ENTREVISTA BEKIA

Gisela Pou: "'Los tres nombres de Ludka' es una historia de desarraigo, de esos niños que no tienen raíces"

Hablamos con Gisela Pou sobre los niños de la Segunda Guerra Mundial, la importancia de tener un origen, la Barcelona de la posguerra y vivir en una situación privilegiada.

Gemma Casado 12 Febrero 2023 en Bekia

Cuando Hitler ocupó Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, el oficial de las Schutzstaffel (más conocidas como SS), Heinrich Himmler, ya había ideado y dado forma al program 'Lebensborn', mediante el que los nazis planeaban una mejora y perpetuación de la llamada raza aria. Esta selección y secuestro de niños rubios, altos, fuertes y de ojos azules se extendió a los países ocupados por los nazis, como Polonia. El fuhrer decidió que por sus características físicas podían ser germanizados debido a que cumplían con las características físicas.

No obstante, en 1945 acabó esta segunda gran guerra, y no de una forma agradable para los alemanes. Algunos de esos niños fueron a parar a España, país inmerso en la dictadura franquista, que había sido aliada de Hitler hasta poco antes de su derrota. Esa historia real, con la cual Gisela Pou se encontró de forma fortuita a través de un reportaje de El País escrito por José Luis Barbería, es a la que ha tratado de dar forma mediante unos personajes ficticios con su novela 'Los tres nombres de Ludka', de la editorial Planeta.

Bekia: Lo primero que me gustaría preguntarte es cómo estás y qué sensaciones tienes respecto a la publicación.

Gisela Pou: Bueno, estoy genial, encantada de la vida, porque es la forma de llevar al público una novedad en un momento en que hay miles de novedades y estrenos de nuevas novelas. Entonces estoy encantada, de verdad.

B: ¿Cómo surgió la idea de 'Los tres nombres de Ludka'? Tanto la temática argumental, así también como el estilo narrativo porque hay que tener en cuenta que es diferente porque está escrita en tres voces distintas, ¿no?

G. P: Exactamente. La idea surgió porque me apetecía mucho hablar sobre la posguerra. Sobre todo, de las pequeñas historias de la posguerra y se me había cruzado hacia muchos años un reportaje de José Luis Barbería que se publicó en el diario El País, que hablaba de estos niños. Niños polacos huérfanos que vinieron a España, y a partir ya de eso, de esa información cuando buscaba tema un poco para iniciar la novela, pues gracias un poco también a mi agente literaria, que es de origen polaco, y a la editora Lola Gulias de la editorial Planeta, que estaban interesadas en en la historia que se proponía, pues me metí de lleno en escribir. Bueno, primero en documentarme y segundo, en escribir la ficción. A partir de una realidad que existe, empiezo a escribir ficción.

B: ¿Tuviste claro entonces como lo querías enfocar desde el principio?

G.P: Nunca lo tienes claro. Bueno, yo nunca lo tengo claro cuando empiezo. Solo tenía clara una cosa, que era la amistad de dos niñas. Esa niña, que es Ludka, que viene de de un campo de refugiados, que han pasado una serie de infiernos, que ha sido secuestrada de su familia, que ha sido adoptada por una familia nazi, cuyo padre adoptivo era capitán de los nazis y le hizo pasar un infierno... Ósea, ha pasado muchas cosas. Es una niña que llega y no habla, no quiere hablar, porque el silencio es su aliado, dice ella. Y la otra niña es Emma, que es una niña barcelonesa que vive con sus abuelos y su madre. Su padre fue fusilado al terminar la guerra y ella, sin embargo, ha vivido en una familia con amor, y que bueno, es una familia normal, diríamos. Entonces, la amistad de esas dos niñas, que se inicia y crece a partir de las palabras que Emma, la niña catalana, aprende en catalán, porque ella aunque habla catalán, estaba prohibido porque en el año 1946 los libros en catalán no se podían leer. Su abuelo había sido quien ejerce las funciones de padre y había sido maestro de la República, que fue represaliado. Ahora, trabaja de carpintero, pero quiere que su nieta conozca el idioma y a escondidas le deja leer libros en catalán. Entonces, se establece un juego entre abuelo y nieta a partir de las palabras, toda una historia muy emotiva. A su vez, Emma utiliza estas palabras para acercarse a Ludka. Estas eran las dos patas de la historia pero, me faltaba algo. Algo del mundo de los adultos, y entonces Isabel, que es la madre de Emma, me enamoró enseguida, la verdad. Y bueno, le he creado toda una historia que podría ser independiente, pero que está ligada a la de las niñas.

