su marido y ni siquiera un hijo iba a anteponerse en su lista de prioridades. Cuando Carlos cumplió su primer año de vida, su madre no estaba junto a él soplando la vela de la tarta, sino que había viajado a Malta para ver a Felipe de Edimburgo.

La ascensión al trono de la nueva Reina Isabel II en 1952 no haría más que empeorar las cosas, ya que tal y como describe Kitty Kelley en su libro 'Los Windsor' (1997): "La Reina ordenó sus prioridades y colocó a la Monarquía en cabeza, seguida por el matrimonio y, por último, los hijos".

Los veía media hora cada mañana y luego un rato antes de irse a dormir. El resto del día los Príncipes Carlos y Ana lo pasaban en compañía de niñeras e institutrices. El propio Príncipe de Gales recordaría años después con acritud que uno de los momentos más íntimos de su infancia era cuando su madre se sentaba a ver cómo lo bañaban: "No se mojaba las manos, pero al menos estaba ahí".

Siempre intentaría no mostrarse muy duro con ella puesto que aparte de su madre era también su Soberana, pero la definía con estas palabras: "No era indiferente, más bien desapegada". Aún así, a favor de Isabel II habría que decir que ella crió a sus hijos igual que sus padres la habían criado a ella. Su entorno asegura que con el tiempo llegaría a sentir remordimientos y un cierto sentimiento de culpabilidad.

2 La difícil relación con su padre

En el núcleo familiar de los Mountbatten-Windsor, quien se veía obligado por las circunstancias a ejercer de padre y madre al mismo tiempo era el Príncipe Felipe de Edimburgo. A él ya le había costado notablemente adaptarse a ser la segunda prioridad de su esposa, pero buscaba que sus hijos no lo pasasen demasiado mal por ser ellos la tercera.

A pesar de la afinidad natural por su hija, el consorte de la Reina se propuso hacer del primogénito un hombre hecho a su imagen y semejanza. Pero había un problema: Carlos no era como él. A pesar de sus innumerables intentos por aficionarlo al deporte y a las actividades físicas, la realidad era que el Príncipe de Gales era un niño muy sensible, endeble y bastante enfermizo; lo cual suponía una auténtica decepción para su progenitor.

Carlos aprendió jugar al criquet, a disparar, a nadar y a montar a caballo solo por complacer a su padre; cuando en realidad le daban miedo los caballos y se mareaba en barco. Pero ni eso era suficiente y el Duque no paraba de decir: "¡Compórtate como un hombre!" Más adelante varios expertos en la Familia Real Británica coincidirían al afirmar que "la obsesión de Felipe por la hombría llegaba a bordear la homofobia".

En un enésimo intento por endurecer el carácter de su hijo, Felipe de Edimburgo decidió que a los 8 años era el momento de que saliese de palacio y conviviese con otros niños en la escuela. De ese modo, Carlos de Inglaterra se convirtió en el primer Heredero al Trono Británico que estudió en las mismas condiciones que un plebeyo.

El cambio afectó considerablemente al joven Príncipe y le costaría mucho adaptarse (si es que alguna vez lo consiguió). Pero eso no era nada en comparación con lo que le esperaría más adelante en el internado de Gordonstoun: una experiencia que él mismo calificaría de "infierno" y en la que los abusos por parte de sus compañeros eran constantes. De ese modo, a base de palos, se fue forjando la personalidad del futuro Rey de Inglaterra.

3 Sus primeros amores bajo la influencia de Lord Moundbatten

Fue nombrado Príncipe de Gales en 1958, pero no fue hasta el 1 de julio de 1969 cuando Carlos fue oficialmente proclamado como Príncipe de Gales. Tenía 21 años y a partir de ese momento empezó a ser consciente por primera vez de que el deber hacia la Corona y hacia el país estarían siempre por encima de todo, tal y como le había inculcado su abuela. Por encima incluso del amor. Descubrió así que la mujer que eligiese no debía ser buena para él, sino para la institución que representaba.

