HISTORIAL AMOROSO

Lita Trujillo, el otro gran amor de Jaime Ostos: fama, ruina e infidelidades

Vivieron un tórrido romance durante casi dos décadas, pero el carácter mujeriego del torero marcaría el fin de la relación. Ella, viuda de Ramfis Trujillo, nunca llegaría a superarlo.

Juan Salgado 10 Enero 2022 en Bekia

Muchos son los adjetivos con los que se podría describir a un personaje de la talla del torero Jaime Ostos y no todos precisamente halagadores: temperamental, apasionado, directo, polémico, rudo... Aunque quizás el que más le defina sea el de escandaloso, puesto que su vida al margen de los ruedos ha estado siempre llena de episodios poco convencionales y que le han llevado a ocupar muchos más titulares que sus destrezas profesionales, sobre todo en el terreno amoroso.

Su relación con su segunda y última esposa, la doctora María Ángeles Grajal, ha tenido numerosos altibajos a lo largo de sus tres décadas de matrimonio. Pero aún así el propio Ostos no duda en calificarla como "el gran amor de su vida". Lo que no todos saben es que, antes de ella, el torero tuvo otro gran amor durante casi dos décadas con una mujer que fue lo más entre la jet-set y acabó siendo prácticamente una desconocida: Lita Trujillo.

¿Quién es Lita Trujillo?

El verdadero nombre de Lita Trujillo es Iris Lia Menshell (Menszelecky en su versión hebrea). Nació en 1933 y, siendo un bebé, se vio obligada a emigrar junto a sus padres a Nueva York huyendo de la persecución judía que acechaba Europa en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Su padre era un comerciante húngaro y su madre un ama de casa austriaca, pero estos orígenes humildes no les impidieron enviar a su hija a París para que fuese educada al estilo europeo.

A su vuelta, Lita tuvo que enfrentarse a la muerte de su padre y a la mala relación que tenía con su madre y con su hermana. Ella no estaba dispuesta a acomodarse a una vida común y ordinaria, sino que quería ser una estrella. Pero... ¿Cómo conseguirlo? Con tan solo 13 años empezó a posar para fotonovelas y, con el tiempo, acabó llamando la atención de un fotógrafo que la encumbró como imagen de una campaña publicitaria de los estropajos Ajax.

Gracias a su deslumbrante belleza, la joven consiguió después un trabajo de bailarina en Las Vegas y, finalmente, decidió mudarse a Los Ángeles para buscar trabajo como actriz. No le fue difícil encontrarlo y, tras haber adoptado el nombre artístico de Lita Milan, inició una carrera en la meca del cine que la llevó a participar en 12 películas y 35 telefilmes entre los años 1955 y 1958.

Trabajó con grandes nombres como Paul Newman, Steve McQueen o Anthony Quinn. Tres de los principales galanes de Hollywood en aquellos años y con los cuales tuvo más de una escena después del rodaje. Ella ha misma ha reconocido haber tenido un breve romance con Paul Newnam - aunque "era demasiado decente como para enamorarme de él" - y sobre Anthony Quinn diría años después: "Él quería ser mi Svengali, moldearme y poseerme".

El futuro se presentaba brillante para Lita Milan en Hollywood, pero en 1958 se cruzó en su camino una persona que cambiaría por siempre su vida: Ramfis Trujillo. El hijo del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo se encontraba en Estados Unidos supuestamente para completar su formación militar, pero lo cierto es que, más que en eso, en lo que realmente invertía su tiempo era en acudir a las mejores fiestas y disfrutar de las mujeres más bellas de Los Ángeles.

Conociendo sus gustos, no es de extrañar que Trujillo se fijase en Lita una noche en un club. Lo que no esperaba era que ella no cayese rendida a sus pies al instante, como todas las demás. Fueron tres meses de cortejo (enviándole flores y cartas de amor a diario) hasta que finalmente Lita cedió. No obstante, quizás llevado por el orgullo herido propio del seductor nato, el hijo del dictador protagonizó una última y poco convencional declaración de amor a su conquista.

La otra protagonista fue quien lo contó en una entrevista concedida a la revista 'Harper's Bazaar' en 2010: "Él tenía que regresar a su país y me invitó a visitarle. Yo acepté a condición de terminar el rodaje de 'I Mobster' (1958) y me quedaban dos películas por hacer. La noche anterior a su partida a República Dominicana nos habíamos despedido con una cena en su yate, pero de madrugada envió a dos amigos a mi piso. Me dijeron que él quería desayunar conmigo y accedí a que me llevaran en limusina. Mientras desayunaba, el barco zarpó. Fue un rapto en toda regla".

De este modo, Lita Milan tuvo que abandonar de forma precipitada su carrera como actriz en Hollywood para convertirse en una más de la familia Trujillo. La pareja contrajo matrimonio civil (después de que él obtuviese el divorcio de su primera esposa) y tuvieron dos hijos, pero la felicidad duró poco. Tras el asesinato en 1961 del dictador Rafael Trujillo, en un clima de inestabilidad y conflictividad generados por el acontecimiento, la pareja decidió huir a París y finalmente recalar en España protegidos por Franco.

Ramfis y Lita Trujillo se instalaron en un palacete de la elitista urbanización de La Moraleja en 1965 y rápidamente se convirtieron en una de las parejas más llamativas y solicitadas del panorama social madrileño. Sin embargo, la tragedia volvió a llamar a su puerta: el 17 de diciembre de 1969 Ramfis Trujillo colisionó su vehículo con el de la Duquesa de Alburquerque en un accidente que resultó mortal. Ella murió en el acto y él tres días después. Fue enterrado en el cementerio de El Pardo y dejó tras él a una viuda de tan solo 36 años con dos hijos pequeños a su cargo.

