El agridulce 16 cumpleaños de Miguel Urdangarin, tercer hijo de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

ETAPA COMPLICADA

El agridulce 16 cumpleaños de Miguel Urdangarin, tercer hijo de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

La onomástica del sobrino del Rey de España podría ser la última celebración de los Urdangarin de Borbón al completo antes de la entrada en prisión de Iñaki Urdangarin.

El agridulce 16 cumpleaños de Miguel Urdangarin, tercer hijo de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

El 30 de abril de 2002, Casa Real anunciaba con gran felicidad el nacimiento del tercer hijo de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, que además fue el quinto nieto de los Reyes Juan Carlos y Sofía. Fue un gran acontecimiento, y como única pega, que la pareja deseaba una niña que se resistía a nacer y que no llegaría hasta el 5 de junio de 2005 con el nacimiento de Irene Urdangarin.

La Infanta Cristina con su hijo recién nacido Miguel en 2002La Infanta Cristina con su hijo recién nacido Miguel en 2002
16 años más tarde, Miguel Urdangarin celebra su 16 aniversario en Ginebra, ciudad en la que residen los Urdangarin de Borbón desde verano de 2013, cuando Cristina de Borbón se dio cuenta de que Barcelona no era un lugar agradable ya para la familia con el Caso Nóos en plena ebullición.

Miguel Urdangarin es hoy un adolescente que vive tranquilo con sus padres y hermanos en Suiza, visitando España en Navidad, para las vacaciones de verano en Mallorca y poco más. Tanto él como sus hermanos están a gusto en Suiza, donde nadie o casi nadie sabe quiénes son, y todavía mejor, no están tan al tanto de los problemas con la Justicia de su padre.

A la espera

Precisamente este cumpleaños es tan importante porque podría ser la última gran celebración del clan Urdangarin de Borbón antes de que el exjugador de balonmano entre en la cárcel. El Tribunal Supremo se tiene que pronunciar sobre el recurso interpuesto hacia la condena que se le impuso de 6 años y tres meses, y todo apunta a que se producirá en la primera quincena de mayo.

De este modo, si el Supremo no concede la absolución, que es lo que pide la defensa, la aplicación de la sentencia podría ser inmediata salvo que se pidiera un indulto o un recurso de amparo ante el Constitucional, algo poco probable.

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