B: Además, en relación a que te enamoró el personaje de Isabel, ¿era el personaje con el que más empatizabas? ¿En cuál te ves más reflejada?

G.P: Bueno, por edad, claro... Aunque podría ser mi hija, Isabel, pero bueno. Al inicio de la novela, Isabel es la que hace un recorrido desde una mujer un poco sometida a los dictados del momento, se descubre a sí misma, se implica, lucha, se compromete, se niega a un amor que ella cree que no es lícito, etcétera, etcétera. También Ludka, por supuesto, Emma la que menos. Ludka llega con una historia brutal. Ella crece, se reconvierte y se centra en una nueva vida, para dejar un poco atrás todo el dolor de esa infancia, también es un personaje muy interesante, pero no te quiero decir por qué.

B: No vamos a hacer aquí spoiler...

G.P: Claro.

B: También respecto a lo que me decías de que Emma es una una niña de Barcelona que está aprendiendo una lengua prohibida, ¿Cuál es el papel que juega Barcelona, que si no me equivoco es tu ciudad natal, en esta línea temática?

G.P: Bueno, Barcelona es un personaje más. Es una Barcelona de posguerra, una ciudad gris, donde todo era escasez, donde todo lo que no está prohibido, es pecado por el régimen del momento. Es una Barcelona triste, donde no comes lo que quieres, sino lo que puedes. Y es otro mundo. Para dibujar esa Barcelona, que yo no he conocido por suerte, pues me han sido de gran ayuda testimonios de mujeres ya mayores, pero que en esa época eran niñas. Han sido de mucho valor, la verdad. Ellas no tienen conciencia, pero ha sido súper importante. A partir de eso he podido destilar verdad, no quiero que sea cartón piedra. Gracias a esos testimonios, vas construyendo pequeños momentos que crean la sensación de verdad.

B: Y si tuvieras que definir la novela en una palabra cuál utilizarías?

G.P: Bueno, un poco el tema de la novela es Ludka y es el desarraigo. El de esos niños que no tienen raíces. Ludka lo define muy bien al final de la novela cuando se dirige a todos esos niños que ya tienen 75 años; porque la historia empieza en el 46 y al final hay saltos temporales a 1956, y luego en 2008. En esa charla dice: "nosotros (todos los niños polacos que fueron germanizados previamente y después vinieron a Barcelona) éramos pequeños árboles con las raíces al viento, que no sabíamos de dónde veníamos ni sabíamos a donde íbamos". Esa es la metáfora o la imagen del desarraigo que sentían. Muchos de ellos a los setenta años, cuando vuelven a Barcelona, invitados por el consulado polaco y por el Ayuntamiento de Barcelona, todos dicen una misma cosa: Barcelona para ellos fue el paraíso. No porque lo sea, ni mucho menos, pero habían vivido tantos infiernos que aquí encontraron la tranquilidad. Era un lugar donde aprender, donde jugar, donde reír... Un lugar que al principio fue muy duro, porque ellos se sentían alemanes y los alemanes eran superiores, aunque habían perdido la guerra. En realidad, ellos eran polacos, entonces claro este proceso fue muy difícil por parte de sus cuidadores. Además, en toda esta historia hay un personaje muy interesante. Como te he dicho, Ludka es un personaje de ficción, construido a partir de retazos de entrevistas y de declaraciones de los niños verdaderos, pero hay un personaje fundamental y que es de verdad y que sí sale en la novela, que es Wanda Morbitz. Es la mujer polaca que trabajaba en el consulado de Barcelona, y que fue un poco el alma y la madre de todos estos niños. Era quien les buscaba lugares para estudiar, reparaba los zapatos cuando había problemas, un poco la coordinadora. Ella era como su madre. De hecho dijo su hija, Cristina Tozer, que tendría la edad de los chicos que llegaron en el 46, dijo: "Cuando me vieron estos niños me dijeron 'paniwanda', osea se parecía mucho su madre y esos niños la vieron a ella como la como como la Wanda que ellos conocieron".

B: Entonces detrás de esta historia está el referente real, que fue esta mujer que era como su salvadora

G.P: Exacto.

