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Hablar con la Doctora Odile Fernández es entrar en un territorio donde la ciencia, la experiencia personal y el sentido común conviven sin fricciones. Médica de familia y superviviente de cáncer, lleva más de una década investigando y divulgando sobre hábitos de vida, nutrición y suplementación con un objetivo claro: ofrecer información rigurosa que empodere al paciente. En esta conversación, Fernández desmonta mitos, advierte sobre riesgos poco conocidos y reivindica el papel, prudente, personalizado y basado en evidencia, que pueden tener ciertos suplementos en el bienestar, especialmente en contextos como la menopausia, el deporte o los tratamientos oncológicos. Una entrevista que invita a mirar la salud con matices, lejos de los extremos y cerca de lo que realmente importa.
Bekia: Tu libro no es solo una explicación teórica: cada capítulo incluye casos clínicos reales, desde pacientes oncológicos hasta personas sedentarias, mujeres en menopausia o personas con síntomas difusos. ¿Qué va a encontrar exactamente el lector en esta guía y por qué crees que ahora, más que nunca, necesitamos entender la suplementación con rigor?
Odile Fernández: La idea de este libro es que quería que fuera una guía práctica. Vivimos en un mundo con mucha información y, a veces, con mucha desinformación. El tema de los suplementos está creciendo: casi todo el mundo se suplementa, pero muchas veces no sabe por qué, lo hace sin sentido, no sabe a qué hora tomarlo ni cómo hacerlo. A veces nos suplementamos con lo mismo que toma la vecina y quizá la vecina tiene unas circunstancias que yo no tengo. O vemos a un influencer que toma diez pastillas y pensamos que, si tomamos esas mismas diez, tendremos su mismo cuerpo.
Foto Promocional 'El poder de la suplementación' Doctora Odile Fernández | Foto: Doctora Odile FernándezEn la guía intentamos explicar, según la etapa de la vida, qué cosas son realmente imprescindibles, cuáles son opcionales y cómo hay que tomarlas para que la suplementación sea una herramienta potente. No es una cura, no va a sanar ninguna enfermedad, pero sí puede ser una herramienta útil para mejorar el bienestar, paliar déficits, estar más calmados o tener más energía, siempre con cabeza.
B: Has estructurado el libro en torno a situaciones concretas. ¿Por qué era importante para ti que cada capítulo tuviera un caso clínico?
O. F: Porque creía que la gente se iba a ver reflejada. Yo, desde que empecé con la divulgación hace 15 años, recibo a diario muchos mails donde las consultas sobre suplementación son cada vez más frecuentes, pero también es verdad que cada vez se repiten las mismas preguntas. Casi todos estamos igual: vivimos estresados, vivimos corriendo, vivimos cansados, con falta de energía, nos cuesta concentrarnos... Es algo muy común en la población y no sabemos qué hacer. Creo que esos casos clínicos reflejan el malestar general que tenemos en nuestra sociedad actual.
B: Hay personas que toman suplementos durante meses y no notan absolutamente nada (o eso dicen). ¿Qué suele estar fallando ahí?
O. F: Suelen fallar varias cosas. A lo mejor no es lo que necesito en ese momento, porque según mi edad o mi patología puede ser una cosa u otra. Puede que no lo estemos tomando en el momento adecuado: cada suplemento tiene su momento del día. O puede que no esté eligiendo una forma biodisponible, que no esté tomando suplementos de calidad o que los esté tomando sin energía.
Hay suplementos que se potencian entre sí y, si eso está bien pautado, voy a notar un efecto. No es magia, pero sí debería notarse en tres meses. El efecto de los suplementos no es de hoy para mañana, requiere un cierto plazo. Pero si está bien hecho, tengo que notarlo. Si no noto nada, probablemente es que no lo he elegido bien.
B: Muchas personas con dolor crónico llegan a un punto en el que ni los analgésicos más fuertes les hacen efecto. ¿Qué papel puede jugar la suplementación en estos casos?
