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ENTREVISTA: Hablamos con Rosario Raro, autora de 'Prohibida en Normandía'
Guillermo Álvarez Corrales

Guillermo Álvarez Corrales

Redactor lifestyle especializado en Casas Reales y cultura.

Publicado el Sábado 6 abril 2024 10:00

Última actualización: Jueves 11 abril 2024 19:47

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Hablamos con la escritora asturiana sobre su novela 'El maestro de azúcar', una novela ambientada en Cuba a finales del XIX.

La escritora asturiana Mayte Uceda publicó en 2024 'El maestro de azúcar', novela que se sitúa en la Cuba colonial de finales del siglo XIX, entre la abolición de la esclavitud y la Guerra de Independencia cubana. Sus páginas comienzan en Colombres, localidad del oriente asturiano de la que salieron muchos emigrantes que viajaron a Cuba para hacer fortuna, esos indianos que volvieron, o no, y que hicieron fortuna, o no. En este caso una oferta laboral familiar y un matrimonio concertado llevan a Mar y a Paulina, las protagonistas, a una plantación de Cuba en la pronto descubren que la vida poco tiene de paraíso.

Mayte Uceda, autora de 'El maestro de azúcar'Mayte Uceda, autora de 'El maestro de azúcar' | Foto: Javier Ocaña

Con motivo del lanzamiento de 'El maestro de azúcar' hablamos con la autora sobre este libro y sus personajes, sobre la esclavitud en la Cuba colonial, el pasado de España y sus colonias. Y que quede claro que aunque 'El Infierno', de Carmen Mola, (2023) y 'Las hijas de la criada', de Sonsoles Ónega, (2023) se ambientasen también en Cuba en el siglo XIX, sus historias nada tienen que ver con lo que nos propone Mayte Uceda en 'El maestro de azúcar', un libro tan entretenido como imprescindible.

Bekia: ¿Cómo surgió 'El maestro de azúcar'?

Mayte Uceda : Surgió cuando me documentaba para mi anterior novela, 'El Guardián de la Marea', y me encontré una carta de un emigrante asturiano afincado en Cuba que solicitaba por carta a su familia una esposa. Decía que se encontraba bien y que tenía un buen empleo, pero que se encontraba muy solo. Entonces les preguntaba si conocían a alguna muchacha buena y trabajadora con la que poder casarse. Esto fue el desencadenante. Entonces me dije que iba a escribir una que partiera de este concepto: un emigrante cubano que solicita una esposa a su pueblo. La población de La Habana, por ejemplo, estaba muy descompensada porque había muchos hombres y muy pocas mujeres porque emigraban muchísimos más varones. Es cierto que muchos de estos emigrantes se iban con la idea de regresar a España, pero los que no regresaban, cuando querían casarse no había mujeres. Ellos siempre trataban de mantener el vínculo, las raíces con su tierra. Y lo que pasó es que los que no consiguieron encontrar una mujer en su pueblo, al final se casaban con criollas o mestizas. Hubo mucha mezcla cultural en esa época por la falta de mujeres.

B: ¿Cómo era la vida en la Cuba de finales del siglo XIX?

M.U: Pues depende de para quién. Para un rico hacendado era una buena vida. Los dueños de las plantaciones azucareras tenían muchos recursos, unas viviendas a las que llamaban las casas grandes en las plantaciones y la exportación de azúcar funcionaba muy bien. En el otro extremo de la balanza tenemos a los trabajadores, africanos en su mayoría, que vivían en las plantaciones o en las ciudades trabajando en el servicio. Estoy hablando de cuando ya no había esclavitud, pero hacía pocos años que se había abolido y realmente esta población no sabía ser libre. Fue un proceso muy lento. Por eso digo que en Cuba unos vivían muy bien y otros, muy mal. Había muchas desigualdades.

Mayte UcedaMayte Uceda | Foto: Javier Ocaña

B: Como se muestra en la novela, se había abolido la esclavitud, pero había una semiesclavitud. No tenían recursos y no había una verdadera libertad

M.U: Sí, y fíjate lo listos que eran algunos patrones que fabricaban su propio dinero, unas fichas con las que les pagaban. Les ponían un salario que no valía nada fuera de la hacienda para que compraran en la cantina o el colmado. Eso les condenaba a permanecer allí.

