HERMANÍSIMOS

Así son y así se llevan el Rey Harald de Noruega y sus hermanas, la Princesa Astrid y la Princesa Ragnhild

El monarca escandinavo ha tenido en una a la mejor aliada en sus obligaciones reales, mientras que con la otra tuvo que sufrir sonoros ataques de hipocresía y más de un escándalo.

Juan Salgado 16 Septiembre 2019 en Bekia

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Cuando el Príncipe Haakon de Noruega se comprometió con la joven Mette-Marit Tjessem en el año 2000, el conflictivo pasado de su futura esposa causó tal revuelo en las clases políticas del país que incluso llegaron a hablar de ella como "un riesgo para la seguridad de la realeza". Sin embargo, no era ni mucho menos la primera vez que un miembro de la Casa Real contraía matrimonio con alguien de la plebe: tanto el propio Rey Harald V como sus dos hermanas habían hecho lo mismo décadas antes, no exentos de su consiguiente polémica.

Los tres hijos del Rey Olav V y la Princesa Marta se casaron por amor con personas de muy diferente condición social y todas ellas ajenas a los círculos de la realeza. Un hecho que los tres tienen en común, pero lo cierto es que son muchas más las cosas que los separan y que llevan a plantearse la siguiente pregunta: ¿Cómo fue realmente la relación de los tres hijos del Rey Olav V? ¿Se llevaba bien el Rey Harald con sus dos hermanas?

La Princesa Ragnhild

La Princesa Ragnhild Alexandra de Noruega llegó al mundo el 9 de junio de 1930 en el Palacio Real de Oslo y se convirtió en la primera princesa noruega en nacer en este territorio en más de 600 años. Al fin y al cabo, la dinastía a la que pertenecía se instauró en el país escandinavo en 1905, teniendo como máximo representante a un príncipe danés (el Rey Haakon VII) al que le sucedería su hijo (Olav V) nacido en Inglaterra.

La recién nacida era, en el momento de su nacimiento, la segunda en la línea de sucesión tras su padre, el todavía Príncipe Olav. No obstante, la Ley Sálica que regía la Monarquía Noruega impedía que pudiese ceñirse la corona en caso de que hubiese un varón. Tuvieron que pasar siete años hasta que naciera su hermano Harald, por lo que, de no haber nacido este, la Princesa Ragnhild podría haberse convertido en la Reina de Noruega.

Ajena a estas cuestiones dinásticas, la Princesa se enamoró con tan solo 16 años de su guardaespaldas: Erling Lorentzen. Siete años mayor que ella, el joven era hijo de un adinerado armador de Oslo pero sin sangre real en sus venas. Esto dificultaba mucho las cosas para la pareja y de hecho el Rey Haakon VII se opuso totalmente a la posibilidad de una boda. Tendrían que pasar seis años de noviazgo hasta que finalmente lo consiguieron.

Su boda se celebró el 15 de mayo de 1953 en la iglesia de Asker y supuso para la nieta del Rey la pérdida de su título real. La novia entró en el templo siendo "Su Alteza Real la Princesa Ragnhild de Noruega" y salió de él convertida simplemente en "Su Alteza la Princesa Ragnhild, Señora Lorentzen". El sacrificio que hizo por amor le valió su expulsión de la Familia Real Noruega y su exilio al lejano Brasil.

Los Lorentzen se establecieron en Río de Janeiro y allí nacerían sus tres hijos: Haakon (1954), Ingeborg (1957) y Ragnhild (1968). Lo que en un primer momento era una residencia provisional durante unos años se acabó convirtiendo en una residencia permanente. De allí solo volverían a Noruega para pasar las vacaciones y para acudir a celebraciones familiares, puesto que la Princesa Ragnhild estaba excluida de la agenda oficial de la Familia Real Noruega.

Tanto es así que cuando los Reyes Harald y Sonia hicieron una visita oficial a Brasil en 2003, la hermana del Monarca no estaba incluida como invitada en ninguno de los actos que tuvieron lugar durante su estancia. Quizás como venganza, al año siguiente la Princesa participó en un documental de la televisión noruega en el que por primera vez hizo oír su voz en un tono muy crítico hacia la Casa Real y sus miembros.

Sobre su exilio confesó que había sido "una manera rápida de obtener el permiso para casarnos" y, obviando el hecho de que ella se casó con un plebeyo, criticó las elecciones matrimoniales que hicieron el Príncipe Haakon con Mette Marit y la Princesa Marta Luisa con Ari Behn: "No son mis hijos y no puedo hacer nada, pero no me entusiasman la boda que han hecho. Claro que, aunque ellos se lo han buscado, es una pena. Tienen muchas ideas extrañas y consejeros bastante malos. Esto es negativo para la Monarquía".