O. F: Pues en el dolor, la verdad es que la suplementación me puede ayudar mucho. El dolor muchas veces tiene que ver con las emociones, con déficits y, por supuesto, con un mal estilo de vida : una alimentación inflamatoria, no tomar el sol... Todo eso influye en el dolor. Entonces, si una persona con dolor se suplementa con vitamina D, elige un omega 3 y un analgésico antiinflamatorio como la cúrcuma, y magnesio (que no se me olvide), esas cuatro cosas pueden hacer que el dolor mejore muchísimo.
B: Hay quien rechaza los suplementos porque los percibe como "más pastillas", como algo poco natural. ¿Qué les dirías a esas personas que sienten rechazo, pero que a lo mejor pueden llegar a necesitarlos?
O. F: Bueno, no todo el mundo lo necesita, ¿no? Pero es verdad que, en la sociedad en la que vivimos, incluso cuando intentamos comer sano, los alimentos cada vez están más empobrecidos por el tipo de agricultura. Además, vivimos cada vez más estresados, y ese estrés crónico conlleva déficits de magnesio o de vitamina D. Cada vez nos movemos menos, pasamos más tiempo en espacios interiores... En ese contexto, el suplemento tiene mucho sentido para mejorar mi nivel de energía y mi bienestar. Pero, por supuesto, no es algo mágico. Si alguien no quiere tomarlo, pues ya está, no pasa nada.
B: Como acabas de decir, y en el libro también insistes en ello, no es una solución mágica: es un pilar más dentro del estilo de vida. ¿Qué es lo primero que le dirías a alguien que se está tomando 'cosas' sin saber muy bien por qué?
O.F: Pues, primero, que revise por qué se lo está tomando, quién se lo ha pautado y cómo se está sintiendo con esa suplementación, si está notando o no un beneficio. Porque más no es mejor. Es decir, no por tomar diez cosas voy a tener más beneficio. Y, además, no todo lo natural es seguro. A lo mejor está mezclando plantas que pueden interaccionar entre sí o con la medicación que esté tomando.
B: Cuentas el caso de Julián, que se automedica con suplementos "porque lo ha visto en redes" y acaba peor: palpitaciones, insomnio, alteración hepática. ¿Qué te interesa que la gente entienda con historias como la suya?
O. F: Lo que toma mi amigo no es necesariamente lo que yo tengo que tomar.
Los suplementos son seguros, pero ojo: a veces pueden interaccionar, sobre todo en pacientes con alguna patología. Imagínate que tengo un problema de depresión y estoy tomando un antidepresivo, y mi amigo me dice que cuando él tuvo depresión tomó hipérico, la hierba de San Juan. Empiezo a tomarlo y veo que la depresión empeora, y es porque el hipérico puede interaccionar con el antidepresivo y hacer que sea menos efectivo. Por eso, muchas veces, tomar suplementos sin informarse puede ser perjudicial. En general, la idea es que los suplementos son bastante seguros y por eso son de venta libre, pero, ojo, cuando hablamos de extractos de plantas conviene revisar si pueden interaccionar con la medicación que estoy tomando.
B: ¿Cuál dirías que es hoy el mayor peligro real: la falta de suplementación cuando hace falta o el exceso y el uso sin criterio?
O. F: Pues quizá el exceso, es difícil. Si no, no sería de venta libre, ¿no? Puede pasar, pero también es cierto que es peor no tomar un suplemento cuando realmente se necesita. Por ejemplo, en un paciente oncológico: si no se suplementa con vitamina D, con omega‑3 o con taurina —sobre todo si no toma vitamina D—, se ha visto que unos niveles óptimos de vitamina D en sangre pueden mejorar la supervivencia a largo plazo. Entonces, si no está tomando su suplemento o no está optimizando su nivel de vitamina D, puede tener menos probabilidad de sobrevivir que una persona que sí lo está haciendo.
B: Hablas de algo muy interesante: las sinergias efectivas entre suplementos. Que no es solo qué tomas, sino con qué lo combinas y cuándo. ¿Puedes explicar, de forma sencilla, por qué esto es tan clave?
