Marta Marzotto: así era la inigualable y excéntrica abuela de Beatrice Borromeo

ICONO DE ESTILO

Marta Marzotto: así era la inigualable y excéntrica abuela de Beatrice Borromeo

Pasó de una infancia marcada por la pobreza a codearse con los personajes más influyentes del siglo XX y aún así no se conformó: ella siempre hizo lo que quiso, como quiso y cuando quiso.

Marta Marzotto: así era la inigualable y excéntrica abuela de Beatrice Borromeo

Su melena rubia, su eterna sonrisa y sus estrambóticos estilismos hicieron de ella un icono. Marta Marzotto huyó toda su vida de cualquier convencionalismo y consiguió hacer siempre lo que su corazón le decía. Sin embargo, lejos del halo de glamour que la cubría, muchos fueron los episodios que sin duda preferiría no tener que haber vivido. Al fin y al cabo, ella misma lo reconocía: "Siempre he sonreído a la vida, pero ella a mí no tanto".

De unos orígenes humildes al estrellato

Antes de llegar a codearse con lo más granado de la alta sociedad y vivir en lujosos palacios, la abuela de Beatrice Borromeo tuvo que hacer frente a una infancia llena de dificultades tanto económicas como familiares. Nació el 24 de febrero de 1931 en Reggio Emilia (cerca de Módena) y, lejos de ser su llegada al mundo un motivo de alegría, esa fecha fue el inicio de una etapa muy convulsa para su familia.

Marta Marzotto durante su juventud | PinterestMarta Marzotto durante su juventud | Pinterest

Su madre tenía en ese momento 24 años, mientras que su padre acababa de cumplir los 18 años. No estaban casados, por lo que el embarazo supuso un gran escándalo que acabó con la huída y el desentendimiento de su progenitor. Incapaz de criar a la recién nacida por sí sola, su madre decidió confiársela a unas monjas de un convento cercano. Allí estuvo durante tres años y el recuerdo se quedaría siempre grabado en su mente: "Cuando me llevaron al hospicio me pusieron el nombre de Carla. Una de las monjas, la hermana Marta, convenció a mi madre de que debía casarse y mis tíos fueron en busca de mi padre. Cuando por fin se casaron, pude volver a casa y me pusieron mi nombre real en honor a esa monja: Marta".

En los años 40, la familia se trasladó al norte de Italia en busca de trabajo y allí el padre de Marta comenzó a ejercer como revisor de ferrocarriles, mientras que ella y su madre se dedicaban a trabajar en el campo. Incluso después de haber alcanzado la fama, Marta Marzotto nunca renegó de sus orígenes humildes y no tenía reparo alguno en narrar cómo era su vida por aquel entonces: "Me vendaba las piernas con parches para protegerme de las hojas afiladas del arroz y las picaduras de los mosquitos. Las serpientes y ratas se deslizaban a través de mis pies descalzos hundidos en el lodo. Estaba aterrorizada".

La vida de nuestra protagonista dio un vuelco de 180 grados en 1947. Ese fue el año en el que, gracias a su madre, pudo trasladarse a Milán y conseguir un trabajo como aprendiz de modista en el taller de las hermanas Aguizzi. Era todavía una adolescente, pero gracias a su increíble belleza consiguió abrirse camino en ese mundillo y pasó del taller a la pasarela. Fue el inicio de una carrera como modelo que, aunque no se prolongaría mucho durante el tiempo, sí le sirvió para conocer al gran amor de su vida.

La nueva Condesa Marzotto

Moviéndose entre atelieres y desfiles, era cuestión de tiempo que Marta conociese a uno de los empresarios textiles más importantes del país: el Conde Umberto Marzotto. El aristócrata era copropietario de una compañía fundada en 1836 y que a principios de los años 50 estaba viviendo una gran expansión al adquirir numerosas firmas de lujo como Hugo Boss o Valentino. Lo suyo fue un flechazo.