Su ejercicio de hipocresía llegó al extremo de asegurar preferir "estar muerta antes de ver a Mette-Marit como Reina de Noruega". El caso es que, por suerte o por desgracia, su vida llegó a su fin antes de que esto ocurriese. Fue el 16 de septiembre de 2012 a los 82 años en su casa de Río de Janeiro. Como miembro 'de facto' de la Familia Real Noruega, sus restos fueron trasladados al país que la vio nacer y allí recibió sepultura.

La Princesa Astrid

La Princesa Ragnhild fue hija única durante dos años, hasta que el 12 de febrero de 1932 nació la Princesa Astrid Maud Ingeborg de Noruega. De nuevo una mujer, por lo que la sucesión al Trono seguía corriendo peligro. Algo que no afectó, sin embargo, al cariño que el Príncipe Olav y su esposa profesaron a su nuevo retoño. La propia Princesa Astrid recordará años después el gran afecto y la cercanía que recibió siempre de su madre.

Lo que nadie se esperaba por aquel entonces era el puesto que la Princesa Astrid estaría llamada a ocupar con tan solo 22 años. Esa fue la edad que tenía cuando su madre, la Princesa Marta, falleció a los 53 años tras una larga enfermedad. En ese momento, no había ninguna otra mujer en la Familia Real Noruega: la Princesa Ragnhild ya se había casado y el Rey Haakon VII estaba viudo desde hacía años. La Princesa Astrid, por lo tanto, se vio obligada a ocupar el puesto de Primera Dama del país y representar al país siempre que la situación así lo requiriese.

Primero lo hizo como acompañante de su abuelo y, a partir de 1957, como acompañante de su padre. Unos años en los que ejerció de consorte sin serlo y en los que tuvo que hacer grandes renuncias en lo afectivo. Sobre todo en lo que se refiere al amor, puesto que desde los 16 años estaba enamorada de Johan Martin Ferner: hijo del propietario de unos grandes almacenes textiles en Oslo y ganador de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) en la disciplina de vela.

Al igual que su hermana, la Princesa Astrid eligió casarse con un plebeyo. Pero mientras que la Princesa Ragnhild solo tuvo que esperar seis años para poder casarse, su hermana menor tendría que hacerlo durante nada más y nada menos que el doble. Fueron trece los años de noviazgo y de lenta espera hasta que finalmente su padre consideró llegado el momento de permitirle contraer matrimonio.

Por desgracia para la Princesa Astrid, tras superar las reticencias familiares se encontró con la oposición de los sectores religioso y político de Noruega. Por una parte, el Obispo de Oslo se negó a casarla con un divorciado, mientras que el Vicepresidente del Parlamento se negó a firmar el mensaje de felicitación a los novios. Incluso muchos periódicos llegaron a recriminarle que antepusiese sus emociones a los deberes.

Al final, nada ni nadie pudo con ella y el 12 de enero de 1961, a una temperatura de 10 grados bajo cero, la Princesa Astrid y Johan Martin Ferner se dieron el 'sí, quiero' en una ceremonia íntima oficiada por el Obispo de Trondheim. Al igual que su hermana mayor, la Princesa perdió su tratamiento de Alteza Real y pasó a ser conocida como "Su Alteza la Princesa Astrid, Señora Ferner".

Los Ferner tuvieron cinco hijos - Cathrine (1962), Benedikte (1963), Alexander (1965), Elisabeth (1969) y Carl-Christian (1972) - y pudieron continuar viviendo en Oslo. De hecho, la Princesa Astrid ha seguido cumpliendo de manera ininterrumpida con sus obligaciones reales hasta la actualidad, sobre todo involucrándose en la causa de la dislexia infantil (un problema que ella misma padeció durante su juventud).

El Rey Harald V

El ansiado heredero varón llegó por fin el 21 de febrero de 1937 y no por casualidad se le puso el nombre del primer Rey de Noruega: Harald. El Príncipe que desde el mismo instante de su nacimiento estaba destinado a reinar fue bautizado como el héroe vikingo que consiguió unificar el territorio de lo que es actualmente el país escandinavo, allá por el siglo IX.

Solo por el hecho de ser hombre, sobrepasó a sus hermanas en la línea de sucesión al Trono, aunque todavía estaban por delante de él su hermano y su padre. Eso sí, tendría que esperar más de medio siglo para alzarse con la Corona, puesto que no fue hasta 1991 cuando (tras el fallecimiento de su padre) fue coronado como el tercer soberano de la Casa de Glücksburg tras el fallecimiento de Olav V.

