CASA DE SABOYA

La Familia Real Italiana, una dinastía condenada al escándalo permanente: fascismo, peleas, asesinatos...

Cuando el último rey de Italia partió al exilio, la Constitución le prohibió a sus herederos volver a pisar el país y durante más de 50 años no han dejado de protagonizar polémicas.

Juan Salgado 13 Julio 2018 en Bekia

Al igual que ocurrió en muchos otros países europeos, Italia dejó de ser un reino tras la Segunda Guerra Mundial y se convirtió en una República. La Familia Real ha vivido desde entonces en el exilio pero, lejos de mantener un perfil bajo y hacer todo lo posible por ganarse el favor de sus conciudadanos, los Saboya no han dejado de acaparar titulares debido a sus incontables polémicas. A continuación, repasamos algunos de los escándalos más sonoros...

Vinculación con el fascismo

Todo comenzó a principios del siglo XX con el Rey Víctor Manuel III. Él fue el encargado de encomendarle a Benito Mussolini la tarea de formar gobierno en 1922. Justificó su decisión en el clima de conflictividad social que vivía Italia entonces y ante el miedo de una guerra civil, pero lo que el Rey no podía imaginarse era todo lo que vendría después, las atrocidades cometidas por el régimen fascista y de las que él fue responsable indirecto debido a su apoyo.

Además de haber consentido los autoritarios abusos de poder de Mussolini y el progresivo retroceso democrático en Italia, el Rey Víctor Manuel III fue el encargado de firmar entre 1938 y 1943 las conocidas como 'Leyes Raciales'. Este conjunto de medidas implicaron la deportación de miles de judíos italianos a campos de concentración nazi, con lo cual la imagen del rey quedó para siempre manchada de sangre y vinculada a las atrocidades cometidas por el gobierno de Adolf Hitler.

Tras la Segunda Guerra Mundial y una vez derrocado el régimen fascista, el soberano italiano decidió abdicar el 2 de mayo de 1946 a favor de su hijo Umberto en un intento de salvar a la Monarquía de la deriva. Sin embargo, el destino sería muy distinto de lo esperado: el nuevo Rey sólo permaneció en el trono durante un mes, al término del cual tuvo que abandonar el país y exiliarse durante más de 50 años.

Víctor Manuel III murió en Egipto en 1947 y sus restos no volvieron a Italia hasta diciembre de 2017 gracias a la intermediación de su nieta, la Princesa María Gabriela de Saboya, con el gobierno italiano. No obstante, lejos de volver por la puerta grande, el cuerpo tuvo que ser enterrado en el Santuario de Vicoforte (Turín) y no en el Panteón romano, donde reposan los otros reyes italianos. Esto demuestra que Italia perdona, pero no olvida.

Disputas por el trono y polémicas familiares

Precisamente el traslado de los restos del penúltimo rey de Italia fue el origen de uno de los conflictos familiares más recientes dentro de los Saboya, producido por la falta de acuerdo entre todos sus miembros a la hora de tomar decisiones. Al menos eso es lo que se deja entrever por las declaraciones de Manuel Filiberto de Saboya (bisnieto de Víctor Manuel III): "Mi padre, Jefe de la Casa de Saboya, ha quedado desconcertado por la iniciativa de su hermana María Gabriela porque no fue concordada con la familia".

Sergio de Yugoslavia (primo de Manuel Filiberto) fue todavía más allá en sus acusaciones al afirmar que "tal vez María Gabriela quiso sólo para ella el prestigio de haber hecho entrar de nuevo en Italia los restos de los reyes". Sin embargo, esta no es la primera vez que los Saboya no se ponen de acuerdo a la hora de tomar decisiones que afectan a la familia en su conjunto.

En 2007, Víctor Manuel de Saboya (hijo del último rey) reclamó a la República Italiana una indemnización de 260 millones de euros en compensación por los supuestos "daños morales" sufridos durante el largo exilio de la Familia Real. Entre sus reclamaciones también estaba la devolución de sus joyas y de varios palacios. El Gobierno respondió que no pagaría y de hecho presentó una querella contra el Príncipe por daños al país.

En esa ocasión tampoco se contaba con el apoyo del resto de la familia porque la realidad es que ésta se encuentra dividida en dos ramas: los Saboya y los Aosta. Ambas son dos ramas de un árbol con las mismas raíces, pero la realidad es que la coexistencia entre unos y otros es desde hace años muy complicada.

La Casa de Saboya fue la dinastía reinante en Italia desde el siglo XIX hasta 1946, cuando Umberto II huyó al exilio tras la proclamación de la República. Técnicamente el heredero al trono es su único hijo varón, Víctor Manuel de Saboya, pero por el hecho de haberse casado con una plebeya (la esquiadora Marina Doria) y sin el consentimiento de su padre estaría excluido de la línea de sucesión.

