BIOGRAFÍA REAL

8 momentos que han marcado la vida de la Reina Sofía: alegrías y desgracias de una mujer excepcional

Doña Sofía cuenta con una biografía marcada por buenos y malos momentos, reflejo de su posición y de la etapa que le tocó vivir.

Guillermo Álvarez Corrales 02 Noviembre 2018 en Bekia

Galería: La Familia Real Española en imágenes

La Reina Sofía ha tenido una vida excepcional por su posición y las circunstancias que le han tocado vivir. Nació el 2 de noviembre de 1938 en la casa de Psychiko que por aquel entonces ocupaban sus padres, Pablo y Federica de Grecia. La pareja heredera pensó en poner a su primogénita el nombre de Olga en honor a la primera reina consorte de la dinastía Glücksburg, pero por petición popular recibió el nombre de Sofía en recuerdo a Sofía de Prusia, abuela paterna de la recién nacida. También se le llamó Margarita, Victoria y Federica.

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Pablo de Grecia, heredero de su hermano Jorge II, y Federica de Hannover, tercera de los cinco hijos de Ernesto Augusto de Hannover y Victoria Luisa de Prusia, eran un matrimonio feliz con una hija a la que adoraban, pero debían cumplir con la sucesión y traer un varón al mundo que apuntalara la dinastía. El deseado niño llegó el 2 de junio de 1940 y recibió el nombre de su abuelo paterno, Constantino. Cuando nació Tino, hacía casi un año que había estallado la II Guerra Mundial, y el horror no tardaría en llegar a Grecia.

1 Una infancia marcada por el exilio

En abril de 1941, el Eje invadió Grecia, y pese a que el ejército heleno intentó resistir, no tardó en capitular. La Familia Real huyó del país para no caer en manos de los nazis, llegando primero a Creta y después a Egipto. Era el 23 de abril de 1941 y los Glücksburg dejaban Atenas con lo puesto sin saber si podrían regresar alguna vez. En Creta estuvieron dos semanas hasta que pudieron trasladarse a Alejandría. Allí fueron asistidos por otros refugiados griegos.

El gobierno en el exilio se instaló en Egipto, pero el Rey Jorge se trasladó a Londres junto a su cuñada, Aspasia Manos, viuda de Alejandro de Grecia, y la hija de esta, Alejandra. Allí fueron amparados por la Familia Real Británica. Pablo de Grecia, como heredero, se quedó entre Reino Unido y Egipto, mientras que Federica de Grecia, Sofía y Constantino viajaron a Sudáfrica para estar más seguros. El 27 de junio de 1941 tomaron un barco que les llevó a Durban, desde donde partieron a Ciudad del Cabo.

Su estancia en Sudáfrica no fue fácil, lo primero por la ausencia de Pablo de Grecia, que ya entonces desarrolló una relación muy especial y cómplice con su primogénita, y lo segundo por la falta de medios. Aunque la Familia Real fue alojada en el Palacio de Gobierno, un incendio destruyó este lugar, y con él, las pocas pertenencias que tenían. Se tuvieron que marchar a una casa en mal estado en el que como señalan en los libros 'Doña Sofía: La Reina habla de su vida' y 'La Soledad de la Reina', había hasta ratas.

En un año vivieron en 11 casas, aunque terminaron en una residencia bastante confortable en el barrio de Clairmont, que por cierto la Reina Sofía visitó en 1999 cuando realizó un viaje oficial a Sudáfrica. Fue allí donde los Glücksburg tuvieron un poco de paz y fue allí donde nació la Princesa Irene, tercera y última hija de Pablo y Federica de Grecia. Era el 11 de mayo de 1942 y todavía se veía lejano regresar a su patria, aunque su gran consuelo eran las visitas de Pablo de Grecia. El General Smuts, Primer Ministro de la Unión Sudafricana, les acabó alojando en su finca. Mientras, la Princesa Sofía crecía como una niña cariñosa, familiar, inteligente, tímida y sensible.

