1940-2023

Así fue la vida de Constantino de Grecia: rey breve, largo exilio, su amor por Ana María de Grecia y una gran familia

El conocido como último Rey de los Helenos deja atrás una biografía de amargos momentos y un trono que nunca pudo recuperar.

Paloma Alves 22 Enero 2023 en Bekia

Galería: La Familia Real Griega en imágenes

Galería: Funeral de Constantino de Grecia

El 10 de enero de 2023 conocíamos el fallecimiento de Constantino II de Grecia, el conocido como último Rey de los Helenos y, además, también hermano de la Reina Emérita y madre de Felipe VI, Sofía de Grecia. A pesar de que en la década de los setenta se aboliera la monarquía en el país heleno, lo cierto es que la Familia Real Griega supo mantenerse en los círculos reales de toda Europa gracias, por un lado, a la condición de Constantino II de Príncipe de Dinamarca y de su matrimonio con Ana María de Dinamarca, hermana de la Reina Margarita; y, por otro lado, gracias a su fuerte amistad y los lazos familiares que le unían a la realeza española y la británica. Pero, ¿cómo fue ese auge y caída del Rey Constantino y qué hechos fueron fundamentales para entender desde nuestra perspectiva actual su vida?

Un royal que no estaba destinado a reinar

Igual que le sucediera, por ejemplo, a Isabel II en Reino Unido o a Alberto II en Bélgica, el futuro de Constantino no siempre pasó por ocupar el trono griego. Y es que, cuando nació en 1940, en el país heleno reinaba por entonces su tío paterno, Jorge II, a quien también le tocaría afrontar un exilio y un posterior regreso al territorio en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora bien, cuando Jorge II falleció sin descendencia, fue su hermano Pablo (padre de Constantino) quien accedió al trono, y lo haría bajo el nombre de Pablo I de Grecia. Es en ese momento cuando Constantino de Grecia pasa a ser el Heredero de la corona helena o Diádocos, como se le conoce a esta figura en el país. En ese tiempo completa su formación militar y deportiva destacando, en este aspecto, la medalla que ganó en vela para su país en los Juegos Olímpicos de Roma celebrados en 1960.

En 1964 y tras el repentino fallecimiento de su padre, el rey Pablo I, a causa de un cáncer, Constantino de Grecia accede al trono y se proclama nuevo y último (aunque eso él por entonces no lo sabría) Rey de los Helenos.

Partiendo de que los monarcas griegos llevaban décadas salpicados por la polémica, los constantes exilios, las idas y venidas y, en resumen, reinados inestables; lo cierto es que el nuevo Rey no lo tenía fácil porque a la situación ya de por sí complicada se unía la falta de experiencia y la juventud de Constantino que, para muchos, era un obstáculo para su reinado.

El apoyo al golpe militar, la decisión que le condenaría para siempre

En 1964 pasaba a ser Constantino II y, en solo un año, desencadenaría la primera gran crisis de su reinado al forzar la dimisión del Primer Ministro, Yorgos Papandreu, después de que este decidiera tomar el control del Ministerio de Defensa ante los rumores de una posible sublevación dentro del Ejército, en principio liderada por su propio hijo.

Para entonces, los defensores del monarca alegaron que la decisión del Rey era la correcta para proteger la democracia; mientras que sus detractores recordaron que los monarcas no debían intervenir en la vida política del país.

Sin embargo, el detalle que a continuación vendría y que despertó la crítica dentro y fuera del país fue que, tras la dimisión de Papandreu, el Rey no convocó elecciones, como así demandaba la Constitución; sino que en su lugar nombró directamente y bajo su elección al sucesor de Papandreu.

Aquello dio lugar a numerosas protestas por todo el país que acusaban a la monarquía griega de perpetrar un golpe contra la democracia, el conocido como golpe real. Y es que, si Constantino II lo que quería, en principio, era asegurar la estabilidad del país, con la polémica decisión consiguió todo lo contrario.

En los siguientes años se sucedieron numerosos cabezas de Gobierno y, ante las elecciones de 1967, se produjo una sublevación militar que desembocó en la conocida como dictadura de los Coroneles. El problema para Constantino II y que nunca le perdonaría el pueblo griego fue, no solo que se reuniera con los responsables del golpe, sino que llegara a legitimar ese nuevo Gobierno.

Él siempre defendió que lo hizo a condición de que la junta militar incluyera en ese nuevo Ejecutivo a personal civil y, aunque los sublevados aceptaron, a esta decisión le siguieron una serie de detenciones indiscriminadas que a ojos de la población convirtió al nuevo monarca en un personaje tremendamente impopular entre sus ciudadanos.