B: ¿Qué ha supuesto este libro en concreto para ti, a nivel personal, de conocimientos, sentimientos?

G.P: Primero me salvó de la pandemia, que es muy importante. Pues empecé en marzo de 2020, cuando empezó la pandemia. Mientras todo el mundo hablaba de eso, yo vivía en el año 1946, lo que es algo importante. Y bueno, a lo que me llaman muchos libros es a aprender a vivir. Escribir me enseña a vivir, es como mirar al mundo. También leer, pero escribir aún más. Mirarlo e interpretarlo. Y lo que deseo del libro, lo que siempre me preguntan y siempre respondo, es: levantar conciencias. Que la gente tenga conciencia de lo que es la vida en el fondo y de la suerte que tenemos. Debemos darnos cuenta de que vivimos en un privilegio y solo pensamos en los derechos. Para mí escribir es pensar y reflexionar. cuando terminas de leer un libro, y te hablo desde el punto de vista de lectora y espero que desde el punto de vista de autora mis libros de alguna manera lo consigan, es que el lector haya despertado algunas preguntas. A mí me gusta eso cuando veo películas o cuando leo libros, que me aporte incógnitas, quizás es un poco filosófico.

B: Inducir a la reflexión sobre esta temática...

G.P: Despertar conciencia sería la clave.

B: En relación a algo que estás dando mucha importancia, y que en el libro en sí tiene una importancia abismal, que es la perspectiva histórica. En 'La joven de medianoche', que es un libro tuyo que se publicó en 2015, ya la novela se ambientaba en la Segunda Guerra Mundial, también en la posguerra... ¿ Es esta una temática ambiental que te gusta especialmente por alguna razón?

G.P: Es casualidad. Lo cierto que a mí lo que me interesa es la novela contemporánea, porque es mucho más fácil. Es hablar de personajes de ahora y aquí, porque lo conozco, yo sé qué es el año 2000 o 1985, incluso. Pero bueno, ese libro nació de una casualidad, yo estaba buscando tema para un libro juvenil. Tenía muy claro cuál era el tema central, el paso de la adolescencia a ser adulto pero necesitaba otro tema, porque eso estaba muy manido. Y un día me levanté por la mañana, puse la radio y apareció Margot Wölk. Es la mujer real que contó, que tenía 95 años, y contó que había sido catadora de la comida de Hitler. Me parece una historia magnífica para escribir una novela de adultos, pero como estaba metida en el otro tema, pues bueno me ayudó muchísimo. Con Ludka ha ocurrido un poco lo mismo. Estaba como dando vueltas también al tema de la postguerra y las pequeñas historias. Además, quería hacer también un homenaje a mi madre, que se casó en 1949, después fueron a vivir a Barcelona y mi madre cosía por las casas. Mi madre era como Isabel, y ese homenaje que deseaba hacerlo de alguna manera, que no había suficiente, pues ayudado por los niños polacos era una historia mucho más potente. Así se conformó la novela que ahora se tiene entre manos.

B: Al final coges ideas un poco de todo y haces tu composición mental, y este es el resultado, ¿no?

G.P: Bueno, es que para escribir yo necesito dos cosas, siempre lo cuento: Conocer muy bien a los personajes, saber quienes son, y tener un tema del cual tirar. Si no tengo el tema, escribir una novela son dos años o un año y 8 meses, pero dos años normalmente. Si el tema se te cae, deja de interesarte, lo agotas o deja de entusiasmarte, la novela no va a salir. Entonces necesito temas, y este tema de desarraigo lo encuentro súper interesante, además es muy actual. Está ocurriendo en sitios cotidianos, no tan solo con Ucrania que bueno, es lo que tenemos más cerca, pero con Siria, con los que vienen en patera... Por todo el mundo hay mucho desarraigo. Se sabe de donde vienes, pero tienes que irte para vivir una vida digna. Tenemos mucha suerte nosotros de vivir donde vivimos.

B: Claro, lo que decíamos de inducir a la reflexión... Cambiando de tema, ¿tendremos más novelas de Gisela Pou con una ambientación histórica tan marcada o será casualidad si vuelve a haber alguna?

