Washington, Barcelona, Ginebra y Mallorca: El Vía Crucis de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín

JUICIO CASO NÓOS

Washington, Barcelona, Ginebra y Mallorca: El Vía Crucis de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín

Estando en Washington estalló el Caso Nóos, de vuelta a Barcelona vivieron un infierno, en Ginebra se han refugiado y en Palma se enfrentan a la Justicia.

La Infanta Cristina e Iñaki UrdangarínLa Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín

El 11 de enero de 2016 comienza el principio del fin de la pesadilla que llevan sufriendo despiertos la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín desde otoño de 2011. Ese día se inicia uno de los juicios más esperados de los últimos años en Palma de Mallorca, el que sienta en el banquillo por el Caso Nóos a un total de 18 los acusados por una trama de corrupción que expone ante la la Justicia por primera vez a dos miembros de la realeza española. Samantha Romero, Eleonor Moyà y Rocío Martín serán las magistradas de un juicio que durará unos 6 meses. La vista oral será pública y tendrá lugar en una sala especial que se ha acondicionado para tal fin en el edificio de la Escuela Balear de Administración Pública en Palma de Mallorca. Allí se verá tanto a Cristina de Borbón como a Iñaki Urdangarín, un matrimonio unido contra viento y marea en lo bueno y en lo malo.

El comienzo de un sueño

El 4 de octubre de 1997, la Infanta Cristina se casa en Barcelona con Iñaki Urdangarín Liebaert, un joven de entonces 29 años procedente de una familia vasca burguesa por línea paterna y aristócrata por línea materna. Urdangarín era además alto, guapo, simpático y deportista, pues militaba en el mejor club de balonmano de España: el Barça. De esta unión nacieron cuatro hijos rubios y guapos, Juan (1999), Pablo (2000), Miguel (2002) e Irene (2005), formando así un clan perfecto que venía como anillo al dedo para la imagen de la Familia Real Española.

Boda de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín en 1997Boda de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín en 1997

Para colmo, residían en una vivienda unifamiliar reformada en Pedralbes, el barrio más acomodado de la ciudad condal, donde tenían una vida de ensueño. La madre trabajaba como directora del Área Internacional de la Fundación La Caixa y cumplía con sus actos institucionales como miembro de la Casa Real acompañada o no por su marido, mientras él, retirado del balonmano con un historial de victorias, galardones e incluso una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, se dedicaba a unos negocios de los que no se sabía mucho, y en aquellos felices años previos a la crisis económica, ni falta que hacía.

Primer exilio: Washington

Todo cambió en 2009, cuando los entonces titulares del Ducado de Palma abandonaron Barcelona para instalarse en Washington. El motivo que ofreció Casa Real fue una oportunidad profesional de Urdangarín, que tras haber fichado en 2006 como consejero de Telefónica Internacional, ahora había sido nombrado delegado de Telefónica en Latinoamérica y Estados Unidos. Sin duda un salto que extrañó si se echaba un vistazo al currículum del consorte, pero no atendiendo a la gran amistad entre el Rey Juan Carlos y César Alierta, presidente de Telefónica desde el año 2000.

La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín cogidos de la mano en WashingtonLa Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín cogidos de la mano en Washington

Allí, los Urdangarín de Borbón se instalaron en un elegante chalé en Chevy Chase, Bethesda, y mientras su marido iba a trabajar a Telefónica en la capital de Estados Unidos y sus hijos cambiaban el Liceo Francés de Barcelona por el elitista Liceo Rochambeau, ella seguía trabajando para La Caixa desde la distancia, viajando a España o a cualquier parte del mundo siempre que su empleo lo exigía. También allí siguió cumpliendo con su agenda oficial.

Estalla el Caso Urdangarín: imputación y ostracismo

Su exilio dorado no evitaba que Cristina e Iñaki estuvieran en España cuando la Casa Real lo requería, y así ocurrió en el Día de la Hispanidad 2011, la última vez en la que se vio públicamente a los Reyes Juan Carlos y Sofía con sus tres hijos, su nuera y su yerno. Y el 7 de noviembre comenzó el infierno cuando Anticorrupción registró la sede del Instituto Nóos en Barcelona. Allí se encontraron documentos comprometedores contra los que fueran socios e íntimos amigos: Iñaki Urdangarín y Diego Torres. Tras meses de intensa investigación y de testimonios de arrepentidos, se abría una pieza separada en el Caso Palma Arena y nacía el Caso Nóos o el también llamado Caso Urdangarín.

Iñaki Urdangarín entra a declarar con gesto serioIñaki Urdangarín entra a declarar con gesto serio

Las informaciones que iban surgiendo dejaban cada vez en peor lugar al Duque de Palma, que acabó enviando un catastrófico comunicado en el que se proclamaba su inocencia, desvinculaba a la Casa Real y se quejaba de la prensa. El 12 de diciembre, el último Jefe de la Casa del Rey durante el reinado de Juan Carlos I, Rafael Spottorno, compareció ante los medios para comunicar que Iñaki Urdangarín era apartado de la agenda de Casa Real por su comportamiento "no ejemplar", mientras que para la Infanta Cristina proclamó un "ya veremos" que terminó apartándola de facto. Finalmente, en plena Navidad de 2011 fue imputado, y acudió a declarar en febrero de 2012, donde una vez más desvinculó a la Casa Real de sus actividades privadas, proclamó su inocencia y culpó de todo a su exsocio Diego Torres.

