Alberto II de Bélgica: un monarca imprevisto, infiel y rodeado por el escándalo

UNA FIGURA CONTROVERTIDA

Alberto II de Bélgica: un monarca imprevisto, infiel y rodeado por el escándalo

Era el menor de sus hermanos, por lo que en principio no estaba destinado a sentarse en el Trono. Pero aún así le tocó hacerlo y aparte lidiar con numerosos problemas conyugales y una hija ilegítima.

Alberto II de Bélgica: un monarca imprevisto, infiel y rodeado por el escándalo

Alberto Félix Humberto Cristian Eugenio María de Sajonia-Coburgo-Gotha y Bernadotte fue el sexto Rey de Bélgica y el primero de todos ellos en ejercer de soberano en un país federal y no en una potencia colonial. El suyo fue un reinado breve (20 años) pero muy intenso debido a los numerosos escándalos que lo envolvieron y, sobre todo, si se tiene en cuenta que en realidad no estaba llamado a reinar. Aún así lo hizo y de los vientos sembrados está ahora recogiendo tempestades...

Un matrimonio de infidelidades mutuas

Nacido Príncipe de Lieja el 6 de junio de 1934, fue el tercer y último hijo de los Reyes Leopoldo III y Astrid de Bélgica. Antes que él había dos hermanos mayores nacidos años antes - Josefina Carlota en 1927 y Balduino en 1930 - por lo que, siguiendo el orden dinástico, no estaba llamado a reinar en un primer momento. Pero tras la entronización de su hermano en 1951 se vio convertido en Heredero al Trono, ya que el Rey Balduino estaba todavía soltero y no tenía descendencia.

La Reina Astrid de Bélgica con su tercer hijo, el Príncipe Alberto | FlickrLa Reina Astrid de Bélgica con su tercer hijo, el Príncipe Alberto | Flickr

Los caracteres de los dos hermanos no podían ser más diferentes: Balduino era un joven tímido, introvertido y profundamente religioso; Alberto, sin embargo, era un gran aficionado a las fiestas, extrovertido y mujeriego. Quizás esto puede explicar las dificultades del primero a la hora de encontrar esposa y la facilidad del segundo para hallar a la candidata ideal: la aristócrata italiana Paola Ruffo di Calabria.

Se conocieron en noviembre de 1958, cuando ambos acudieron como invitados a la entronización del Papa Juan XXIII. Ella en representación de la aristocracia italiana y él como representante de la Casa Real Belga. En cuanto el Príncipe de Lieja vio a Paola con su brillante pelo rubio, su piel tostada y sus ojos azules ya no pudo dejar de mirarla.

Alberto y Paola de Bélgica durante una cena de galaAlberto y Paola de Bélgica durante una cena de gala

Su embelesamiento llegó a tal punto que pidió a sus ayudantes que la identificasen y que fuera invitada dos días después a una cena en la embajada belga. La cosa parecía ir en serio y el Rey Balduino decidió encargar una investigación para comprobar el pasado y la reputación de esa joven de la que su hermano se había enamorado. Los resultados fueron de lo más esclarecedor: no se le conocía ningún novio, su trayectoria estaba limpia como una mácula y además procedía de buena familia.

De este modo se inició un breve noviazgo lleno de fiestas, jornadas de esquí, largos paseos bajo el sol... que culminó el 2 de julio de 1959 con un enlace matrimonial celebrado en la Catedral de Santa Gúdula de Bruselas. La Princesa Paola no solo pasaba a ser miembro de la Familia Real Belga, sino que se convertía en la primera consorte en habitar el Palacio Real de Bruselas desde hacía casi 25 años.

Los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica el día de su bodaLos Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica el día de su boda

Y así fue hasta que en 1960 el Rey Balduino se casó con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón. El objetivo de la nueva pareja, en calidad de Reyes de Bélgica, era engendrar hijos lo más pronto posible y perpetuar la dinastía. No obstante, los años pasaron y tras varios abortos la pareja decidió rendirse ante el hecho de que nunca podrían tener descendencia. Un hecho que contrastaba con la realidad del hermano del monarca y su cuñada, quienes en cuestión de poco más de tres años tuvieron tres hijos: Felipe (1960), Astrid (1962) y Laurent (1963).

