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Lo que durante meses se presentó como una separación ejemplar entre Kiko Rivera e Irene Rosales ha terminado convirtiéndose en un conflicto abierto que apunta directamente a los tribunales. Según ha revelado Luis Pliego, director de Lecturas, en el programa 'El tiempo justo', el DJ habría solicitado la custodia compartida de sus hijas, Ana y Carlota, un movimiento que habría dinamitado por completo el acuerdo amistoso que ambos mantenían desde su ruptura.
La pareja anunció su separación en agosto de 2025 tras once años juntos y nueve de matrimonio. En aquel momento insistieron en que se trataba de una decisión conjunta, sin terceras personas implicadas, y que su prioridad absoluta serían sus hijas. Sin embargo, con el paso de los meses y tras rehacer sus vidas sentimentales, Irene con el empresario sevillano Guillermo Famin y Kiko con la artista Lola García, la cordialidad inicial ha ido desapareciendo.
Según Pliego, ambos tenían un pacto de visitas y fines de semana que se respetaba sin problemas, pero la llegada de Lola a la vida de Kiko habría cambiado el equilibrio. El detonante, según Lecturas, fue que el DJ pidiera autorización para que su nueva pareja pudiera recoger a las niñas del colegio, algo que Irene rechazó de inmediato. A partir de ese momento, la relación se tensó hasta el punto de que Kiko decidió solicitar la custodia compartida, un paso que Irene no está dispuesta a aceptar.
El director de Lecturas asegura que lo que iba a resolverse con un único abogado para ambos, un divorcio amistoso, ha pasado a convertirse en un proceso con dos representantes legales y un futuro juicio casi inevitable. " Todo apunta a que se van a ver delante de un juez ", afirmó Pliego, subrayando que la situación se ha deteriorado hasta el punto de que ya no queda rastro de la amistad que ambos proclamaban al inicio de la separación.
La relación ya no es la misma
La tensión entre ellos es evidente. Hace apenas unos días fueron vistos recogiendo a sus hijas en el colegio y la escena, según testigos, fue fría y distante. Aunque de cara a las niñas mantienen la compostura, la relación entre ambos está más rota que nunca. La aparición de terceras personas, que en un principio negaron, ha terminado por complicarlo todo. " Acordaos de que se hablaba de una ruptura ejemplar en la que no había terceras personas. Ahora hay tercera y cuarta persona. De momento ya no son amigos ni quedan para tomar café ", explicó Pliego.