Poco después quiso liderar un movimiento que pusiera fin a esa dictadura y restaurara la democracia en Grecia, pero este contragolpe con militares leales fracasó y, ante la orden que otra facción del Ejército había dado de arrestarle, salió del país junto a su mujer, Ana María de Grecia y sus hasta entonces hijos, Pablo y Alexia.

Los cuatro se marcharon inicialmente a Roma y luego ya a Londres. Y, si bien en todo ese tiempo Constantino II trabajó en la sombra por volver a su país, el monarca puso como condición la restauración de la democracia, algo que el Gobierno militar no aceptó. En cambio sí propusieron la figura de un monarca carente de todo poder y personalidad que, además quedaría sometido a las decisiones de la junta militar.

Constantino II no cedió y tuvo que esperar hasta 1973 para ver caer la dictadura. El todavía monarca pensaba que su regreso al país heleno estaba cada vez más cerca, pero el entonces Primer Ministro, Karamanlis, le recomendó esperar a derogar la Constitución que hablaba del Rey como esa figura sin ningún tipo de poder y responsabilidad hasta redactar una nueva que sí reconociera a Constantino II como Jefe del Estado de una monarquía constitucional. Sin embargo, cuando parecía que el regreso del monarca era inminente, Karamanlis convocó un referéndum sobre si, tras la dictadura militar, el país debía ser una monarquía o una república. Y, como ya es sabido, ganó la república. En 1974, Grecia dejó de ser una monarquía y Constantino II y su familia quedaron condenados a un exilio del que tardarían muchos años en volver.

Un matrimonio y una familia en el exilio

Precisamente en ese exilio aumentaría considerablemente la familia formada por el ya depuesto monarca y Ana María de Dinamarca. Ambos se conocieron cuando la hermana de la Reina Margarita II y prima del propio Constantino tenía solo quince años. Dicen que lo suyo fue un flechazo y, ya con algunos años de relación a sus espaldas, en cuanto ella rozaba la mayoría de edad, ambos anunciaron su compromiso.

Se casaron el 18 de septiembre de 1964 en Atenas de forma precipitada, pues el enlace tenía previsto celebrarse el año siguiente, pero la repentina muerte de Pablo I de Grecia y la subida al trono de Constantino, precipitaron los acontecimientos. Fue una de las bodas más memorables de la realeza del siglo XX, pues a ella acudieron representantes de prácticamente todas las Casas Reales. Recordemos que el novio viene de la familia de los Glücksburg, la misma casa de la Familia Real danesa; y que a su vez estaba emparentado, a través de su hermana Sofía de Grecia, con el futuro Rey de España, Juan Carlos I, e incluso con el mismísimo Felipe de Edimburgo, marido de Isabel II.

En 1965 el matrimonio daba la bienvenida a su primera hija, la Princesa Alexia de Grecia y solo dos años más tarde al Príncipe Pablo, primer hijo varón y Heredero a un trono en el que, hasta la fecha, no parece que vaya a sentarse. En 1968, Ana María de Grecia volvía a quedarse embarazada, aunque desafortunadamente y dado el clima de crispación política que vivía el país y, por ende, la familia, no llegaría a buen puerto.

En 1969 nacía el tercero de los cinco hijos del matrimonio, el Príncipe Nicolás. A partir de entonces, a la situación en el territorio y su vida paralela en el exilio, se sumaría una profunda crisis matrimonial que lograrían solventar y que en los años ochenta materializarían con el nacimiento de sus dos hijos menores, Teodora y Felipe de Grecia.

Si algo debe reconocerse a la familia griega es la unidad que todos y cada uno de sus miembros siempre han demostrado a pesar de la delicada situación que, desde los años sesenta les ha acompañado. Tanto Constantino II con sus hermanas, Sofía e Irene de Grecia; como sus hijos son uña y carne y eso han conseguido mantenerlo generación tras generación, a pesar de no tener hoy día ninguna posibilidad de ocupar el trono ni de llevar una vida mínimamente royal.

Poco a poco, y a medida que los vástagos del matrimonio formado por el llamado último Rey de los Helenos y Ana María de Grecia han ido creciendo, el núcleo de la familia griega se ha ido expandiendo. En los años noventa, el Príncipe Pablo se casaba con Marie Chantal Miller, con quien tendría cinco hijos. Esa misma década, la Princesa Alexia también pasaba por el altar con el español Carlos Javier Morales Quintana y juntos tenían cuatro hijos.