El hecho de ser padres de familia jugaba a favor de los Príncipes de Lieja de cara a la galería, pero la realidad era muy distinta de puertas para dentro. En 1965 el Príncipe Alberto conoció a la Baronesa Sybille de Selys-Longchamps y poco les importó a los dos estar casados, puesto que iniciaron una relación como amantes e incluso llegaron a tener una hija en común a la que llamaron Delphine. Lo peor de todo es que con el tiempo la pasión inicial derivó en un proyecto de futuro común que pasaba por la renuncia del Príncipe Alberto a sus derechos sucesorios y la separación de su esposa.

Alberto y Paola de Bélgica con sus tres hijosAlberto y Paola de Bélgica con sus tres hijos

El Gobierno fue informado de la cuestión y, en colaboración con la Casa Real, se inició un entramado legal destinado a gestionar el asunto e incluso se llegó a fijar una fecha para el anuncio del divorcio entre los Príncipes de Lieja. Sin embargo, las dificultades que se presentaban de cara al futuro provocaron que Sybille decidiera poner fin a la relación y mudarse a Londres con su hija.

Por su parte, mientras todo esto ocurría, la Princesa Paola tampoco era un ejemplo de fidelidad conyugal: dejó a sus hijos, comenzó a viajar por Europa y tuvo dos sonados romances con el fotógrafo Albert Adrien de Munt y con el cantante Salvatore Adame (quien llegó a componer para ella la canción 'Dulce Paola'). Al final los Reyes Balduino y Fabiola consiguieron hacerla entrar en razón y la convencieron para que regresase a casa con su familia y, una vez terminada la relación entre su marido y Sybille de Selys-Longchamps, ambos pudieron reconciliarse y comenzar de nuevo.

Una sucesión cuestionada y un reinado estable

Tendrían que pasar varios años para que la normalidad volviese al matrimonio de los Príncipes de Lieja, pero para cuando en 1984 celebraron sus Bodas de Plata ya cualquier error del pasado parecía estar olvidado. Se dedicaron a partir de entonces a sus responsabilidades oficiales y muy especialmente lo hizo el Príncipe Alberto, quien en calidad de Heredero al Trono tenía múltiples obligaciones: era senador desde 1958, presidente de la Oficina de Exportación de Bélgica desde 1962 y también presidente de honor del Comité Olímpico Belga y la Cruz Roja en su país.

Alberto y Paola de Bélgica junto a la Reina Fabiola en el funeral de Balduino de BélgicaAlberto y Paola de Bélgica junto a la Reina Fabiola en el funeral de Balduino de Bélgica

La comodidad que mostraba en estos cargos y su falta de interés por los menesteres propios de un Jefe de Estado hicieron pensar a todos que, llegado el momento de suceder a su hermano, renunciaría a sus derechos a favor del Príncipe Felipe. De hecho, el propio Rey Balduino se encargó personalmente de formar a su sobrino para que en el futuro fuera él quien le sucediese y saltarse así el orden dinástico. Pero todo se precipitó cuando, de manera totalmente inesperada, el Rey de Bélgica falleció el 31 de julio de 1993 a causa de un ataque cardíaco mientras veraneaba en su residencia de Villa Astrida (Motril).

El Príncipe Felipe tenía en ese momento 33 años, seguía soltero y era ampliamente considerado todavía un inexperto en gestión política. Esta combinación de factores hacían que su candidatura a asumir la Jefatura de Estado resultase poco conveniente y finalmente fue su padre (el heredero legítimo a la Corona) quien sucedió al Rey Balduino. Eso sí, el gobierno tuvo que asumir la regencia durante las casi 24 horas que tardó el Príncipe Alberto en comunicar al primer ministro su intención de no renunciar al trono y "aceptar el mandato taxativo de la Constitución".

El Rey Alberto de Bélgica haciendo el juramento durante su proclamaciónEl Rey Alberto de Bélgica haciendo el juramento durante su proclamación

De ese modo quedaba zanjada la posibilidad que se había abierto de que fuese rey solo hasta que el Príncipe Felipe se casara y tuviese la formación necesaria. Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha aceptaba ser el nuevo Rey de Bélgica con todas las consecuencias y el 9 de agosto de 1993 prestó juramento como tal. Lo hizo primero en neerlandés, luego en francés y por último en alemán; dejando clara su voluntad integradora en unos momentos de gran complejidad para el país.