Con la presión de escoger a la mujer ideal para convertirse en Reina consorte, el recién proclamado Príncipe de Gales inició durante esos años una vida sentimental muy ajetreada en la que se iban sucediendo las amantes. Se dice que llegaría a salir con más de 20 mujeres, muchas de ellas casadas. De hecho, él mismo llegó a reconocer a un amigo: "Las casadas dan más seguridad. El hecho de que tengan marido hace que entiendan lo que es la discreción".

Uno de los lugares a los que acudía para sus encuentros era la residencia de su otro tío-abuelo: Lord Louis Mountbatten. El que había sido último virrey de la India e íntimo amigo del Duque de Windsor se propuso guiar al futuro Rey en su deambular hacia el trono y acabaría convirtiéndose en la figura paterna comprensiva que Carlos nunca tuvo, aconsejándole acerca de lo que debía hacer: "En casos como el tuyo lo mejor es que el hombre tenga todas las aventuras que pueda antes de sentar cabeza".

Fue precisamente en una de las veladas organizadas por 'Tío Dickie' cuando el Príncipe conoció a una joven llamada Camilla Shand: el gran amor de su vida. Una mujer desvergonzada y atrevida que encandiló al introvertido heredero pero que no presentaba las cualidades necesarias para ser su consorte. Aún así, ese no sería más que el inicio de una larga historia que más adelante jugaría un papel vital en la trayectoria del Príncipe Carlos.

Pero antes de eso ocurrió algo que nadie se esperaba: Lord Mountbatten murió el 27 de agosto de 1979 víctima de un atentado. El hombre que había hecho sentirse querido a Carlos por primera vez lo dejaba ahora en el peor momento, con todas las presiones de su cargo sobre él y sin la confianza en sí mismo necesaria para afrontarlas. Sería la peor noticia de su vida: "No consigo imaginar el futuro sin su presencia. Nada volverá a ser igual sin él.

Ya cumplidos los 30, el Príncipe estaba cansado de acumular a una amante tras otra y decidió sentar cabeza. La suerte hizo que en una fiesta conociera a Lady Diana Spencer, hija de un importante aristócrata cercano a la Familia Real. Con su carácter tímido y la dulzura que la caracterizaba se acercó a Carlos para darle el pésame por la muerte de Mountbatten. El gesto conmovió profundamente al Príncipe y pensó que podría ser el inicio de algo más.

4 Una boda de ensueño...

Eran 14 los años que los separaban y tenían algo muy íntimo en común: el Príncipe Carlos había salido anteriormente con Sarah Spencer, hermana mayor de Diana. Pero ni la edad ni sus vidas pasadas impidieron que comenzasen una relación que nunca llegaría a ser excesivamente estrecha: en los seis meses siguientes tuvieron un par de citas y escasas llamadas telefónicas. Aún así, Diana Spencer se enamoró perdidamente de quien consideraba su príncipe azul, tal y como narraría su biógrafo Andrew Morton: "Durante su extraño noviazgo, Diana fue el perro que acude corriendo en cuanto oye silbar a su amo".

Esos sentimientos nunca llegaron a ser recíprocos por parte del Príncipe de Gales, quien todavía seguía viéndose con Camilla Parker-Bowles incluso después de que esta se casara. Pero el caso era que el deber hacia la Corona primaba y Diana era la candidata ideal para ser su consorte: guapa, discreta, sin pasado y virgen. No solo eso, sino que la prensa la aprobaba y la Familia Real también.

Las presiones familiares, políticas y mediáticas para que Carlos se decantase por ella fueron insólitas. Al fin y al cabo, ya se había convertido oficialmente en el Príncipe de Gales que más tardó en casarse desde Carlos II, 300 años antes. Llegó a pedir consejo a su amante y se ve que esta le dijo que sí, porque el 24 de febrero de 1981 el Palacio de Buckingham anunció el compromiso oficial.

El tiempo transcurrido entre dicho anuncio y la boda fue un auténtico calvario para el Príncipe Carlos, quien todavía seguía indeciso por su decisión: por una parte comenzaba a ver las inseguridades que hacían de Diana una persona psicológicamente inestable, mientras que por otra seguía estando enamorado de Camilla. Recordó entonces las sabias palabras de su abuela, la Reina Madre: "El deber hacia la Corona y hacia el país está por encima de todo".