"Umberto llegó como un ángel de la guarda. Tenía todo con lo que una chica podía soñar: era rubio, con ojos azules, inteligente, culto, deportista, noble... Estaba sinceramente enamorada". Con estas palabras recordaría ella más adelante cómo fue el noviazgo de dos años que precedió a la boda el 18 de diciembre de 1954. Tras convertirse oficialmente en Condesa Marzotto, Marta pudo cerrar definitivamente la etapa más dura de su vida y emprender el camino al estrellato.

Umberto y Marta Marzotto, muy enamorados | InstagramUmberto y Marta Marzotto, muy enamorados | Instagram

Los recién casados se instalaron en el palacio familiar del siglo XVII que los Marzotto poseían en Portogruaro (Venecia) y en cuestión de tiempo comenzaron a llegar los hijos: Paola (1955), Annalisa (1957), Vittorio Emmanuele (1960), Maria Diamante (1963) y Matteo (1966). No obstante, desde el primer momento la condesa destacó por tener un mayor apego a la vida social derivada de su posición que a la vida hogareña y la dedicación a sus hijos.

Marta Marzotto se hizo famosa por celebrar las mejores fiestas de la ciudad, en las que ella ejercía de anfitriona y daba cita a lo más granado del celebrity-sistem de Italia - desde el empresario Gianni Agnelli al actor Marcello Mastroianni - e incluso famosos internacionales como Andy Warhol. Se ganó de esa manera el sobrenombre de "la reina de los salones" por su capacidad para mezclar con éxito a personalidades del mundo del arte, la política e incluso la Iglesia. Pero sus contactos no se limitaban a esas fiestas organizadas en su casa, sino que año tras año veraneaba en Mónaco en compañía de los Príncipes Rainiero y Grace e incluso - al menos en una ocasión - llegó a compartir jornadas de caza con el dictador Francisco Franco en España.

Marta Marzotto posando en uno de sus palacios | PinterestMarta Marzotto posando en uno de sus palacios | Pinterest

Nueva vida, nuevos amores y llegada del escándalo

A pesar de lo atractivo que pueda parecer este ritmo de vida para cualquier persona, lo cierto es que Marta Marzotto no acababa de sentirse completa del todo. En ocasiones sentía que se ahogaba dentro del clima burgués que la rodeaba y durante el embarazo de su último hijo tomó la decisión de cambiar de aires. Decidió mudarse a Roma temporalmente para encontrarse de nuevo a sí misma, pero lo que no esperaba encontrar allí era un nuevo amor.

Renato Guttuso era por entonces una de las figuras más importantes dentro del mundo del arte en Italia y concretamente uno de los representantes del Expresionismo en ese país. Debido a su fulgurante carrera, no era extraño verle en los eventos más importantes de la capital y fue en uno de ellos en el que, en 1967, vio por primera vez a la Condesa Marzotto. La atracción entre ambos fue instantánea y, a pesar de que ambos estaban casados, iniciaron un romance que se prolongaría durante 20 años y que supuso uno de los mayores escándalos de la crónica social italiana del siglo XX.

La aristócrata se instaló en el taller del pintor en Roma y se convirtió en su musa: posó para él de todas las maneras posibles (incluidos múltiples desnudos) y se erigió como uno de los leitmotiv más frecuentes en la obra pictórica del artista durante esos años. Gracias a su relación con Guttuso, Marta Marzotto pudo ampliar su círculo social e incluir en él a políticos como Bettino Craxi o Giorgio Napolitano.

Marta Marzotto y el pintor Renato Guttuso | PinterestMarta Marzotto y el pintor Renato Guttuso | Pinterest

Fue una historia de amor intensa, pero que llegó a su fin en 1976 cuando Lucio Magri (fundador del periódico Il Manifesto) se cruzó en la vida de la condesa y dio paso a una nueva relación extraconyugal que no acabó precisamente bien, según recordaría ella: "Fue una historia importante que duró 10 años. Decía que me amaba, aunque la verdad es que solo se amaba a sí mismo".