O. F: La sinergia significa eso: que cuando tomo dos cosas puedo hacer que se potencie el efecto de ambas. Una sinergia muy potente en suplementación es la de la vitamina D con K2 y magnesio. La K2 y el magnesio hacen que la vitamina D sea más efectiva y se active mejor. Y la vitamina D está entre los suplementos más importantes que podría tomar.
Si me mandan hierro porque tengo anemia y lo combino con vitamina C. la vitamina C hace que el hierro se absorba más. O, por ejemplo, tomo colágeno: si no lo tomo con boro y vitamina C, que potencian su acción y su efectividad, es como tirar el dinero. Por eso es importante conocer las sinergias. Otro ejemplo es la cúrcuma con pimienta. La cúrcuma es un suplemento muy potente como antiinflamatorio, pero se absorbe muy poco a nivel digestivo. Si le añado pimienta, su absorción aumenta hasta mil veces.
Foto Promocional 'El poder de la suplementación' Doctora Odile Fernández | Foto: Doctora Odile FernándezB: Y al hablar de estas combinaciones efectivas, también dejas claro que no todo sirve para todos. Como hemos dicho en reiteradas veces, cada cuerpo responde de una manera distinta y lo que a una persona le funciona, a otra puede sentarle fatal. ¿Crees que esta guía puede ayudar al lector a interpretar sus propios síntomas y necesidades, o sigue siendo imprescindible un estudio individualizado?
O. F: La pretensión de esta guía es que nos empoderemos, que tengamos la información y que, con las cosas básicas, podamos elegir por nosotros mismos. Pero esto no quita que lo ideal sería una suplementación pautada por un profesional que entienda de suplementación, sobre todo cuando hablamos de extractos de plantas. La guía tiene dos objetivos: Uno es informarte de por qué lo necesitas, en qué momento de la vida estás y qué puedes requerir; cómo saber elegir un buen suplemento, leer la etiqueta y darte las herramientas para que puedas tomar los suplementos básicos.
Y luego, según las circunstancias en las que estés, puede ser menopausia, deterioro cognitivo, querer cuidar el corazón, tener colesterol, que sepas qué suplementos existen y que no hay ningún problema en tomarlos junto con tu medicación.
B: Hablas de magnesio, zinc, vitaminas, antioxidantes... Si tuvieras que resumirlo: ¿qué necesita un cerebro para funcionar bien en un mundo como este, de estrés crónico y multitarea?
O. F: Yo creo que, si pienso en mi cerebro, elegiría un omega‑3; o, si estoy muy estresada, durante un par de meses podría tomar ashwagandha o lavanda para calmar un poco esa hiperactividad y ese estrés en el que vivimos continuamente. Pero los extractos de plantas, igual que las vitaminas, no son para tomarlos a largo plazo: los extractos de plantas son para 3‑4 meses, 6 meses, para regular. Porque la prioridad, para reducir ese estrés, es mejorar mi estilo de vida y aprender a gestionar esas emociones. Y, como decíamos, evitar el atajo rápido.
B: En el libro, planteas la menopausia no como un problema, sino como una etapa que requiere otra estrategia. ¿Qué te preocupa del discurso que se hace hoy sobre la menopausia?
O. F: Hasta hace poco, la menopausia parecía casi una enfermedad : que la mujer se volvía loca, que estaba irritable... La veíamos como una patología y la menopausia, al final, es una fase más por la que pasamos todas las mujeres, igual que cuando empezamos a menstruar o cuando estamos embarazadas. Es una etapa más de la vida que tenemos que transitar. Pero es verdad que, dependiendo de cómo entremos en la menopausia —si es una menopausia inducida por un tratamiento o por una cirugía, o si es una menopausia natural—, hay determinados síntomas que pueden afectar a nuestra calidad de vida.