Poco antes una reforma constitucional había convertido a Bélgica en un país federal y con ello se pretendía resolver las diferencias existentes entre sus diferentes regiones y muy especialmente entre flamencos y valones. El nuevo Rey Alberto apostó desde el primer momento por la unidad y se convirtió en símbolo institucional de ella, así como también en un claro defensor del cuestionado proyecto de la Comunidad Europea. Su sencillez y su sentido del humor contribuyeron además a que, con el tiempo, su reinado superase las bajas expectativas que se tenían en él.

Los Reyes Alberto y Paola en el Día Nacional de Bélgica 2010Los Reyes Alberto y Paola en el Día Nacional de Bélgica 2010

Fueron años de estabilidad y en los que Alberto II pocas veces se salió de su papel constitucional como moderador y árbitro de la política belga. Únicamente decidió tomar partido cuando en 1996 se destapó una trama de pederastia conocida como el 'Caso Dutroux' y que se saldó con el secuestro y posterior asesinato de cuatro jóvenes de entre 8 y 17 años. En el caso estaban presuntamente implicados varios jueces y policías, por lo que el monarca no dudó en posicionarse a favor del pueblo.

Durante una audiencia con los familiares de las víctimas manifestó de manera explícita su repulsa hacia lo ocurrido: "La Reina y yo estamos convencidos de que esta tragedia debe ser la ocasión para realizar un profundo cambio en nuestro país. Y esto exigirá que cada autoridad sea humilde y haga examen de conciencia". Muchos fueron los que criticaron su actuación al margen de la imparcialidad a la que le obligaba su cargo, pero la ciudadanía belga supo corresponder la preocupación de su soberano y le mostró su total apoyo y adhesión.

Una jubilación forzosa y llena de achaques

Con el paso de los años, la salud del Rey Alberto se fue resintiendo conforme iba cumpliendo años y la situación política del país parecía no darle tregua. Atrás iba quedando su fortaleza de antaño y durante los primeros años del nuevo milenio la situación parecía escaparse de su control: él era el encargado de hacer las consultas y propiciar la formación de cada gobierno, pero en 2010 la complejidad política del país llevó a que se tardase más de un año (exactamente 535 días) en conseguir unir los apoyos necesarios para conseguir formar un gobierno estable.

La Reina Fabiola susurrando al Rey Alberto de Bélgica en un acto públicoLa Reina Fabiola susurrando al Rey Alberto de Bélgica en un acto público

A esto se le unió una cada vez más creciente impopularidad de la Familia Real Belga debido a los escándalos protagonizados por el Príncipe Laurent y a los problemas financieros de la Reina Fabiola. Pero sin duda la guinda del pastel fue la reaparición de un viejo fantasma del pasado que parecía ya olvidado: Delphine Böel, supuesta hija ilegítima de Alberto II y fruto de su relación con Sybille de Selys-Longchamps. Todos los belgas habían conocido su existencia cuando en 1999 una biografía no oficial de la Reina Paola desveló los escarceos amorosos de la pareja real, pero no fue hasta 2013 cuando Boël se decidió a reclamar la paternidad de quien presuntamente era su padre. Lo hizo a través de una demanda en la que solicitaba que se realizasen las pruebas de ADN o bien al monarca (intocable legalmente) o a sus hijos.

Un cóctel explosivo de factores que hizo sobrevolar la opción de la abdicación sobre el Palacio Real de Bruselas. La prensa comenzó a dar por hecho que sería cuestión de tiempo que se tomase esa medida y que se produjese el ya necesario relevo generacional a favor de los Príncipes Herederos, Felipe y Matilde. Pero tras meses de negativas por parte de la Casa Real, finalmente se produjo el momento.

El Rey Alberto II de Bélgica junto a su hijo Felipe en la ceremonia de abdicaciónEl Rey Alberto II de Bélgica junto a su hijo Felipe en la ceremonia de abdicación

El 3 de julio de 2013 el Rey Alberto II de Bélgica apareció por última vez en los televisores de sus compatriotas para darles un trascendental mensaje: "He alcanzado ya los 80 años, una edad a la que mi salud no me permite ya llevar a cabo mis funciones como ustedes se merecen. No puedo ya cumplir mis obligaciones, por lo que, en estas circunstancias, creo que ya no estoy capacitado para desempeñar mi trabajo". De esta manera el hombre que inesperadamente había reinado en Bélgica durante los últimos 20 años hacía oficial su intención de abdicar, pero no sin antes agradecer al pueblo su apoyo: "La Reina Paola y yo mismo nunca olvidaremos los cándidos vínculos creados con el pueblo belga en todos estos años. Les agradecemos su confianza, su simpatía, su apoyo e incluso las críticas".