En marzo de 1944, la Familia Real volvió a Alejandría, donde tuvieron que adaptarse a una vivienda en mal estado. Doña Sofía estudió en la escuela británica mientras la II Guerra Mundial llegaba a su fin y se preparaba el regreso de la Familia Real a suelo heleno. Sin embargo, no fue fácil y hasta el 28 de septiembre de 1946 no volvieron, una vez se celebró un referéndum que aprobó el regreso del Rey y los suyos. El viaje de vuelta, en barco, les trajo más inconvenientes, ya que un golpe de mar se llevó su equipaje. Se fueron con lo puesto y con lo puesto volvieron.

2 Su(s) boda(s) con el Rey Juan Carlos

Pablo de Grecia subió al Trono en abril de 1947 tras la muerte de su hermano Jorge II. Con el país estabilizado y la economía creciendo, la Corona se fue afianzando en un estado en el que sus Reyes han tenido que tener la maleta preparada para exiliarse. La Reina Federica, que pensaba en todo, quería buenos matrimonios para sus hijos y se fijó en Harald de Noruega, que tiene un año más que Doña Sofía e iba a ser Monarca de un país próspero y estable. Sin embargo, no pudo ser, ya que estaba enamorado de la plebeya Sonia Haraldson, con la que terminó casándose tras una década de amor con muchas cortapisas.

Había que buscar a otro pretendiente adecuado, y aunque no era la mejor opción al no tener Trono, la Reina Federica pensó en el hijo de los Barcelona, que era como se conocía a Don Juan y Doña María. Ese chico no era otro que Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Cuando el Príncipe Constantino comentó a su madre que a Juanito le gustaba Sofía, empezó a pensar cómo unirles definitivamente.

Don Juan Carlos y Doña Sofía se conocieron en 1954 en el crucero Agamenón que organizo la Reina Federica para que las Casas Reales de Europa se reencontraran tras la II Guerra Mundial, propiciar matrimonios y para promocionar el turismo en Grecia. En aquel momento no se hicieron mucho caso. La boda de Antonio de Borbón Dos-Sicilias e Isabel de Wurttemberg y la de los Duques de Kent les hicieron coincidir y poco a poco surgió la chispa. La Reina Federica invitó a los Barcelona a la residencia de verano de la Familia Real Griega en Corfú para consolidar, y finalmente ella se enamoró y él se encandiló. Un buen día, Juanito le tiró una cajita a Sofía de Grecia al grito de: "Sofi, cógelo". Era el anillo de pedida.

Tras superar numerosos obstáculos, como que Doña Sofía fue ortodoxa y tuviera que renunciar a su fe para convertirse en católica, dos religiones iguales en el fondo pero no en la forma. También estaba Franco, aunque Don Juan Carlos le toreó como pudo, así como el Parlamento Griego, que no estaba dispuesto a dar una buena dote así como así. Con todo ello, el 13 de septiembre de 1961 se celebró la pedida de mano en Vielle Fontaine, residencia de la Reina Victoria Eugenia en Lausana. 8 meses más tarde, el 14 de mayo de 1962, Atenas acogió nada más y nada menos que tres bodas.

La Reina Federica quería una boda por todo lo alto, y lo consiguió. 143 miembros de 27 Casas Reales viajaron a Atenas para las tres bodas de quienes llegaron a ser Reyes de España. A las 10:00 horas del 14 de mayo de 1962, Juan Carlos de Borbón esperaba pacientemente en la Catedral de San Dionisio a su prometida. Llevaba el uniforme de Teniente de Infantería y soportaba el dolor que le había provocado una fractura en la clavícula izquierda que se hizo practicando judo con su cuñado Constantino. Bajo el traje llevaba una venda.