Y lo que se busca con la suplementación es hacer esa transición más llevadera : buscar plantas que alivien los sofocos, como la cimicífuga o las isoflavonas; buscar también que, como los niveles de estrógeno van a disminuir y puedo tener menos libido, esas mucosas no estén tan resecas y pueda tener relaciones o algo más de deseo, por ejemplo con la maca. Vamos a tratar de proteger el hueso con vitamina D para evitar la osteoporosis. Es decir, intentar aliviar esa transición para hacerla de la mejor manera posible.
B: También adviertes que ciertos suplementos no son adecuados en mujeres con cáncer de mama o con terapia hormonal. ¿Te preocupa que muchas mujeres estén tomando cosas "naturales" pensando que por ser natural es siempre seguro?
O. F: Sí, sí. Por eso lo advierto: hay cosas que nos pueden servir, pero también podemos estar tomando cosas pensando que son naturales. Esto pasa mucho en menopausia. Uno de los efectos secundarios de algunos tratamientos oncológicos es que muchas veces la mujer entra en menopausia de manera precoz, inducida, y ahí sí que aparecen muchos síntomas.
No es como la menopausia natural, que es progresiva, sino que, de la noche a la mañana —porque te quitan los ovarios o por el tratamiento de quimio— entras en menopausia y surgen síntomas muy desagradables. Entonces, las mujeres pueden recurrir a tomar isoflavonas, que pueden aliviar esos sofocos, pero las isoflavonas interaccionan con el tratamiento hormonal. Por eso una de las advertencias es: ojo, sé que quieres llevar mejor estos síntomas, pero no todos los suplementos para la menopausia funcionan en todos los casos. Por eso ahí ponemos la cimicífuga, que ahora mismo es el único suplemento que en España se reconoce como compatible con los tratamientos hormonales.
Foto Promocional 'El poder de la suplementación' Doctora Odile Fernández | Foto: Doctora Odile FernándezB: En la guía hablas de la menopausia, pero me gustaría ir un paso atrás: ¿qué papel puede jugar la suplementación en reglas dolorosas, síndrome premenstrual intenso o ciclos muy irregulares?
O. F: Una planta que puede ayudarnos mucho, también en el síndrome de ovario poliquístico, es el inositol. El selenio y el zinc pueden ayudar igualmente a regular esos ciclos hormonales, y esto alivia mucho el malestar y el sufrimiento de muchas mujeres.
B: Has sido paciente oncológica y eres doctora. ¿Qué errores ves más a menudo en personas con cáncer respecto a la suplementación?
O. F: Una de las cosas que veo es que todavía muchos médicos dicen que no hace falta tomar nada. Igual que hace 15 años, cuando tuve el cáncer, se le decía al paciente: 'come lo que quieras y no te muevas'. Y ahora hemos visto que eso es un gran error: el paciente tiene que comer saludable y tiene que moverse para sobrellevar la enfermedad. Pues ahora sigue pasando algo parecido: que les dicen que no tomen nada por miedo a las interacciones.
Es verdad que no todo vale, como hemos dicho, pero sí hay cosas que pueden marcar la diferencia. De ahí mi reivindicación de que hay suplementos muy seguros y con evidencia, como la vitamina D, el magnesio, la melatonina o el omega‑3, que pueden ayudar al paciente oncológico. Por supuesto, hay plantas que pueden interaccionar, y ahí tenemos que tener mucho cuidado.
B: ¿Dónde pones tú la línea roja? Es decir: ¿Qué nunca recomendarías hacer por cuenta propia cuando hay un diagnóstico de cáncer?
O. F: Confiaría, porque si eso fuese así, qué fácil sería: puro milagro, el cáncer desaparecería. Hay que desconfiar, ¿no? En estos casos, mucho cuidado.
B: En el libro desmontas mitos en uno de los capítulos: "si es natural es seguro", "cuanto más, mejor", "los suplementos sustituyen a la comida", "todos necesitamos lo mismo"... ¿Hay otros mitos que te encuentras en consulta o en redes que no aparecen en el libro?