El Príncipe Nicolás contraía matrimonio en 2010 con Tatiana Blatnik y el Príncipe Felipe hacía lo propio con Nina Flohr en 2020. Sin embargo, de toda esta nueva generación de royals griegos que asoman en el panorama mediático, cabe destacar sin duda a Olympia de Grecia, primogénita del Príncipe Pablo y Marie-Chantal Miller que nació en 1996 y que se ha hecho especialmente famosa en redes por su faceta como influencer.

Todo ello si hablamos de la actual familia griega, pero lo cierto es que si nos remontamos a décadas atrás, no cabe duda de que la estirpe helénica ha sabido ejercer su influencia a lo largo de los años. Como ya hemos mencionado, la familia griega desciende de la misma familia que la que hoy día ostenta el título en Dinamarca y de ahí que todos ellos, si bien en su país no tienen ningún título ni condición real, sí sean considerados Príncipes de Dinamarca.

Además, la conexión de los griegos con el resto de Europa no se queda ahí, ya que tanto Constantino II de Grecia como la Reina Sofía descienden también de la dinastía rusa de los Romanov. Y es que, el abuelo de ambos, también llamado Constantino, nació fruto del matrimonio entre el rey Jorge I de Grecia y Olga Romanov, nieta del zar Nicolás I.

Y para completar el cuadro, no podemos dejar pasar la estrecha relación del fallecido Constantino II con la monarquía británica. En primer lugar porque este era primo del Duque de Edimburgo y, para terminar, porque cuando tuvo que exiliarse con su familia en plena dictadura de los Coroneles lo hicieron en Reino Unido, donde de alguna manera tuvieron el amparo de Isabel II y su familia. Muestra de dicha relación fue que el ahora monarca, Carlos III, eligiera a Constantino de Grecia como padrino del Príncipe Guillermo tras su nacimiento.

De este modo, y como prueba de esta influencia que la familia griega ha tenido a pesar de su situación, fue el propio funeral del último Rey de los Helenos, al que además de la propia familia griega y española, también acudieron los monarcas y representantes de otras casas reales como Alberto de Mónaco, Haakon y Mette-Marit de Noruega, Guillermo y Máxima de Holanda, entre otros, así como la Princesa Ana de Inglaterra en representación de los británicos y la Reina Margarita II de Dinamarca y sus hijos, que acudían, además, para apoyar a su hermana y tía, respectivamente.

Así fue su vuelta a Grecia tras casi cinco décadas en el exilio

Aunque el pasado 16 de enero Constantino de Grecia fue enterrado en el Palacio de Tatoi en Atenas, lo cierto es que las relaciones entre el país y el que un día fuera su monarca no siempre estuvieron marcadas por la cordialidad. Desde que en 1967 la familia se exiliara momentáneamente a Roma y luego ya fijara su residencia en Reino Unido, el hermano de la Reina Sofía solo regresaría en 1981 y lo haría para apenas unas horas.

El motivo fue el funeral de su propia madre, Federica de Hannover. Tras este episodio, no regresaría hasta 1993, cuando hizo un viaje privado en el que paradójicamente fue recibido con los brazos abiertos por algunos sectores de la población. Esto no fue del agrado del entonces Gobierno y, a modo de respuesta, decidía anunciar la nacionalización de todas las propiedades del depuesto monarca. Esta decisión provocó el enfado de Constantino II, que inmediatamente la denunció, llevando el caso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Y lo cierto es que salió victorioso. Recibió la razón de la justicia y, gracias a ello, llegó a un acuerdo con el Gobierno que obligaba a este a pagar una indemnización de 4 millones de euros al antiguo monarca. A raíz de esto, Constantino de Grecia parecía sentirse cada vez más cómodo en su país y, poco a poco, empezó a viajar con más frecuencia. Así, hasta que en 2013 y tras 46 años viviendo fuera, anunciaba el fin de su exilio y el regreso a Grecia, concretamente a la localidad costera de Porto Helli, donde viviría junto a su mujer, Ana María de Grecia.

Ahora bien, los continuos problemas de salud de Constantino II en los últimos años (un derrame cerebral en 2017, varias intervenciones quirúrgicas, el covid y las consecuencias derivadas del virus) propiciaron una última mudanza. Así, el matrimonio se trasladaba a vivir a Atenas para estar más cerca de los centros hospitalarios que, desafortunadamente, tan necesarios le fueron en sus últimos años de vida.

El 7 de enero ingresaba en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Hygeia tras sufrir otro derrame cerebral del que ya no podría recuperarse. Como decíamos al principio de este artículo, el día 10 se hacía público su fallecimiento y solo seis días después se celebraba su entierro en el Palacio de Tatoi, donde también están enterrados sus padres, Pablo I y Federica de Hannover.

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