5 ... y una relación de pesadilla

Para los 2.500 invitados y los 750 millones de telespectadores que presenciaron 'la boda del siglo' el 29 de julio de 1981, la relación entre Carlos y Diana era idílica. Pero nada más lejos de la realidad, ya que en la luna de miel los problemas que ya se habían manifestado durante el noviazgo se agudizaron a causa de la bulimia de Lady Di, sus cambios de humor, los celos enfermizos (aunque justificados) que sentía hacia Camilla y sus varias tentativas de suicidio.

La situación fue de mal en peor y ni el nacimiento de los Príncipes Guillermo (1982) y Harry (1984) consiguió rebajar la tensión entre la pareja. Eso sí, tras sus embarazos Diana decidió centrarse más en cuidar su imagen y las revistas de moda la encumbraron como un auténtico icono de estilo. Algo que no gustaba nada a su esposo: él buscaba a una mujer que fuese un paso por detrás de él y se limitase a acompañarle. Sin embargo, parecía que era él quien acompañaba a Lady Di. La realidad era muy simple: Carlos aburría y Diana fascinaba.

En 1986 las cosas llegaron a tal punto que el Príncipe de Gales decidió desahogarse sobre sus problemas matrimoniales con un amigo: "Es como haberse metido en una calle oscura y sin salida y no ver la manera de escapar". Las discusiones - en las que llegaban a lanzarse objetos - ya no se limitaban al ámbito doméstico, sino que todo el mundo comenzaba a ser consciente de la magnitud de los hechos.

La propia Reina se vio obligada a intervenir de manera directa: en 1992 les permitió separarse, pero viendo la sucesión de acusaciones públicas y entrevistas televisivas que siguieron a esto, finalmente en 1995 consideró insostenible la situación. Los reunió y les dijo que debían resolver sus diferencias "de forma amistosa y educada". Era eso o divorciarse.

Fue la última de las opciones la elegida por los Príncipes de Gales, aunque quien parecía más dispuesto a ello era el Príncipe Carlos. A Diana le costó más decidirse y cuando al final lo hizo no le puso las cosas nada fáciles. Hicieron falta seis meses de negociaciones para llegar a un acuerdo que benefició sobre todo a Lay Di: custodia compartida de sus hijos, pérdida del tratamiento de "Su Alteza Real" (aunque pudo conservar el título de Princesa de Gales), indemnización de 17 millones de libras y una pensión anual de 400.000.

El arduo proceso de divorcio finalizó el 28 de agosto de 1996. Exactamente un año y dos días después, la Princesa de Gales fallecía en un accidente de tráfico en Paris. Una noticia que conmocionó al mundo y provocó una de las mayores crisis de popularidad de la Monarquía Británica. De hecho, el Príncipe Carlos fue percibido como el culpable de todo lo que le había pasado a Diana y sus índices de aprobación nunca volvería a sobrepasar el 10%.

6 El triunfo del amor

Los británicos no solo culpaban al Príncipe de Gales del trágico destino de su exmujer, sino también a Camilla Parker-Bowles, la persona a la que Diana se refirió en una de sus últimas entrevistas televisivas cuando pronunció aquella frase que ya es historia: "Éramos tres en mi matrimonio, una multitud". Tres habían sido desde el principio pero al final solo quedaron dos.

Dos enamorados que se habían amado intensamente desde que a principios de los años 70 se conocieran en una de aquellas veladas que Lord Mountbatten organizaba para satisfacer a su protegido. La química entre ambos fue indiscutible desde el primer momento, pero esa relación estuvo condenada al fracaso antes siquiera de empezar por tres razones: Camilla era una plebeya de orígenes no aristocráticos, con demasiado pasado a sus espaldas y que profesaba el catolicismo.