O. F: No, esos son los más frecuentes. Además, son los que más repetís: lo que hace el influencer o la vecina, tomar diez cosas diferentes... Y a veces se repiten los mismos ingredientes porque no han mirado la etiqueta y están tomando cuatro veces el magnesio, tres veces la vitamina D, o se están pasando de la dosis de selenio o de vitamina B6, que es lo más habitual. Creo que esos son los errores más comunes.
B: Dices algo esencial: sin una buena alimentación, ningún suplemento funciona. Pero vivimos en una sociedad donde la relación con la comida está cada vez más dañada... ¿Crees que este deterioro está detrás de muchos problemas de salud? ¿Puede la suplementación ayudar o, si se usa mal, agravar esa desconexión?
O. F: La base debería ser siempre una buena alimentación. Es verdad que nos cuesta, por cómo vivimos, por los ritmos, por lo empobrecidos que están los suelos y el déficit de nutrientes que tienen los alimentos, pero siempre tenemos que intentar que la base sea la nutrición.
No va a haber una pastilla —por muy bien que la vendan— que sustituya eso. No se absorbe igual un suplemento que un alimento, porque los nutrientes, por muy bien formulado que esté el suplemento, no son lo mismo que el alimento, que ya contiene minerales, vitaminas, antioxidantes, hidratos y lípidos adecuados. Entonces, siempre la base debe ser una buena alimentación, y el suplemento, el complemento.
Foto Promocional 'El poder de la suplementación' Doctora Odile Fernández | Foto: Doctora Odile FernándezB: En repetidas ocasiones hablas sobre la creatina y desmontas la idea de que es solo para deportistas que quieren aumentar masa muscular. ¿Por qué crees que hay tanta confusión con este suplemento y qué usos tiene que la mayoría de la gente desconoce y verá en esta guía?
O. F: La creatina surgió para mejorar la masa muscular. Nuestro cuerpo produce creatina, pero en cantidades bajitas. Por eso empezó a usarse en deportistas que querían aumentar su rendimiento y su masa muscular, que es donde se puso el foco durante muchos años. La creatina se ha visto como un suplemento bastante seguro; incluso hay estudios a largo plazo, de hasta cinco años, que muestran que puede tomarse sin problema. Nuestro cuerpo la produce, pero en pequeñas cantidades.
En los últimos años se está viendo que las personas que se suplementan con creatina también presentan un menor deterioro cognitivo, mayor facilidad para concentrarse y más energía. Por eso se está observando que la suplementación con creatina, a partir de los 40 años, puede ayudar : por un lado, ralentiza la pérdida de musculatura propia de la edad —y cuanto más músculo tenga, mayor calidad de vida tendré, porque el músculo es también un órgano endocrino—; y, por otro lado, puede ayudar a mejorar la salud del cerebro, a concentrarnos mejor. Vivimos en un mundo tan exigente, que requiere tanta energía mental para mantener la concentración, que la creatina puede ser interesante
B: En esta guía hablas de suplementación para la vida diaria, para la menopausia, para pacientes oncológicos... pero no entras tanto en el terreno del deporte. Te quiero preguntar justo por eso: ¿Cómo cambia el enfoque de la suplementación en alguien que hace deporte por salud, una persona activa normal, frente a un deportista de élite? ¿Qué diferencias clave habría que tener en cuenta en cada caso?
O. F: Claro, está guía la preparé para la población general, aquella que puede llegar hacer deporte, peor no a este nivel. En el deporte de alto rendimiento también hay un desgaste brutal. Igual que le ocurre al enfermo oncológico, que sufre un desgaste enorme por los tratamientos, el entrenamiento excesivo también lo provoca.
Aquí también sería muy interesante una suplementación ajustada al perfil de cada persona. La creatina vale, el magnesio vale, el omega‑3 también, pero en estos casos sí debería ajustarse más si se quiere mejorar el rendimiento : ajustar el consumo de aminoácidos y de alguna suplementación específica. Y lo mismo que digo con los probióticos —que pueden ayudar mucho, pero deben ser personalizados—, en el deportista de alto rendimiento la suplementación tiene que ser súper ajustada.