B: En 'El maestro de azúcar' se refleja que además de desprecio por los negros, había desprecios por los chinos que habían acabado en las plantaciones cubanas

M.U: A los chinos los despreciaba todo el mundo. Bueno, los blancos despreciaban a todos los que no fueran blancos, pero los africanos también les despreciaban, aunque confiaban en los médicos o en la forma de sanar que tenían, más que en la de los blancos. Los chinos no se mezclaban con los demás, eran muy dóciles y muy trabajadores, pero muy poco sociables. Es fácil imaginar ese conglomerado de culturas que había en una plantación. Es cierto que la zona de los cañaverales era muy grande, pero lo que era la hacienda, el batey, era un sitio relativamente pequeño donde no es que se mezclaran, pero sí convivían.

B: ¿Fue la esclavitud y después esa semiesclavitud lo que enriqueció a los indianos?

M.U: Sí, claro. Los negocios se alimentaban de la mano de obra esclava. Es terrible decirlo así, pero así sucedía. Eran muy productivos porque ellos compraban mano de obra esclava. Había anuncios en la prensa de la época que a los ojos de hoy son terribles en los que se vendían mujeres, con crías o sin ellas... Son anuncios que ponen los pelos de punta y estamos hablando de solo 100 y pico años, muy poco tiempo. Visto con los ojos de hoy es espeluznante. Esa masa de africanos eran muy productivos porque una vez que tú podías comprar un africano o una africana, luego a las mujeres las ponían a parir a un crío tras otro y ahí se multiplicaba la mano de obra.

B: Cuando pensamos en la emigración española a Cuba se nos suelen venir a la cabeza los indianos, que fueron los que hicieron fortuna y construyeron a su vuelta esas casas tan bonitas y coloridas de Asturias, pero no fue así para todos...

M.U: Eran los que llamaban indianos de maleta al agua, que eran los que volvían tan pobres como se habían ido o más. A veces se les describe en su vuelta al pueblo como si regresaran de una guerra. Eran muy pocos los que conseguían enriquecerse, si no, en Asturias todo serían casas de indianos.

Mayte Uceda posa con su novela 'El maestro de azúcar'Mayte Uceda posa con su novela 'El maestro de azúcar' | Foto: Javier Ocaña

B: Los problemas del pasado lastran el desarrollo y el progreso. ¿Qué problemas del pasado notas que nos siguen lastrando en España?

M.U: Nuestras luchas internas. Para que una sociedad evolucione hay que remar a una cuando se trata de un proyecto colectivo. Si te pones a mirar la historia de España y te pones por ejemplo en los siglos XVIII y XIX, con tantas guerras internas... y todos conocemos cómo fue nuestra evolución y no sé si hemos aprendido algo. Tengo esperanza en el futuro, pero a veces me cuesta porque parece que nuestros problemas son cíclicos y vuelven como un boomerang. A veces es un poco desesperante ser espectador de este desarrollo nuestro.

B: ¿Es justo cuando se habla de la leyenda negra del colonialismo español? ¿Tenemos que revisar el colonialismo? ¿Cómo ves que se trata en España?

M.U: En España ha aparecido alguna novela más sobre aquella época, sobre la esclavitud, pero por lo general no nos gusta hablar de esta parte del imperio español, que suena como muy caduco, está muy denostado y como que ya no tiene nada que ver con nosotros. Luego encima esa leyenda negra que nos echaron encima las demás potencias, nosotros la hemos hecho nuestra, la hemos aceptado y la hemos potenciado, y yo creo que es algo que en la angloesfera eso no existe. Ellos defienden su imperio y su sistema de desarrollo, y nosotros no. No sé si es una virtud porque nos avergüenza más que a ellos el pasado esclavista colonial, o no. Hay un debate muy grande sobre si realmente España tuvo colonias, o no las tuvo, salvo las que tuvimos en África como Guinea Ecuatorial y el Sáhara. Hay un debate ardiente sobre si fue colonialismo o no, los estatus que tenían aquellas provincias, pero yo no voy a entrar en si fue colonia u otro tipo de sistema expansivo en una época en la que todos los países europeos buscaban expandirse, no solamente nosotros.