Fue el primer 'sí, quiero', el católico. Después se desplazaron a la Catedral Metropolitana de Atenas para la ceremonia ortodoxa. Tras el segundo 'sí, quiero', los novios acuderon al Palacio Real, donde en el Salón del Trono se unieron civilmente. Con tanto trajín, a Doña Sofía se le olvidó pedir permiso al Rey Pablo y se llevó un buen disgusto. Cosas de la vida, casi 33 años después, la Infanta Elena cometió el mismo error en su boda con Jaime de Marichalar. Anécdotas aparte, comenzaba la vida en común de una pareja con un destino incierto, pero un camino a seguir: recuperar el Trono de España.

3 El nacimiento de sus hijos

Una de las misiones principales de una pareja real es traer descendencia que asegurase la sucesión. Era fundamental que Don Juan Carlos y Doña Sofía tuvieran un varón, pero el destino quiso que les tocara esperar. El 20 de diciembre de 1963 nació su primogénita, la Infanta Elena, nombrada así en recuerdo a una muñeca que tuvo Doña Sofía de pequeña, mientras que el 13 de junio de 1965, la entonces Princesa Sofía alumbró a la Infanta Cristina, que recibió su nombre en honor a la Infanta María Cristina. Don Juan Carlos y Doña Sofía habían formado una bonita familia de la que estaban orgullosos, pero dos hijas no era suficiente.

Aunque Franco no había designado sucesor, tenían claro que para tener opciones y devolver la Monarquía a España, Don Juan Carlos tenía que contar con un heredero varón. La Ley de Sucesión de 1947 dejaba claro que podría ocupar la Jefatura del Estado un varón español de más de 30 años, católico y de estirpe regia. Don Juan Carlos podría cumplirlo todo, pero el hecho de no tener un hijo podría jugar en su contra. Finalmente, el 30 de enero de 1968 llegó la gran alegría cuando la Reina Sofía dio a luz a Felipe Juan Pablo Alfonso, nacido Infante, después Príncipe de Asturias y finalmente Rey de España. La Princesa Sofía se dedicó en cuerpo y alma a España, pero también a esos hijos que lo eran todo para ella. La Sofía más feliz es la Sofía madre.

4 La muerte de su padre

Sofía digería todavía la felicidad por haber sido madre cuando se llevó una amarga noticia. En febrero de 1964, los Príncipes viajaron a Suiza para que la Reina Victoria Eugenia conociera a su bisnieta, la Infanta Elena. De ahí iban a viajar a Atenas para pasar unos días con la Familia Real Griega, pero adelantaron el desplazamiento cuando recibieron una llamada que les informó de que el Rey Pablo estaba gravemente enfermo.

Al llegar a Atenas descubrieron que sufría un cáncer de estómago contra el que no se pudo hacer nada. Pablo I de Grecia moría el 4 de marzo de 1964 a los 62 años. El Monarca, que tuvo el honor de completar su reinado sin interrupciones al contrario que sus predecesores en el Trono helénico, pidió que sonara 'La pasión de San Mateo' de Bach. Cuando acabó de oírla, reconfortado y arropado por sus seres queridos, Pablo de los Helenos moría en paz en su querido Tatoi, donde fue enterrado.

Dejó a una esposa destrozada, la Reina Federica, que amó desde el primer día a ese tío segundo con el que tuvo que casarse por razón de Estado, y a unos hijos desconsolados. Su muerte provocó la subida al Trono de su todavía joven e inexperto hijo Constantino, que no pudo o no supo lidiar con la responsalidad de reinar en un país tremendablemente inestable.

5 La subida al Trono de Juan Carlos I

Tras ser nombrado sucesor a título de Rey el 22 de julio de 1969, Juan Carlos de Borbón parecía tenerlo todo hecho, pero no. Entre 1965 y 1975, Don Juan Carlos y Doña Sofía, reconvertidos en Príncipes de España, siguieron trabajando duro para ganarse el cariño de los españoles y conservar el favor de Franco y del Régimen, que espiaba todos sus movimientos para precisamente que el Movimiento no terminara con la muerte del dictador, como así ocurrió.

