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3 motivos por los que el matrimonio de los Reyes Juan Carlos y Sofía ha merecido la pena

Lo suyo no ha sido una gran historia de amor apasionado, pero tampoco un infierno. Repasamos las razones por los que su unión no ha sido en balde.

Guillermo Álvarez 14 Mayo 2018 en Bekia

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El 14 de mayo de 1962 se celebró la boda del Príncipe Juan Carlos de España y la Princesa Sofía de Grecia. No fue fácil, ya que aunque los novios estaban seguros del paso que querían dar y tanto la Familia Real Española como la Griega aprobaban el matrimonio, al ser la novia ortodoxa y el novio católico se vieron obligados a pedir al Papa Juan XXIII que mediara para que hubiera un final feliz.

Franco tampoco lo puso fácil. Cuando Don Juan Carlos le comentó su intención de casarse con Sofía de Grecia, el dictador le respondió que no estaba obligado a contraer matrimonio con una mujer de sangre real. Le molestaba que no se casara con una española, pero más todavía que la futura esposa del Príncipe fuera ortodoxa. La entonces Princesa Sofía tenía que renunciar a su fe si quería dar el 'sí, quiero', y aunque fue criticada por ello, decidió abrazar el catolicismo.

Al final, ese 14 de mayo de 1962 hubo tres bodas en Atenas. La católica fue en la Catedral de San Dionisio, la ortodoxa en la Catedral de Santa María y la ceremonia civil en el Salón del Trono del Palacio Real de Atenas. El régimen quiso darle poca pompa a una boda que se calificó como poco importante, al menos en España. La televisión española retransmitió en blanco y negro y se eliminó a Don Juan y a Doña María, padres del novio, que se lamentaron diciendo que parecía que se había casado un huérfano.

Hubo muchos problemas, pero eso no fue nada con lo que les tocaría vivir posteriormente, tanto institucional y políticamente, como en el plano afectivo y personal. Su matrimonio no solo no ha sido fácil, sino que ha sido extremadamente complicado, y si no fueran quienes son, probablemente estarían divorciados. Pese a ello, hay al menos tres motivos por lo que su unión ha merecido la pena.

1 Por lo felices que fueron al principio

Su matrimonio no fue por amor, o al menos no tuvo al principio el amor que se profesan el común de las parejas. Tampoco es que fuera de Estado, pero su relación se fue asentando poco a poco, y de hecho, que Juan Carlos de Borbón le tirara una cajita con el anillo de compromiso y le dijera: "Sofi, cógelo", le quita romanticismo a su relación. Al menos ella lo cogió y dijo sí.

Una vez casados y tras su luna de miel, dudaron entre instalarse en Grecia, hacerlo en Estoril o en España. La mejor decisión fue la última. Si querían que Don Juan Carlos recuperara el Trono, tenía que estar cerca de quien podía dárselo por mucho que fuera un dictador. Así, ocuparon La Zarzuela, un antiguo pabellón de caza real situado en el Monte de El Pardo que Carmen Polo se encargó de remodelar para que quedara al gusto de los novios, y de paso convenientemente vigilado.

Sus primeros años fueron felices, o al menos mucho más de lo que fueron los siguientes. La pena por la muerte de Pablo de Grecia en 1964, el exilio de la Familia Real Griega en 1967 o los problemas entre Don Juan Carlos y el Conde de Barcelona no hicieron más que unirles. La adversidad les hacía más fuertes, creaba un matrimonio más sólido y les hizo trabajar como equipo. Doña Sofía nunca hizo grandes amistades en España, pero sí se esforzó por caer bien a Franco, y lo consiguió con creces.

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También se fue ganando el afecto y el cariño de los españoles, y ayudó al futuro Rey de España a conseguirlo. Su primera gran recompensa fue cuando Franco designó a Juan Carlos de Borbón como sucesor en la Jefatura del Estado a título de Rey, lo que fue ratificado el 22 de julio de 1969. Parecían que venían unos años más tranquilos, pero nada más lejos de la realidad. La tensión era máxima, y aunque acariciaba el Trono con los dedos, el renombrado Príncipe de España no podía dar ni un paso en falso. En el exterior debía decir que quería traer la Democracia a España, pero en el interior tenía que pasar por el perfecto sucesor de Franco. Este baile se unía al equilibrio que debía mantener para quedar bien con el Conde de Barcelona y con el dictador, lo que fue todavía más complicado. Doña Sofía estuvo a su lado. Eso sí, una vez proclamado Rey de España, cuando empezaba lo bueno, al no estar ya sometido a la estrecha vigilancia del régimen, el matrimonio empezó a resquebrajarse.

2 Por la familia que han formado

Don Juan Carlos y Doña Sofía tenían claro que debían tener hijos por el bien de la dinastía. Casados desde el 14 de mayo de 1962, 19 meses después nació su primogénita, la Infanta Elena, que vino al mundo el 20 de diciembre de 1963 en el Hospital Nuestra Señora de Loreto de Madrid. Fue una gran alegría para la pareja, pero desafortunadamente no era el varón necesario para continuar la dinastía. Año y medio más tarde, el 13 de junio de 1965, la alegría volvía a La Zarzuela, aunque marcada por la 'decepción' de que fuera otra niña, la Infanta Cristina, que también vio la luz por primera vez en Nuestra Señora de Loreto. Si querían que Franco nombrara sucesor a título de Rey a Don Juan Carlos, tenía que haber un varón que asegurara la dinastía.