Umberto Marzotto aguantó estoicamente las infidelidades de su esposa durante esas tres décadas, pero en 1987 la situación llegó al límite cuando tras la muerte de Guttuso se publicaron unas cartas de amor entre éste y su amante. De ese modo lo que hasta entonces había sido un secreto a voces pasó a ser una noticia de plena actualidad informativa que dejaba al aristócrata en muy mal lugar. El matrimonio se divorció y Marta Marzotto (que conservó el apellido de su marido aún después del divorcio) vivió una de las épocas más duras de su vida al verse expuesta a las críticas y el juicio social: "Fui vilipendiada, hecha pedazos".

Después de la tempestad, viene la calma

Para intentar huir del escándalo, Marta Marzotto se dedicó los años siguientes a viajar alrededor del mundo en búsqueda de la paz y la calma que tanto necesitaba. Sin embargo, el 2 de julio de 1989 recibiría un duro golpe que marcaría un antes y un después en su forma de vida: la muerte de su hija Annalisa a los 32 años debido a la fibrosis quística.

Marta Marzotto luciendo uno de sus característicos caftanes en una fiesta | PinterestMarta Marzotto luciendo uno de sus característicos caftanes en una fiesta | Pinterest

Este duro revés supuso un punto de inflexión para la socialité, que decidió poner en marcha la Fundación para la Investigación de la Fibrosis Quística y aprovechó sus contactos y experiencia en el mundo de la moda por una buena causa: comenzó a diseñar joyas, bolsos, complementos, maletas, cubiertos, perfumes... para recaudar fondos para la fundación. No solo eso, sino que también hizo un notable trabajo como filántropa, tal y como contó a la revista Telva en una entrevista: "En memoria de mi hija financié la restauración de un bellísimo lienzo de Boticelli, la 'Madonna con il Bambino'. Elegí una obra maestra que refleja la belleza interior y exterior que ella tenía. Espero que Annalisa siga viviendo a través de la infinita belleza de esta pintura".

Una vez recuperada de la trágica pérdida de su hija, Marta Marzotto volvió a sus orígenes y se convirtió en una invitada fija a los desfiles de los mejores diseñadores internacionales. Siempre había sido alabada por su elegancia, pero es a partir de este momento cuando adquiere ese particular estilo que la convertiría en icono gracias a sus caftanes de inusuales estampados. En ocasiones diseñados en exclusiva para ella por grandes firmas como Roberto Cavalli o muchas veces creados por ella misma. La propia Marta reveló en una ocasión que Karl Lagerfeld en más de una ocasión de había declarado admirador de su personalísimo estilo creativo.

Beatrice Borromeo, Marta Marzotto y Claudia Cardinale en un desfile de moda | PinterestBeatrice Borromeo, Marta Marzotto y Claudia Cardinale en un desfile de moda | Pinterest

Sus nietos se convirtieron también en una de sus prioridades y muy especialmente la hija de su primogénita: Beatrice Borromeo. Con un gran parecido físico a ella misma durante su juventud y una elegancia que le venía de familia, la joven alcanzó la fama en 2008 tras iniciar un noviazgo con Pierre Casiraghi (hijo de la Princesa Carolina de Mónaco). Se casaron en el verano de 2015 y Marta Marzotto fue la auténtica protagonista de las celebraciones, consiguiendo casi eclipsar a la suegra de su nieta. Al fin y al cabo, la que tuvo retuvo.

Por desgracia, la gran dama de la moda no pudo llegar a conocer a los dos hijos de la pareja. Falleció tras una breve enfermedad el 29 de julio de 2016. Casualmente, cuatro días después de que Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi celebrasen su primer aniversario de boda. Una efeméride que quedó ensombrecida por el eterno recuerdo de esta irrepetible mujer cuya vitalidad y energía no olvidarán nunca ni su familia ni sus amigos.

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