Tras 6 años muy complicados, Don Juan Carlos fue proclamado Rey de España el 22 de noviembre de 1975. Junto a él, la Reina Sofía, su mayor apoyo, su roca, la mujer que olvidó que era griega para convertirse en cien por cien española, como ella misma ha dicho. El Jefe del Estado es uno, pero Doña Sofía ha estado siempre a su lado, incluso cuando él despreciaba su apoyo y le pedía que se alejara.

La Doña Sofía Reina, feliz por haber logrado lo que parecía imposible, se dedicó en cuerpo y alma no solo a sus hijos, sino a servir a la Corona y a España. Como Reina ha dedicado su tiempo a actividades sociales y asistenciales, ha apoyado la cultura en general y la música en particular y se ha volcado contra la droga en la medida de sus posibilidades. Ha conocido la pobreza en sus viajes de cooperación y ha luchado por revetirla por ejemplo con la extensión de los microcréditos. Ha sido la consorte que se esperaba de ella, y siempre ha tenido una sonrisa para todo el mundo incluso cuando lo que solo le salía era llorar.

6 La creación de la Fundación Reina Sofía

En 1977, España todavía transitaba con mucho cuidado rumbo a la plena Democracia. Como consorte, apoyaba al Rey en todo lo que podía, pero no podía inmiscuirse en áreas destinadas al Jefe del Estado. Así, además de dedicarse a los actos oficiales, consideró que era el momento de abrir una entidad con la que dedicarse a ayudar a los demás.

Su sueño se materializó con la Fundación Reina Sofía, sin ánimo de lucro y creada con capital privado de Doña Sofía. Lo que buscaba era atender las demandas asistenciales que llegaban a La Zarzuela y dar salida a través de esta entidad de la que se colocó como presidenta ejecutiva. Durante 20 años ayudó a personas necesitadas que demandaban su ayuda, pero en 1994 firmó colaboraciones con oenegés para extender su apoyo. Desde entonces se ha centrado en los ancianos, teniendo como baluarte el Proyecto Alzheimer. La Reina Sofía se empeño en sacar adelante un centro que se abrió el 8 de marzo de 2007. "Este es un Proyecto surgido desde el corazón y realizado con el corazón. Concebido desde la más absoluta ingenuidad profesional, fue creciendo como una montaña de arena gracias a las aportaciones sucesivas, grano a grano, de los entendidos en cada materia específica", manifestó la Reina Sofía en la víspera de su apertura. Es sin lugar a dudas, uno de los grandes triunfo en la vida de Doña Sofía.

7 El 23F y la muerte de su madre

El mes de febrero de 1981 será recordado por la Reina Sofía como el peor de su vida. Los Reyes y sus hijas se desplazaron a Baqueira Beret para pasar unos días esquiando. En Madrid se quedaba Federica de Grecia, que pasaba temporadas en España y había decidido someterse a una operación de párpados. Tras la operación sufrió un infarto que acabó con su vida inesperadamente. Era el 6 de febrero de 1981 y la última Reina de los Helenos dejaba este mundo a los 63 años. Fue el Rey Juan Carlos quien dio a la Reina Sofía la amarga noticia, que la sumió en un profundo dolor solo mitigado por pensar que ahora sus padres habían vuelto a encontrarse.

Además de la tragedia, los Grecia se enfrentaron a la humillación del Gobierno del país que les había echado en 1967. Aunque se permitió que la Reina Federica fuera enterrada en Tatoi, junto al Rey Pablo, tuvieron que pasar seis días hasta que se permitió que el cuerpo de la viuda del último Monarca aterrizara en Grecia. Asimismo, el presidente Constantinos Caramanlis advirtió que tenían permiso para estar en territorio nacional hasta que el sol se pusiera por el monte Likavitos de Atenas. No se rindió honor alguno a la Reina Federica, pero su Real Familia supo homenejearla como se merecía, arropada por las 2000 personas que asistieron a su funeral.