El niño nació por fin el 30 de enero de 1968, y como sus hermanas, lo hizo en la clínica de Nuestra Señora de Loreto. Al ser varón, adelantó a las Infantas Elena y Cristina en la línea de sucesión y se convirtió en el ansiado heredero que necesitaba la dinastía Borbón para poder acceder a la Corona. En ese sentido, cuando fue bautizado, la Reina Victoria Eugenia, bisabuela y madrina del niño, se reunió con el dictador Franco y le dijo que ahora tenía tres para elegir, en referencia a Don Juan, el Príncipe Juan Carlos y el Infante Felipe. La esposa de Alfonso XIII no pudo verlo porque murió 3 meses antes, pero Franco designó a Juanito.

Los años fueron pasando y los niños crecían felices y en armonía en el Palacio de La Zarzuela, aunque no pudieron obviar los problemas existentes entre sus padres. Con la subida al Trono de Juan Carlos I, las responsabilidades del Monarca aumentaron tanto que llegaba muy tarde a casa y prefirió dormir en otra habitación para no despertar a la Reina, que se disgustó mucho con esta situación. 1976 fue un año aciago para ellos, pero más allá de eso, los ahora Reyes Eméritos pueden quedarse con la familia que han formado por mucho que haya terminado desectructurada.

La Infanta Elena dio un gran disgusto a Doña Sofía con su divorcio de Jaime de Marichalar, pero le ha apoyado en todas las decisiones que ha tomado y es una gran abuela para Froilán y Victoria de Marichalar. Por su parte, para Don Juan Carlos, la Duquesa de Lugo es una hija modélica con la que comparte muchas aficiones, como los toros, algo que por cierto le separa de la Reina Sofía. La Infanta Cristina ha sido su orgullo y su vergüenza. Ambos padres estaban enamorados de esa hija independiente que quiso trazar su camino lejos de La Zarzuela y que se casó con un hombre inadecuado que terminó siendo primero el yerno perfecto, y después toda una pesadilla. Al menos, sus cuatro nietos son una bendición, y sobre todo Doña Sofía se desvive por ellos.

Finalmente, el Rey Felipe. Es el que ha tenido una relación más tensa con Don Juan Carlos y más cercana con Doña Sofía. En los problemas conyugales de sus padres, se ha puesto de lado de su progenitora, que es la que más ha sufrido. La Reina Sofía nunca ha podido negar nada a su benjamín, ni siquiera cuando consideró que la mujer a la que amaba no era la más idónea para ser Princesa de Asturias y después Reina de España. Por amor a su hijo se volcó con su nuera, aunque después las cosas no han ido demasiado bien entre ellas, como quedó de manifiesto tras la Misa del Domingo de Pascua en Palma el pasado 1 de abril de 2018. Su hijo Felipe VI le ha dado dos nietas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, que aunque son con las que menos contacto tienen, Don Juan Carlos y Doña Sofía se sienten orgullosos de ellas.

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Han tenido 3 hijos, que a su vez les han dado 8 nietos, y pese a que su familia es bastante disfuncional y existen numerosas tensiones entre ellos, no cabe duda de que su matrimonio, que no ha sido perfecto, al menos solo por su descendencia, ha merecido la pena.

3 Por España

El Rey Juan Carlos ostentó la jefatura del Estado entre el 22 de noviembre de 1975 y el 18 de junio de 2014 a las 23:59 horas, ya que cuando el reloj marcó las 00:00 horas del 19 de junio, Felipe VI se convirtió en Rey de España. A lo largo de esas casi cuatro décadas, el Rey Juan Carlos tuvo un reinado tenso y complicado al principio, más relajado en las partes centrales y desastroso al final.

Bajo su reinado, llegó la Democracia y España vivió los años de mayor prosperidad de su historia. El 18 de noviembre de 1976 se aprobó la Ley para la Reforma Política con la que desmanteló las Cortes franquistas. El 15 de junio de 1977 tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas para elegir a las Cortes Constituyentes, y el 6 de diciembre de 1978 se aprobó la Constitución. Además, el 23F desmanteló el golpe de Estado mediante un mensaje televisado en el que exigía el final de la intentona.

A su lado y pese a todo, siempre la Reina Sofía. Aunque la relación personal se fue debilitando y tensando con el paso de los años, Doña Sofía ha cumplido con su papel oficial a la perfección y ha dado buena imagen de España, lo mismo que Don Juan Carlos hasta que sus escándalos echaron por tierra su buen hacer. En el caso de la consorte destaca además su labor al frente de la Fundación Reina Sofía, que ella misma montó en 1977. Desde allí en proyectos educativos, sanitarios, de ayuda social y humanitaria en su calidad de presidenta. Escándalos aparte y teniendo en cuenta sus muchos errores, pero también sus muchos aciertos, por España, su matrimonio también ha merecido la pena.

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