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La 68ª edición de los Grammy quedará grabada como una de las más intensas, diversas y políticamente cargadas de los últimos años. Una noche en la que la música convivió con mensajes sociales, reencuentros inesperados, regresos largamente esperados y momentos que ya son historia de la cultura pop. Y en el centro de todo, un nombre brilló con fuerza propia: Justin Bieber, que volvió a la gala cuatro años después. Trevor Noah, presentador de la gala, lo dijo con claridad: " Gracias por volver a casa ".
El canadiense, que llevaba desde 2022 sin subirse al escenario de los Grammy, eligió un regreso sin artificios: apareció bajo un único foco, descalzo salvo por unos calcetines, vestido únicamente con unos calzoncillos de seda y solo con su guitarra y un pedal de loops. Una puesta en escena minimalista que no buscaba provocar, sino liberarse. Cantó 'Yukon' con una mezcla de vulnerabilidad y control absoluto, construyendo en directo las capas vocales y rítmicas que acompañaban su interpretación. Para muchos espectadores, fue un gesto de autenticidad: un artista disfrutando de su oficio sin filtros, sin preocuparse por el espectáculo ni por las expectativas de la gala.
Sin embargo, en redes sociales hubo opiniones divididas. Algunos usuarios calificaron la actuación de "innecesaria" o "excesivamente excéntrica", mientras que otros defendieron que Bieber "solo estaba siendo él mismo" y que su regreso era "lo más honesto que se ha visto en los Grammy en años". Aun así, la lectura predominante fue la de un artista que ha vuelto a sentirse libre sobre el escenario tras años marcados por problemas de salud y una retirada forzada.
Antes de su actuación, Justin y Hailey Bieber protagonizaron uno de los posados más virales de la alfombra roja. Ella, impecable con un Alaïa negro; él, en un total look a juego. Ambos lucieron un pin con el mensaje "ICE OUT", en protesta contra las políticas migratorias del presidente Trump, un gesto que compartieron con otros artistas de la noche. Aunque algunos quisieron ver distancia entre ellos en las primeras imágenes, lo cierto es que durante la gala se mostraron cómplices, atentos y muy unidos. Hailey siguió la actuación de su marido con una sonrisa orgullosa, y Justin dejó ver por primera vez un nuevo tatuaje en la espalda: el rostro de su mujer, un homenaje que llevaba años insinuando y que ahora, convertido en padre, ha decidido mostrar públicamente.
La noche también dejó un encuentro muy comentado: el posado de Justin y Hailey Bieber con Bad Bunny, que se viralizó en segundos. El puertorriqueño, además, se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la gala gracias a un discurso político que resonó dentro y fuera del recinto. Al recoger el Grammy a Mejor Álbum de Música Urbana, arrancó con un contundente "fuera ICE" y continuó con un alegato contra el odio y las políticas migratorias de la Administración Trump. " No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos y somos americanos ", proclamó ante un público que se puso en pie. Su mensaje, centrado en la dignidad, la empatía y la necesidad de combatir el odio con amor, fue uno de los momentos más ovacionados de la noche. Minutos después, Bad Bunny hizo historia al llevarse también el Grammy al Álbum del Año, el primero completamente en español en conseguirlo.
Otro de los momentos que encendieron la conversación en redes fue el cruce entre Karol G y Feid, que rompieron su relación hace pocas semanas según TMZ. Aunque no posaron juntos ni intercambiaron gestos públicos, la coincidencia en la alfombra roja bastó para que los fans analizaran cada mirada y cada movimiento. Karol G, espectacular y segura, no se llevó el premio al que estaba nominada, la estatuilla fue para Natalia Lafourcade, pero volvió a convertirse en una de las grandes protagonistas de la noche por su presencia y su estilo.
Otras actuaciones que marcaron la gala
La gala, además, estuvo marcada por actuaciones que reforzaron el tono político y emocional de la noche. Billie Eilish, tras ganar Mejor Canción del Año, interpretó su tema con una puesta en escena sobria y un mensaje contundente: "Nadie es ilegal en tierra robada", dijo antes de cantar, arrancando una ovación cerrada. Olivia Dean, que se alzó con el premio a Mejor Artista Revelación, emocionó al dedicar su triunfo a su abuelo inmigrante y reivindicar la valentía de quienes construyen una vida lejos de su país de origen. Lady Gaga, por su parte, ofreció una actuación teatral y magnética que recordó su capacidad para transformar cualquier escenario en un universo propio, con una puesta en escena que combinó dramatismo, precisión vocal y un dominio absoluto del espacio. También brilló Bruno Mars, que abrió la ceremonia junto a Jennie con una versión vibrante de APT, un arranque lleno de ritmo que puso en pie al público desde el primer minuto. Más tarde regresó en solitario para presentar su nueva canción.