La fecha elegida para el traspaso de poderes fue el 21 de julio de ese mismo año, coincidiendo con el Día Nacional de Bélgica. Ese día, tras una misa de despedida, Alberto II firmó su abdicación en una ceremonia sencilla pero solemne con la que se materializaba el traspaso de poderes a quien estaba llamado a reinar por encima incluso de su padre: el Príncipe Felipe. El sobrino más querido del Rey Balduino se hacía al fin con el trono y daba inicio una nueva etapa en la Monarquía Belga.

Primer retrato oficial de la Familia Real Belga tras la coronación del Rey FelipePrimer retrato oficial de la Familia Real Belga tras la coronación del Rey Felipe

Al Rey Alberto no le faltaba razón cuando alegaba que su salud le impedía continuar en el cargo y, de hecho, su situación física no hizo más que empeorar durante los años que siguieron a su abdicación: en el año 2000 ya había tenido que ser intervenido quirúrgicamente a causa de una estenosis aórtica que volvió a requerir una intervención en 2018 por un agravamiento de la enfermedad, a lo que habría que añadir en 2011 un cáncer de piel focalizado en la zona nasal y que reapareció en 2014 en la zona del cuero cabelludo. Pero, a pesar de esto y aunque él decidiese obviarla en su discurso de despedida, la causa judicial abierta por su supuesta ilegítima fue todavía más determinante en su despedida que los problemas de salud.

La compleja demanda de paternidad de su hija ilegítima

La historia personal de Delphine Boël se hizo pública en 1999, pero los medios de comunicación serviles hacia la Corona intentaron taparla por todos los medios en deferencia a la figura del Jefe del Estado. No obstante, en cuanto este último abdicó, dejó de estar protegido por la ley y se convirtió en un sujeto susceptible de ser cuestionado y/o denunciado. Una oportunidad que su supuesta hija ilegítima no desaprovechó.

Delphine BoëlDelphine Boël

Si bien presentó una demanda de paternidad en junio de 2013 (un mes antes de la abdicación), el proceso fue dilatándose en infinidad de trámites administrativos hasta que en febrero de 2016 el Tribunal Constitucional Belga dictaminó que la ciudadana Delphine Boël tenía derecho a conocer la identidad de su padre biológico después de que su supuesto padre, Jacques Boël, se sometiese a las pruebas pertinentes y el resultado fuese negativo. Si él no era su padre, Delphine tenía derecho a saber quién era realmente. Ante las sospechas de que dicho padre pudiese ser el Rey Alberto, tanto él como su supuesta hija fueron llamados a declarar. En el caso del exmonarca, delegó en sus representantes legales y no se pudo captar su imagen en el juzgado.

Así las cosas, en noviembre de 2018 la emisora RTBF aseguró de que antes de presentar la denuncia por vía judicial, los abogados del Rey Alberto habían ofrecido a la otra parte la posibilidad de que éste admitiese en una carta manuscrita ser el verdadero padre de Delphine pero con la condición de que ese texto no se publicase hasta después de su muerte. La parte denunciante rechazó esa posibilidad y siguió adelante con sus intenciones.

Delphine Boël va a los juzgados para luchar por ser reconocida como hija de Alberto de BélgicaDelphine Boël va a los juzgados para luchar por ser reconocida como hija de Alberto de Bélgica

Pocos días después de conocerse esta supuesta información, el Tribunal de Apelación dio tres meses de plazo al padre del Rey Felipe para que se sometiese a las pruebas de ADN pertinentes. Ante sus continuos recursos y evasivas, finalmente en mayo de 2019 ese mismo tribunal dictaminó que el denunciado debería pagar una multa de 5.000 euros diarios por cada día que transcurriese sin que dichas pruebas se llevaran a cabo.

Este ultimátum hizo reaccionar al Rey Alberto y su abogado anunció que aceptaría hacerse las pruebas de sangre "ahora que está obligado a hacerlo" pero "con la condición de que los resultados se mantengan en secreto hasta que el Tribunal Supremo resuelva la apelación contra la orden". Finalmente, el 28 de mayo de 2019 se hizo entrega de dichas pruebas de ADN, cuyos resultados tendrán que esperar un tiempo. Pero, mientras tanto, todo este asunto continuará ensombreciendo los últimos años de vida de quien reinó sobre los belgas durante 20 años.

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