B: Hay dos frases del libro que me resultan especialmente interesantes. "Cuando el orden se convierte en un quítate tú para ponerme yo, todo se va al carajo", que dijo el mayoral del batey. Y luego Mar, la protagonista dice en un momento de la novela: "Las revoluciones solo sirven para cambiar a un tirano por otro, así lo refleja la historia. Los pobres seguirán siendo pobres y los ricos seguirán alimentándose de las desigualdades. El concepto de que la libertad genera igualdad entre los hombres es una teoría romántica, pero al mismo tiempo no conozco una sola revolución que no haya dado sus frutos, por pequeños que sean"

M.U: Las revoluciones siempre producen un cambio, y hay revoluciones muy necesarias. Si lo trasladamos al caso de Cuba, la evolución que ha tenido como país, desde que España salió de ahí, desde que pasaron los norteamericanos... Es un contexto político muy complicado y creo que eso hay que dejárselo a los historiadores, que son los que realmente tienen los argumentos. Yo, que no soy historiadora, pero buceé mucho en esta época, como espectadora es un poco frustrante ver todo lo que pasó. Las personas que creen en esos ideales, muchos dieron la vida por ellos, y realmente no se sabe si sirvió para algo o no.

'El maestro de azúcar' fue publicado por la editorial Planeta'El maestro de azúcar' fue publicado por la editorial Planeta | Foto: Javier Ocaña

B: En la novela se muestra que los hombres no tienen que renunciar a nada, pero las mujeres sí, algo que se ve en el personaje de Mar, que está condenada a ser ayudante de su padre, médico, pero ella no puede ser médica. O si quiere ejercer no está bien visto que sea esposa y madre.

M.U: Eso era muy típico para la mujer en aquella época, donde nacía y se educaba para ser esposa y madre. La novela no trata de criticar aquel periodo porque sería inútil. Simplemente es mostrar como podía ser la vida de, en este caso, dos mujeres muy distintas como Mar y Paulina. Mar es de clase social un poco elevada, pero tiene los mismos problemas sociales que Paulina. Aunque lo desee con todas sus fuerzas y tenga mayores capacidades que sus hermanos varones, y su padre siempre le pone en valor, pero no puede ir a la universidad. El legislador de la época no contemplaba ni siquiera la posibilidad de que una mujer quisiera matricularse en la universidad. De hecho, las pocas que había, que era algo anecdótico, tenían que contar con el permiso del Consejo de Ministros. Y Mar Altamira, con esa vocación tan grande, tiene que conformarse con poner inyecciones y leer los libros de medicina de su padre. Y luego tenemos a Paulina que es pobre y viuda y que se choca contra un muro porque su tío le dice que se tiene que ir a Cuba a casarse con Víctor Grimani (El Maestro de Azúcar), para que les pueda ayudar.

B: Víctor Grimani pensaba que el XX sería el primer siglo sin guerras, qué ingenuo. No han terminado ni en el XXI...

M.U: Sí, muy noble, pero muy ingenuo. Cuando lo estaba escribiendo pensaba en que si viera lo que se avecina...

B: De todos modos es muy necesario pensar que el futuro va a ser siempre mejor

M.U: Sí, porque te da esperanza, y la esperanza es lo que te mueve a actuar y a buscar la justicia social.

Mayte Uceda nos traslada a la Cuba de finales del siglo XIXMayte Uceda nos traslada a la Cuba de finales del siglo XIX | Foto: Javier Ocaña

B: ¿Quién es tu personaje favorito?

M.U: Para mí es Solita por la ternura. Es un personaje entrañable que daría para una novela completa y no dudo que algún día me ponga a escribirla. Es una figura que había en aquella época, la del muleque o muleca, los niños o niñas que acompañaban a las mujeres solteras de cierta posición social.

B: No es ninguna tontería lo de ese spin-off porque la novela te cuenta la historia de Cuba a finales del siglo XIX, pero hay muchísimo y muy interesante por contar

M.U: Cuando empecé a avanzar en la documentación encontré un contexto fascinante para un escritor o para un director de cine. Los anglosajones potencian mucho su pasado con sus películas y con sus libros y nosotros nos hemos quedado como que de la Guerra Civil para atrás nos cuesta pasar y realmente ese pasado de imperio que hay, que puedes juzgar de una forma o de otra, literariamente es brutal.

B: ¿Es como si en España nos avergonzáramos de ese pasado?

M.U: Yo creo que sí. Escuché en una tertulia que alguien decía que España nunca tuvo esclavos. Claro que los tuvo. ¿Quién trabajaba en las plantaciones de tabaco o de azúcar en Cuba? Eran esclavos hasta 1886 y después siguieron siendo esclavos asalariados. No cabe duda.

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