Esos tres motivos hacían a la joven poco (o nada) idónea para convertirse en Reina consorte y condicionaron el romance desde el primer momento, pero no conseguirían acabar con él. Y es que aunque su relación no prosperase en público, sí lo hizo en privado independientemente de sus respectivos matrimonios e hijos. Incluso a espaldas de la Reina Isabel, que siempre se mostró muy rotunda al respecto: "No toleraré la presencia de esa mujer". Eso sí, en este tema Carlos obtuvo por primera vez el apoyo y la aprobación de su padre, para quienes los asuntos extramatrimoniales no tenían nada de desconocido.

Cuando Diana de Gales falleció en agosto de 1997, el shock fue demasiado intenso como para plantearse un siguiente paso en la relación ahora que Carlos estaba divorciado. Pero la pareja no se hizo mucho de esperar y solo dos años después hicieron su primera aparición en público tras casi tres décadas de clandestinidad. A partir de ese momento ya nada ni nada pudo parar al Príncipe Carlos en su objetivo de ser feliz.

El camino no fue fácil, pero ambos hicieron muchos sacrificios para convertirse en marido y mujer el 9 de abril de 2005. Se trató de una ceremonia civil en Windsor que no contó con la presencia de Isabel II y que convirtió al Príncipe de Gales en el primer miembro de la Familia Real Británica en contraer matrimonio por la vía civil. Algo muy llamativo teniendo en cuenta que el día que sea Rey será también jefe de la Iglesia Anglicana.

La decisión de anteponer por primera vez el amor al deber le granjeó a Carlos un rechazo todavía mayor por parte de sus futuros súbditos, aunque hay mucha gente que admira al Príncipe precisamente por ello. Transcurrido el tiempo, la Duquesa de Cornualles no ha conseguido todavía borrar del recuerdo a su antecesora, pero a base de tesón y trabajo sí ha conseguido que al menos la respeten.

7¿Entrometido o comprometido?

Si su madre todavía sigue viva para entonces, Carlos de Inglaterra se convierte el 1 de de julio de 2019 en el Príncipe de Gales más longevo de la historia: ese día se cumplirán 50 años desde que fue coronado como tal. Se trata de mucho tiempo para ostentar un título que se supone "de paso" hasta que el Heredero se convierte en Rey y poco hay escrito sobre las funciones que su titular debe ejercer durante ese corto o largo periodo, pero de lo que no hay duda es que el sucesor de Isabel II lo ha convertido en una forma de abrirse camino en el mundo de la política y la sociedad.

Por su personalidad sensible, desde el primer momento tuvo claro que su objetivo en la vida sería ayudar a los demás: "Creí que era interesante arriesgarme y poner el foco de atención en gente por la que otras organizaciones no se interesaban". Bajo esa premisa decidió crear en 1976 su propia fundación benéfica, The Prince's Trust, que desde entonces ha ayudado ya a más de un millón de personas.

Esta buena acción fue vista desde el Palacio de Buckingham con un total rechazo, ya que consideraban que el Príncipe se estaba extralimitando en sus funciones y que en cierto modo hacía competencia a las actividades caritativas de la Reina. De hecho, miembros de la fundación aseguran que desde la Casa Real se les puso muchas dificultades para lanzarla y que incluso vetaron su difusión en los medios.

"A lo mejor esto que hago es política, pero no me importa. Es un tema social y sé que puedo hacer algo para solucionarlo. Me da igual si me meto en un lío por ello". El Príncipe Carlos nunca se ha visto amilanado por las críticas y ha seguido brindando su apoyo a los sectores más desfavorecidos de la sociedad británica: los sin techo, los drogadictos, los inmigrantes... De hecho, gracias a sus acciones ostenta dos récords dignos de reconocimento: en los años 80 se convirtió en el primer miembro de la Familia Real Británica en donar sangre y años más tarde sería también el primero en apoyar explícitamente una religión (la islámica) que no era la oficial.

Todo ello lo ha convertido en una figura controvertida y que desde muchos sectores es vista con recelo por considerarlo demasiado entrometido. Aún así, él se defiende y argumenta que cuando sea Rey adoptará una actitud diferente. Pero... ¿Cuándo será eso? De momento ya van 70 años de espera.

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