En esos cincuenta y cuatro años, el Rey Harald V de Noruega fue formado para ocupar su puesto como Jefe del Estado con una educación basada fundamentalmente en lo militar (se graduó en la Academia Militar en 1959 con los rangos de General del Ejército de Tierra y Aire y Almirante de la Marina) pero siempre intentando hacerle lo más cercano posible a la ciudadanía: realizó sus estudios primarios en colegios públicos y posteriormente los complementó con una licenciatura en Ciencias Sociales, Historia y Economía por la Universidad de Oxford.

Llegado el momento, una de las prioridades como Príncipe Heredero era encontrar a una mujer adecuada con la que casarse y que en el futuro ocupase el puesto de consorte. No faltaron las candidatas: la Princesa Margarita de Dinamarca, la Princesa Desirée de Suecia y, sobre todo, la por entonces Princesa Sofía de Grecia. Esta última fue sin duda la que más posibilidades tuvo y, de hecho, el padre de Doña Sofía llegó a solicitar el consentimiento al Parlamento Griego. Pero ahí radicó el principal escollo, tal y como publicó en su momento la revista Point de Vue: "El Rey Pablo había pedido para la ocasión 50 millones de francos, pero el Parlamento consideró que con 25 bastaban". No fue posible llegar a un acuerdo y finalmente la princesa griega acabó casándose en 1962 con Don Juan Carlos de Borbón.

Lejos de quedarse soltero, el Príncipe Harald ya mantenía en esos momentos un noviazgo secreto con una costurera llamada Sonia Haraldsen. Sin embargo, su condición de plebeya suponía un problema todavía mayor que en el caso de sus hermanas puesto que el Príncipe Harald era al Heredero al Trono. Tuvieron que pasar más de 10 años hasta que finalmente el Rey Olav diese su brazo a torcer y la pareja contrajera matrimonio el 29 de agosto de 1968 en la Catedral de Oslo.

Se trató de la primera vez en más de 700 años que un Heredero al Trono se casaba con una mujer nacida en Noruega y, a pesar de todas las reticencias iniciales y de los infortunios que caracterizaron su noviazgo, en 2018 celebraron sus Bodas de Oro siendo una de las parejas más sólidas de la realeza europea.

Así se llevan los tres hermanos

Si hay algo que haya marcado la vida y sobre todo la infancia de los tres hijos del Rey Olav y la Princesa Marta fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tanto en el sentido negativo como en el positivo. En abril de 1940, ellos y su madre se vieron obligados a huir al exilio tras la invasión alemana de Noruega e iniciaron así un periplo que sirvió para forjar unos nexos de unión inquebrantables.

Tras estar un tiempo primeramente en Suecia (lugar de origen de la Princesa Marta), los cuatro cruzaron el Atlántico para refugiarse en los Estados Unidos. Allí fueron acogidos por el mismísimo Presidente Roosevelt, quien primero los alojó en su finca privada de Hyde Park y posteriormente incluso en la propia Casa Blanca. Con el tiempo, adquirirían una casa en Washington y en ella residieron durante los cinco años que pasaron hasta el fin del conflicto y su regreso a Noruega.

Debido a su corta edad, los tres hermanos estuvieron muy unidos durante esos años y se convirtieron en los mejores compañeros de juegos los unos de los otros. No obstante, la vuelta a su país de origen y los diversos vaivenes vitales protagonizados por cada uno acabarían por separarlos de forma inevitable. Sobre todo en el caso de la Princesa Ragnhild, quien por su traslado a Brasil y sus polémicas declaraciones acabó distanciándose notablemente de sus dos hermanos. El cariño entre ellos permaneció imperecedero, pero la relación se vio mermada a raíz de ello.

En contraposición, el Rey Harald y la Princesa Astrid se han mantenido inquebrantablemente unidos durante todos estos años. No solo por el hecho de que la hermana mayor del soberano escandinavo mantuviese su residencia en Oslo, sino porque continuó formando parte de la Familia Real y participando de manera muy activa en la agenda oficial.

Los lazos afectivos que existen entre ellos sobrepasan lo fraternal y se hacen extensivos también a los hijos de los Reyes, quienes consideran a su tía poco menos que como a su segunda madre. Y con la Princesa Ragnhild ya fallecida, tanto el Rey Harald como la Princesa Astrid saben que siempre podrán contar el uno con el otro pase lo que pase.

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