Basándose en esto, su primo Amadeo de Aosta se autoproclamó en 2006 como Jefe de la Casa de Saboya y el Consejo del Reino le dio la razón. Pero lejos de quedar resuelta la cuestión, a día de hoy ambos siguen considerándose los legítimos herederos y el conflicto entre ambos llegó a materializarse en una pelea durante la boda de los hoy Reyes Felipe y Letizia en 2004.

En los diversos actos organizados con motivo del enlace se les sentó en sitios separados, pero durante una cena coincidieron y se produjo el desencuentro. Según narraron varios medios italianos en su momento, todo comenzó con el saludo de Amadeo a su primo. Víctor Manuel, que había bebido unas copas de más, comenzó a increparle y le propinó un puñetazo. Testigos allí presentes contaron que un jeque árabe fue el encargado de poner hielo sobre el rostro del Duque de Aosta mientras que Don Juan Carlos mascullaba "¡Nunca más!".

Problemas con la Justicia

Incidentes como el anterior se quedan en nada en comparación con el amplio historial delictivo que Víctor Manuel de Saboya atesora a sus espaldas. Es más, antes de que todos los medios señalasen a Iñaki Urdangarín como el primer miembro de la realeza en entrar en prisión, lo cierto es que para entonces el heredero italiano ya había estado encarcelado en dos ocasiones y tenía varias causas pendientes con la justicia.

Todo empezó en los años 70, cuando la Fiscalía de Venecia decidió investigarlo por supuesta implicación en una trama de tráfico internacional de armas. En este caso el acusado consiguió salir indemne, pero unos años más tarde, en 1978, ocurrió un hecho que marcaría para siempre su vida: mientras navegaba en su yate disparó por error a un turista alemán. La herida le provocó la muerte al joven y Víctor Manuel fue detenido y acusado por presunto homicidio involuntario.

El juicio por ese caso se celebró en París en 1991 y aunque resultó absuelto por el delito del que se le acusaba, fue condenado a tres meses de prisión por tenencia ilícita de armas. Fue entonces cuando él sí se convirtió en el primer miembro de la realeza en entrar en prisión. Una experiencia que repetiría en 2006 cuando se vio involucrado en una trama de corrupción y proxenetismo.

Él no fue el único implicado, ya que en esta trama participaban también miembros destacados de la política italiana y de la mafia. El objetivo era estafar grandes cantidades de dinero a empresarios multimillonarios con el marco de un casino de fondo y utilizando a prostitutas como cebo. Según el informe de la investigación, Víctor Manuel era el encargado de organizar los encuentros con los clientes e incluso admitió que él mismo era uno de los que pagaba por sexo: "Estoy casado desde hace 45 años y estoy contento, pero soy cazador y de vez en cuando me gusta disparar. Pago y ya está ¡Es como ir al cine!"

Un heredero polifacético

Manuel Filiberto de Saboya es el único hijo del pretendiente al trono italiano y por lo tanto el heredero de sus derechos dinásticos. Nació en Ginebra en 1972 y tendría que esperar tres décadas para poder pisar por primera vez suelo italiano. Fue en 2002, cuando el Gobierno del país decidió abolir el artículo de la Constitución que impedía a los descendientes varones del último Rey volver al país.

Desde el primer momento, el joven heredero se propuso hacerse popular e intentar así ganar adeptos a la causa monárquica. Para ello no dudó en arremangarse y lanzarse de lleno al mundo de la televisión y el espectáculo: participó en concursos como '¡Mira quién baila!' o 'Tu cara me suena' e incluso se atrevió con el canto en el festival de música de San Remo, en el que se alzó con el segundo puesto gracias a los votos de los telespectadores.

En 2015 participó también en la versión italiana de 'Desafío bajo cero' y aunque alcanzó el segundo puesto, tomó la decisión de que esa sería su última aparición en televisión como participante de un concurso. Él mismo defendió su decisión con estas palabras: "El circo mediático ya no es para mí. Quiero participar en más actividades relacionadas con la dinastía de los Saboya, para que cuando mi padre no esté, yo pueda continuar".

Si bien es cierto que durante un tiempo el príncipe mantuvo un perfil bajo y parecía por fin haberse centrado (después de otras experiencias laborales vinculadas al mundo de las finanzas, la moda, la publicidad o la política), en 2016 volvió a sorprender a la opinión pública. Su nueva aventura consistía en recorrer los Estados Unidos con una 'food-truck' de comida italiana. Bajo el bombre de 'Príncipe de Venecia' y con el azul característico de la Casa de Saboya, en esta furgoneta-restaurante los clientes pueden consumir productos italianos de calidad a buen precio.

En la actualidad este último negocio es su principal ocupación, junto a la de productor de cine y televisión. Sin duda se trata de un currículum poco convencional para un miembro de la realeza y es por ello por lo que Manuel Filiberto no es muy bien aceptado en los círculos del Gotha. De hecho, cuando en 2003 contrajo matrimonio con la actriz francesa Clotilde Coureau, el único representante de las monarquías europeas en acudir al enlace fue el Príncipe Alberto de Mónaco. Todo parece indicar que los Saboya lo tendrán complicado para recuperar su trono.

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