G.P: Pues no sé, es que eso es divino, tendría que tener una bola de cristal. No, no, jajaja ... .porque cada historia nace y bebe de distintas fuentes, ¿no? Debo encontrar una historia que me apetezca, de un tema que me mantenga durante el tiempo, enamorarme de los personajes y luego, pues tener la paciencia de escribir durante día a día durante tantos meses... De borrar y tirar muchos papeles a la papelera (o bueno, borrarlos del ordenador). Es un trabajo muy artesanal la escritura. No es eso de: me inspiro y escribo. A ver, bueno, claro que te puedes inspirar, pero luego tienes que sudar mucho para que aquello cuaje. Para mí también es importante el qué y me gusta explicarlo, así como el cómo: Encontrar la voz narrativa que te cuente la historia que quiero contar, porque la misma historia puede ser contada de muchas maneras, con muchos estilos y me gusta mucho encontrar una voz interesante para transmitir al lector.

B: Claro, una voz adaptada a la historia que se quiere contar.

G.P: Exactamente, fragmentada normalmente. A mi me gusta mucho ir para adelante y para atrás en el tiempo. Sin marear (jajajajaj) y dando siempre la mano al lector. Que no sean historias puramente lineales, explicando algo al principio que se acabará concretando más adelante. Es una forma de escribir que a mí me gusta leer, y luego cuando escribo, pues no lo sé hacer de otra forma. Es lo que me interesa y es lo que me motiva, además.

B: Y basado más en tu experiencia y en la documentación que me decías que has tenido que realizar, que es mucho más arduo que en una novela contemporánea, ¿darías algún consejo elemental, algún tipo a un escritor que quiere empezar a escribir una novela ambientada históricamente? ¿O cuál es un fallo que no pueda cometer bajo ninguna circunstancia, que sea muy grave?

G.P: Bueno, un fallo muy grave es querer explicar historias... o sea, que la historia, sea la que sea, siempre se tiene que explicar desde tus personajes, y si son de ficción mejor. Si tomas personajes reales... bueno, yo tengo mucho respeto por los personajes reales porque creo que han vivido, que han tenido su vida y que yo no soy nadie para inventarme nada de ellos. Además, yo creo que a partir de personajes de ficción puedes interpretar hechos históricos que han pasado, pero desde este punto de vista de un personaje que tú has creado, que lo conoces muy bien, que tú eres él y entonces ahí va a salir tu voz, va a salir la voz real. Creo que el error, a veces, también es tener prisa y querer explicar muchas cosas que están contadas. Todas las historias, las mismas historias, según la voz que las cuente, puede ser distintas y el error es explicar siempre la misma, que a veces ocurre.

B: Claro, algo así como ¿contar la verdad de tus personajes?

G.P: Desde la verdad, para que no sean de cartón piedra. Otro consejo para la gente que escribe es que debe tener mucha paciencia, y lo que digo siempre a los chavales cuando voy a institutos es que escribir es reescribir. Eso que vemos las películas que se ponen a escribir tres noches o cien noches y luego pone fin... No sé si es real, pero en mi caso no y creo que en el de la mayoría de los escritores no lo es. Para mí es un trabajo, y que de repente no te sale y no te sale, y cuánto te sale Eureka. Y bueno, mucha paciencia y mucho tiempo. Es un trabajo como otro cualquiera y para hacerlo bien y ser un buen profesional requiere tiempo. Igual que el panadero puede hacer pan de muchas formas, el escritor puede ser escritor de muchas formas. Y sobre todo, leer mucho. El gran maestro de la escritura es la lectura. Bueno, hoy en día hay tantos escritores y tantas escuelas de escritura que creo que la gente ya lo sabe, no digo nada nuevo

B: Eres guionista de televisión, también has hecho novela infantil, narrativa, más juvenil, más de adulto... ¿Sabes por dónde será tu próximo proyecto?

G.P: Mi próximo proyecto es de una colección que ahora se está iniciando de cuentos para niños de 8 años, que me apetecía mucho. Intento alternarlo para adultos, para niños, para jóvenes... porque me relaja, es otra dimensión. No es que sea fácil, eh. Pero bueno, me relaja y me interesa. Además, me gustan mucho los niños, creo que son la semilla del futuro. Igual que los adolescentes, pero son más complicados, jajaja. Estoy haciendo una colección, que salió en Galera. De hecho, ya tengo el primer volumen en casa, aunque aún no está en librerías. Eso ya está encarrilado, y luego estoy dando vueltas a una novela de adultos que aún no puedo decir nada, porque es que no tengo casi nada. Pero estaría situada en 2020, sin tocar pandemia. Está, pero sin ser protagonista.

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