DANCING QUEEN

Gunilla von Bismarck, la eterna reina del verano marbellí

Atrás quedaron las fiestas hasta el amanecer y el moreno eterno, pero la condesa alemana sigue siendo todavía el más claro exponente de lo que fue la jet-set en la época dorada de la Costa del Sol.

Juan Salgado 14 Agosto 2018 en Bekia

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En los años 60 la dictadura franquista decidió utilizar a las rubias suecas que comenzaban a llegar a las playas españolas como símbolo de apertura al mundo. Décadas más tarde, otra rubia sería la encargada de representar la modernidad del país, aunque en este caso ya no era sueca ni una simple turista, sino una aristócrata alemana procedente de una de las familias más importantes de Europa. Ella era Gunilla von Bismarck, cuya imagen ha estado asociada al lujo, la fiesta y el verano.

Una rubia de alta cuna

Gunilla Margaretha Rosemarie Katharina Antoinette Yvonne Gräfin von Bismarck-Scönhausen. Su nombre ya resulta ilustrativo sobre el entorno familiar del que procede. Nacida en el Castillo de Friedrichsruh, esta mujer pertenece a la Casa de Bismarck: una de las familias más importantes y poderosas de Alemania. El fundador de la dinastía fue nada más y nada menos que el Canciller Otto von Bismarck, artífice de la unificación alemana en 1871.

Bisnieta de figura tan ilustre, Gunilla decidió seguir los pasos de su familia y estudió Ciencias Políticas e Historia en la Sorbona de París. Sin embargo, nunca llegaría a ejercer. También pasó parte de su época estudiantil en Estocolmo, donde coincidió en las aulas con el Rey Carlos Gustavo de Suecia. A partir de ese momento surgió una amistad entre ellos que se mantuvo en el tiempo, de hecho, la Reina Silvia de Suecia es la madrina del único hijo de Gunilla.

Los monarcas suecos no son los únicos miembros de la realeza en su lista de contactos. Sin ir muy lejos, en el verano de 2017 la aristócrata ejerció de anfitriona en Marbella de los Grandes Duques Enrique y María Teresa de Luxemburgo. Ella misma reconoce su facilidad para moverse en estos ambientes y aprovecha para lanzar alguna que otra indirecta: "Me llevo bien con todos los Reyes. Me faltan el Rey Felipe y Letizia, que no la conozco. Ojalá viniesen a Marbella con sus hijas como van a Palma ¡Yo les invitaría a mi casa!"

Marbella: su paraíso terrenal

Es inevitable eludir a Marbella cuando uno narra la biografía de Gunilla von Bismarck. Al fin y al cabo, la ciudad está presente en su vida desde el año 1961. Fue entonces cuando sus padres decidieron cambiar su destino de vacaciones en St. Moritz por el que en su día fue un pequeño pueblo de pescadores y al que ahora comenzaban a llegar las grandes fortunas de todo el mundo.

Gracias a sus 30 kilómetros de playa y a su clima mediterráneo, Marbella vivió una increíble transformación durante finales de los años 50 y sobre todo durante los 60 gracias al desarrollo turístico. Se crearon urbanizaciones y selectos clubs. Apellidos como los Hohenlohe, los Rothschild o los Thyssen hicieron acto de presencia y la ciudad comenzó a brillar por sí sola.

En los años 70 y 80 Marbella ya era el destino turístico por excelencia para los amantes del lujo y la buena vida. Personajes de la talla de Jaime de Mora y Aragón (hermano de la Reina Fabiola de Bélgica), Alfonso de Hohenlohe, Lola Flores, Sean Connery, Grace de Mónaco... acaparaban la vida social y se convertían en protagonistas de las mejores fiestas que se recuerdan en España. "Dormíamos todo el día y estábamos bailando hasta el amanecer", reconoce Bismarck.

Gunilla, por supuesto, formaba parte de ese selecto grupo. Era una chica tímida que a los 14 años se dio cuenta de que para triunfar tendría que cambiar de actitud. A los pocos años ya se adentró de lleno en el "mundo del ruido", como ella lo llama. Su melena rubio platino, su esbelta figura báltica, sus ojos azules y su eterna piel morena se convirtieron en sus señas de identidad. Había nacido una estrella.

Luis Ortiz: el amor de su vida

En una de esas famosas fiestas conoció a Luis Ortiz Moreno, un chico de familia bien pero con fama de playboy y que no hablaba ni pizca de inglés. Gunilla no hablaba ni pizca de español. ¿Cómo se entendieron? Nadie lo sabe, pero el caso es que fue un flechazo en toda regla: "Nada más verle me encantó cómo caminaba, cómo se movía, cómo bailaba, su pelo, sus ojos... Todo. Estaba lleno de vida y eso fue lo que me enamoró".

La pareja contrajo matrimonio el 6 de octubre de 1974 en el Castillo de Friedrichsruh, residencia familiar de los Bismarck. Las malas lenguas dijeron en su día que la familia de la alemana se opuso a esta unión debido a que no consideraban a Ortiz un buen partido, aunque nunca se ha podido confirmar. En cualquier caso, ambas familias eran más parecidas de lo que pensaban: el padre de Gunilla fue (presuntamente) colaborador de Adolf Hitler y el padre de Luis Ortiz ejerció de censor franquista en TVE durante la dictadura.

Él siempre ha dicho que "si no fuera por Gunilla estaría muerto". Ella fue quien encauzó su libertina trayectoria y se convirtió en su compañera de vida y también de fiestas. Pasaron de ir por separado a ser la pareja más solicitada y fotografiada de la noche marbellí. Luis representaba el estilo latino, mientras que Gunilla era la sofisticación europea. La combinación perfecta.

Una combinación perfecta al menos en apariencia, ya que en 1989 sorprendieron al mundo anunciando su divorcio a través de la revista '¡Hola!'. Nadie se lo creyó entonces ni ahora, casi 30 años después. Ambos siguen haciendo una vida privada y pública juntos, como si nada hubiera pasado. Cuando se le pregunta por esta peculiar relación, Gunilla responde: "Digamos que estamos pendientes el uno del otro, pero independientes".

Los tiempos cambian

Marbella siguió siendo durante años un oasis en el que el lujo y la diversión parecían no tener fin. Al menos hasta la llegada de Jesús Gil a la alcaldía de la ciudad en los años 90. Aunque de primeras fue muy bien acogido por la jet-set, rápidamente se vio que sus formas de hacer política y también de hacer negocios no eran lícitas y la senda de corrupción que dejó a su paso acabó por llevarse por delante todo aquello. Las luces de este peculiar teatro viviente se apagaron durante un tiempo y Marbella ya nunca volvería a ser lo mismo.

Mientras tanto... ¿qué fue de Gunilla? Vive a caballo entre Suiza, Berlín y Marbella, donde todavía sigue pasando seis semanas al año. Continúa acudiendo a fiestas, pero reconoce que ya no es lo mismo: "Los que hicieron esta ciudad conocida ya no están. Ahora hay gente guapa, pero no tienen ese carisma".

Ya no toma el sol, pero su melena rubia y su cuerpo siguen intactos ¿Su truco? "Hago una balanza: como todo lo que quiero un día y al día siguiente estoy a fruta". Gunilla prefiere ahora vivir dedicada a sus mascotas (cinco perros, tres cerdos vietnamitas y un conejo) y a sus nietos, los dos hijos que Francisco Ortiz Bismarck ha tenido con su mujer Elisabet Dutú. Eso sí, todavía no ha aparecido ninguna digna sustituta para la que por siempre será 'Reina de Marbella'.

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