Amargura en Barcelona

La familia siguió viviendo en Washington y regresaban a España por motivos procesales en el caso de él, profesionales en el caso de ella o familiares para ambos. Su estancia en Estados Unidos tenía los días contados, y en el verano de 2012, los Palma se instalaron de nuevo en Barcelona debido a que la Infanta Cristina estaba harta de vivir en Washington lejos de su familia y amigos de confianza. Los 6 Urdangarín de Borbón se instalaron en el mal llamado palacete de Pedralbes que representaba los pecados del exjugador de balonmano, y aunque estaban en casa, nunca llegaron a ser felices en una ciudad condal que había cambiado mucho desde que se marcharon en 2009. Si en el pasado muchos querían acercarse a ellos, ahora todos se apartaban y despreciaban no solo al matrimonio, sino también a sus hijos, que al volver al Liceo Francés se dieron cuenta de que estaban muy solos. Tampoco en el Real Club de Tenis Barcelona encontraron una paz y un apoyo que solo les dio la familia Urdangarín y sus amigos más íntimos y leales.

La Infanta Cristina declara como imputadaLa Infanta Cristina declara como imputada

Así, Cristina de Borbón intentó buscar una salida y la encontró, pero antes vio cómo era imputada. En abril de 2013, el juez Castro imputó a la Infanta en contra del criterio del Fiscal Pedro Horrach, que no veía delito en sus actuaciones en Aizoon, empresa participada al cincuenta por ciento por el matrimonio. Estallaba así una guerra entre juez y fiscal tras una larga amistad. La Infanta Cristina dinamitó para siempre la cordialidad entre Castro y Horrach. Los recursos presentados lograron que la imputación de la mujer de Urdangarín, que por aquel momento era miembro de la Familia Real, quedara en suspenso tras la resolución de la Audiencia de Palma en mayo de 2013. En verano, se anuncio que los por entonces Duques de Palma y sus hijos se trasladarían a vivir a Ginebra, donde la Infanta podría continuar con su trabajo en La Caixa, que combinaría con un nuevo empleo como coordinadora de proyectos de dos de las fundaciones benéficas del Aga Khan.

Ginebra, la tabla de salvación de la Infanta Cristina y su familia

Así, desde finales de verano de 2013, la familia reside en un ático en la Rue des Granges de Ginebra, más modesto que la casa de Pedralbes, pero también de lujo. Los cuatro niños estudian en el Ecole Internationale de la Route de Chêne y todos han podido rehacer sus vidas lejos de un acoso mediático que les asfixiaba en la ciudad condal. El peor parado fue Iñaki Urdangarín, que desde que se vio forzado a abandonar Teléfonica no tiene trabajo, y ha dedicado sus esfuerzos desde entonces a preparar una defensa que espera un milagro para que el exjugador de balonmano no dé con sus huesos en la cárcel.

La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín con sus hijos en GinebraLa Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín con sus hijos en Ginebra

Aunque la hija de Don Juan Carlos y Doña Sofía se sentía más segura y protegida en Suiza, lo cierto es que el 7 de enero de 2014 se vio sobresaltada por una nueva imputación. El juez Castro le encausó por blanqueo de capitales y dos delitos fiscales. La Infanta Cristina se vio obligada a declarar ante la Justicia el 8 de febrero de ese mismo año; siguiendo los consejos de su equipo de letrados, comandado por Miquel Roca, durante su comparecencia respondió con evasivas, se desvinculó de todas las acusaciones e hizo alarde de una fe ciega en su marido. Cristina de Borbón no convenció al juez instructor, que el 25 de junio de 2014 anunció su decisión de mantenerle la imputación.

Ese mismo mes en el que celebró sus 49 años se vio despojada de su condición de miembro de la Familia Real Española tras la subida al Trono de su hermano Felipe VI. El tiempo fue pasando, y desde Ginebra, de donde no se piensa mover, recibió la noticia de que la Audiencia de Palma le retiraba la imputación por blanqueo, pero le dejaba los dos delitos fiscales. La Infanta Cristina iría a juicio, aunque la defensa esgrimirá que la acusación popular no tiene legitimidad suficiente para que sea procesada y por tanto instará a que se aplique la Doctrina Botín.

Primera imagen de la Infanta Cristina tras dejar de ser Duquesa de PalmaPrimera imagen de la Infanta Cristina tras dejar de ser Duquesa de Palma

Desde su exilio dorado en Ginebra, la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín pasaron todo 2015, haciendo escapadas a España relacionadas con sus problemas con la Justicia, o por motivos familiares. Además, por fin consiguieron vender la casa de Pedralbes y saldar parte de las fianzas que pesan sobre ellos.

Tras una Navidad solitaria en Suiza, han afrontado con entereza y tranquilidad la inminencia de un juicio histórico por ser la primera vez en la que dos miembros de la realeza española se sientan en el banquillo de los acusados. La cita es en Mallorca, donde se cierra un círculo que comenzó cuando Iñaki Urdangarín se enriqueció con los contratos que la administración balear firmó con el Instituto Nóos. El 11 de enero nada volverá a ser igual para quienes un día fueron queridos, valorados y respetados y que hoy se enfrentan a la Justicia. La suerte está echada para Cristina de Borbón y Grecia e Iñaki Urdangarín Liebaert.

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