Antes de que entrara marzo de 1981, llegó el 23-F, un intento de golpe de Estado que hizo recordar a la Reina Sofía al golpe de los Coroneles que terminaría despojando a su hermano Constantino de la Corona. Pese a que estaba de luto y totalmente rota, logró mantener la calma y ayudar al Rey Juan Carlos en todo lo que pudo. Ese día, Juan Carlos I se jugó la Corona y ganó la partida.

8 Su agridulce madurez

La Reina Sofía ha alcanzado la tercera edad con una salud de hierro, fiel reflejo de que se cuida y de la gran energía que ha tenido durante toda la vida. Lo mejor que ha vivido desde la madurez ha sido el nacimiento de sus nietos, que lo son todo para ella después de sus amados hijos. La Infanta Elena le ha dado dos: Felipe Juan Froilán (1998), Victoria Federica (2000); la Infanta Cristina, cuatro: Juan (1999), Pablo (2000), Miguel (2002) e Irene (2005). Finalmente, el Rey Felipe completó la dinastía con los nacimientos de la Princesa Leonor (2005) y la Infanta Sofía (2007).

Doña Sofía ha disfrutado mucho de sus nietos, aunque ni siquiera en su parcela de abuela ha podido estar tranquila. A los escándalos que ha dado Froilán se le suma su pesar por lo mal que lo han pasado sus nietos Urdangarin a causa del Caso Nóos, que terminó con Iñaki Urdangarin entre rejas. En el caso de Doña Leonor y Doña Sofía, la Reina Sofía no ha podido disfrutarlas tanto como hubiera querido, y para la historia queda el rifirrafe entre suegra y nuera a la salida de la Misa del Domingo de Pascua el 1 de abril de 2018 con manotazo de la Princesa de Asturias incluido.

Dulce fue ver a su hijo ser proclamado Rey de España. El orgullo de madre y de Reina se notaron en su rostro aquel 19 de junio de 2014 en el que en el Congreso de los Diputados, Felipe de Borbón y Grecia, su ojito derecho, se convertía en Felipe VI. El discurso de agradecimiento emocionó a Doña Sofía, que se vio recompensada después de tantos desvelos con estas palabras: "Y me permitirán también, Señorías, que agradezca a mi madre, la Reina Sofía, toda una vida de trabajo impecable al servicio de los españoles. Su dedicación y lealtad al Rey Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad, son un ejemplo que merece un emocionado tributo de gratitud que hoy -como hijo y como Rey- quiero dedicarle. Juntos, los Reyes Juan Carlos y Sofía, desde hace más de 50 años, se han entregado a España. Espero que podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su experiencia y su cariño".

Agrio fue sin embargo todo lo que llevó al Rey Juan Carlos abdicar. El Caso Nóos amargó la vida a toda la Familia Real e hizo sufrir a una Reina Sofía que confiaba plenamente en la honradez de su yerno y que apoyaba a su hija por encima de todo. Si los Borbón y Grecia ya eran una familia disfuncional, la trama se llevó por delante la buena relación entre los hermanos Felipe y Cristina y dividió a una dinastía que ya no volvió a ser la misma.

Duras fueron también las humillaciones a las que el Rey Juan Carlos sometió a Doña Sofía en forma de desprecios y de infidelidades. El precio de un matrimonio 'arreglado' y de la genética Borbón fueron décadas de deslealtades a una mujer que pese a todo siempre le fuel leal y fiel. Además, una cosa es conocer las infidelidades y otra que España (y el mundo) las sepa y las comente, como ha pasado desde los 90 del siglo XX, y sobre todo desde el escándalo de Botsuana y de Corinna.

Agrio ha sido casi todo lo que ha vivido Doña Sofía desde los años 90 a excepción de las satisfacciones que le han dado sus hijos y nietos, el apoyo y cariño de sus amados hermanos, y también de la felicidad que le ha aportado servir a España como Reina, como apoyo del Rey Juan Carlos y a través de la labor de la Fundación que lleva su nombre. El mayor deseo en la vida de la Reina Sofía ha sido ser útil, y puede tener el convencimiento de que pese a todos los pesares, lo ha conseguido.

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