La pasional relación entre el torero y la actriz viuda

La muerte de su esposo supuso un shock emocional tan fuerte para Lita Trujillo que tuvo que estar ingresada durante seis meses en la Clínica López Ibor, aquejada de problemas mentales. A su salida, ayudada por sus amigos más fieles, poco a poco fue recuperándose física y mentalmente hasta volver a incorporarse al ritmo de vida social que llevaba junto a su difunto marido.

La cuantiosa herencia recibida (cifrada entre los 500 y los 600 millones de dólares) fue sin duda de gran ayuda tanto como para superar la pena como para mantener un elevado estilo de vida con casa de verano en Marbella, Rolls-Royce de alta gama, muebles antiguos, cuadros de grandes artistas... Pero ya se sabe: "El dinero no da la felicidad". Lita Trujillo tenía dinero, sí, pero nadie con quien disfrutarlo.

Fue en esas, en pleno apogeo de la jet-set, cuando la exactriz comenzó a coincidir en eventos con uno de los toreros más famosos del momento: Jaime Ostos. Con una fama de seductor que igualaba (o incluso superaba) a la fama que le acarreaba su profesión, el diestro no tardó en conquistar a una de las viudas más famosas del momento e iniciar una relación secreta con ella. Al fin y al cabo, él todavía estaba casado con su primera esposa y madre de sus dos hijos: María Consuelo Alcalá Rubio.

El divorcio llegó en 1969 y, superado el escándalo inicial, durante la década de los años 70 la nueva pareja de moda hizo público un noviazgo que se prolongaría durante casi dos décadas. Los rumores de boda sobrevolaron a los novios ya desde el principio, pero ninguno de ellos se atrevió nunca a dar el paso. Uno de los motivos fue el temperamento fuerte que ambos tenían y los continuos celos que Lita Trujillo sentía por su mujeriego novio.

Unos celos que no iban desencaminados si se ponen en relación con el relato que la periodista Maria Eugenia Yagüe hizo de la ruptura de la pareja en 1989: "La tumultuosa relación se acabó cuando Jaime Ostos le dijo un día en Marbella a Lita que se iba a Madrid a hacer unas diligencias, cuando en realidad es que iba a casarse con la doctora María Ángeles Grajal. Lita se enteró por la portada de ¡Hola! de aquella boda que le rompió el corazón".

La exactriz, viuda y ahora también expareja de torero quedó tan desencantada del amor que no se le ha vuelto a conocer ninguna pareja. Además, tuvo la dignidad de no enturbiar las cosas y prefirió optar por el silencio. Jaime Ostos, por su parte, argumentó en su día que uno de los motivos de la ruptura fue "porque los niños, los dos suyos y los míos ya eran mayores y eso nos quitaba la libertad que teníamos", pero la realidad es mucho más que evidente.

¿Qué fue de Lita Trujillo?

La vida social ha cambiado mucho en España desde los años dorados de la jet-set marbellí y los grandes eventos de los años 80 y 90. La materia prima del papel cuché ya no es lo que era y no todos han sobrevivido al cambio de siglo. Lita Trujillo es un ejemplo de ello y de cómo, si uno no sabe invertir bien su dinero, puede acabar en la ruina.

En 2013 saltó la noticia de que los dos hijos de la viuda de Ramfis Trujillo habían decidido vender la mansión madrileña en la que residía su madre desde su llegada a España. A pesar de que le habían alquilado un piso mucho más modesto en las afueras de Madrid, la decisión de vender la casa de su madre fue interpretada poco menos que como un desahucio. Y es que con la noticia se supo además que ellos eran los verdaderos propietarios de la mansión de La Moraleja, no su madre.

La propia Lita tuvo que salir al paso negando que la fortuna de Ramfis Trujillo fuese tan elevada como la mayoría pensaba y aclarando su situación: "Nunca figuré en el testamento de mi marido ni heredé nada. Ramfis estaba en el exilio y perdió todo el dinero. Yo no he tenido nada en propiedad. Los que heredaron fueron mis hijos y obtuvieron lo que se llama la mínima expresión. Ellos me daban una aportación dos veces al año en resultado de un arreglo familiar".

Durante ese tiempo, la expareja de Jaime Ostos se negó a reconocer que estaba arruinada económicamente, pero sus amigos sí coincidían al afirmar que Lita había vivido siempre por encima de sus posibilidades y que nunca escatimó en gastos hasta que el dinero se terminó. El propio torero le mostró públicamente su apoyo en caso de que lo necesitase: "La adoro y la quiero, así que cualquier cosa que necesite estoy a su vera en todos los sentidos".

Finalmente, en marzo de 2019, Lita Trujillo no tuvo más remedio que confirmar lo evidente en una entrevista concedida a la revista 'Vanity Fair': "Estoy completamente arruinada. Vivo en una situación de indigencia y sobrevivo gracias a almas caritativas". Su vida actual transcurre en los 200 metros cuadrados de un piso ubicado en el madrileño Paseo de la Habana y alejada de las grandes fiestas a las que antes era invitada. En la soledad de su existencia, es probable que el recuerdo de aquel viejo amor con Jaime Ostos vuelva con recurrencia. Pero, por suerte o por desgracia, no se puede volver al pasado.

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